CIUDAD DE MÉXICO, 19 de julio de 2019.- Difundido en redes sociales a niveles de lo que se conoce como viral, el video de dos individuos que pelearon por un espacio en el estacionamiento de un centro comercial en Veracruz debe dejarnos muchas lecciones como ciudadanos de estos tiempos.

Hay varias escenas, diversas tomas, puesto que, primer punto, la gente ahora tiene la reacción de grabar, fotografiar, guardar un registro de hechos, la facilidad que brinda la herramienta tecnológica que portamos casi todos en el teléfono celular pareciera que va acompañada del permiso para hacerlo.

Pero no siempre es así, en un país que por desgracia sigue sufriendo temas de inseguridad, ha habido casos donde periodistas realizando su labor transmiten en vivo en diversas plataformas hechos violentos que posteriormente tienen que eliminar porque se ven involucrados integrantes de grupos delictivos.

Segundo punto, en ese hecho de poner por encima el registro pareciera que se olvida el sentido humano. Hagamos memoria: un camarógrafo en la frontera norte prefirió grabar cómo se ahogaba un indocumentado en el Río Bravo, en lugar de ayudarlo a sobrevivir. Imagen comentada, tema debatido, y sin embargo, nada lejos de la realidad cotidiana.

Un tercero es cuando la violencia verbal pasa a la física, y es allí donde los dos protagonistas cometen una desgracia que afectará la vida de ambos y, de paso, expansivamente la de sus familias.

Aquí es donde viene el punto de quiebre, en el arrepentimiento, cuando lo común era percibir a ambos liándose a golpes o al menos insultándose como parte de la violencia que los hizo detonar, pero no, lo que vemos es un momento, el momento de la desgracia, viéndose y pensando cómo en un instante han echado a perder sus vidas.

Por un lado, uno pierde un ojo al ser clavado un cuchillo en su rostro, mientras que el otro purgará una pena por ese hecho. Pero es ese instante que ambos se miran y no dicen nada es cuando todos debemos sumarnos a la reflexión, ¿qué estamos haciendo (bien o mal) para llegar a eso?, ¿cómo es que no podemos detenernos antes de la desgracia?

Cuáles son los impulsos que hoy en día nos tienen con tan poco soporte a la frustración o que ebulle en nuestro sentir las ganas de hacerle daño a los demás, aunque después venga el arrepentimiento, la pena, la vergüenza.

Es un debate que nos incluye a todos, es un comportamiento que estamos heredando, y que lo percibimos a la menor provocación, muchas veces en la casa misma, desde allí los actos violentos cobran vida. Y si el problema lo tenemos tan cerca, entonces también tenemos a la mano la posible solución.

@rvargaspasaye

Fuente: SentidOComún