
Los obispos y la Cristiada
El pan en el Valle de Tlacolula acompaña toda la vida. Acompaña las bodas y, antes, la pedida de mano. Acompaña las fiestas patronales, las mayordomías y, por supuesto, el Día de Muertos. Hay un pan distinto para cada momento y hoy, como lo demuestra Sara López Cruz, hay pan para recuperar la vida.
Originaria de Santo Domingo del Valle, Díaz Ordaz, Sara se ha vuelto una de las maestras panaderas más reconocidas de la región de Tlacolula, por su labor de promoción cultural y a favor de los derechos de las mujeres.
Intérprete, promotora cultural y emprendedora, creadora de la marca de pan Gal Nabani, que cuenta con 15 años de existencia, Sara compartió su experiencia en la Casa Villa de Antequera de Banamex, para reforzar la lucha que desde hace años inició por dar a conocer los derechos de las mujeres y cómo desde la comunidad, desde los saberes tradicionales, se cuenta con una fortaleza para subsistir.

Sara recordó cómo el aprendizaje que tomó su abuela Carmen para saber hacer pan le ayudó a lograr su independencia emocional y, la más importante, la financiera, tras haber vivido una situación de violencia.
Su mensaje es claro: el hombre y la mujer merecen la misma dignidad y aunque esto no se ha logrado, los esfuerzos deben continuar. “Hay campañas, pero pues es necesario que lleguen hasta los pueblos originarios para que se pueda hacer realidad la paridad, la dignidad de la mujer, dignificar a la mujer como polinizadora de nuestros saberes ancestrales, como la fortaleza de la familia que sostiene una comunidad”, señala.
Para Sara empezar su propio emprendimiento fue como estar arriba de una bici y tener que decidir si pedalear o quedarse paralizada. Una vez empezado el movimiento, también se debe decidir si continuar o parar. Ella no se ha detenido.
“Estás inmersa, pero tienes que elegir o eliges seguir adelante o eliges esconderte. En mi caso, el motor fueron mis dos hijos, la red de apoyo en mi familia y los conocimientos ancestrales de las mujeres de mi familia. Tengo una línea matrilineal muy fuerte y muy digna”.
En el camino además de revalorar la cultura de la panadería tradicional ha aprendido cinco consejos que le gusta compartir con mujeres que han sufrido o sufren violencia, principalmente con aquellas que viven en su comunidad: 1. No estás sola; 2. Busca apoyo; 3. Regresa a ti misma; 4. Empieza a pensar en tu autonomía financiera, puedes vender tortilla, pan, tejate, cualquier producto. 5. Haz redes con mujeres y construye espacios seguros. Estos consejos los ha difundido como parte de una campaña realizada en colaboración con la Secretaría de la Mujer.
Pan para cada momento
En el Valle de Tlacolula, cuenta Sara, para saber qué fiesta es la que se está preparando basta con mirar cuál pan se está preparando. En las canastas de esta región hay un pan para el altar de muertos, porque las personas llevan en el alma la esperanza de que las ánimas vuelvan; y hay un pan para los vivos que quieren llegar al altar y para los que llegan, el marquesote, un pan que solo puede elaborar una persona que está plena, pues sin plenitud el pan no sube.
También está el pan conejo, que es el pan de todos los días; el pan azucena, que es para ocasiones especiales como cumpleaños; los molletitos que se elaboran con trigo; las conchas especiales, que se pueden comer todos los días. “Hay un pan para cada etapa en nuestra comunidad”, resalta Sara, quien con su trayectoria muestra también cómo hay un pan para que las mujeres puedan recuperar su vida.