
Preserva productor 300 variedades de pitahaya en Telixtlahuaca
El primer presidente civil después de la Revolución mexicana, Miguel Alemán, fue impulsor de distintos cambios en la vida social de la República. Si bien con claroscuros, el “Alemanismo”, 1946-1952, fue parte de la época de cambios, en la que poder y dinero se entremezclaron, como parte de los negocios que florecían con el Milagro mexicano. Es cierto que no es atribuible solo al señor-presidente, como se le decía, el desarrollo económico de la época, si bien su política fue, a la distancia, acertada en cuanto a la atracción de inversiones y a su conducción de la relación con Estados Unidos.
El mejor retrato de la época no se encuentra necesariamente en los libros de historia sino en la ficción, pues José Emilio Pacheco en Las batallas en el desierto nos legó un pasaje profundamente honesto de las relaciones de clase social en un contexto de un México que buscaba modernizarse, y donde las formas, en la política y en la familia, contaban mucho. El protagonista, Carlitos, se enfrenta al hecho insólito de enamorarse de Mariana, la mamá de su mejor amigo, mientras su papá enfrenta su propia crisis con la venta de su fábrica de jabones, que pasa a manos de extranjeros. La presencia recurrente de los ‘gringos’ como vecinos que contagian su estilo de vida y expanden sus intereses se desdobla a lo largo de la novela, que aún se lee en los cursos de literatura de las preparatorias mexicanas.
El pasado miércoles 10 de diciembre, en la Biblioteca Mexicana Miguel Alemán, la Academia Mexicana de la Comunicación le otorgó la Medalla al Mérito Empresarial en Comunicación 2025, que lleva el nombre de Francisco Ibarra López, a Francisco García Davish, fundador de Quadratín, que desde hace más de dos décadas se ha convertido en una agencia de noticias líder en el país, sin duda por la cualidad de informar desde los estados hacia el centro, con la visión de quienes generan las noticias en las realidades locales. No es un mérito que deba pasar desapercibido, considerando que durante la mayor parte del siglo pasado el monopolio de la información fue uno de los factores de la consolidación de un régimen de partido hegemónico, en el cual la disidencia informativa, cuando no era maiceada, era coaccionada y en los peores escenarios silenciada.
Conocí a Paco Davish hace varios años en Oaxaca en un aniversario más de la franquicia que dirige Lupita Thomas. Durante aquella cena, en restaurante de la colonia Reforma, se escucharon varias voces en favor de la libertad de expresión, la independencia de los medios digitales y también la importante labor de vigilancia del ejercicio del poder, garante de la rendición de cuentas. En aquella ocasión, principios de 2020, lo que llamó mi atención del homenajeado fue su sencillez, y la camaradería con la que puede conversar de diferentes temas sin imponer su voz a la del interlocutor.
Un atributo que también tiene su colaboradora en estas dos décadas de exitosa vida periodística, Lupita Thomas, con quien precisamente en pandemia, pero antes de las elecciones federales de 2021, realizamos “Criaturas Digitales”, serie de diálogos virtuales con juventudes exitosas, para llevar sus planteamientos sobre diferentes temas a la conversación previa a las elecciones legislativas, justamente cuando por la pandemia se perdía el foco en los problemas y desafíos que enfrentaban las y los jóvenes; los cuales estaban fuera de las agendas partidistas tan polarizadas.
Entre otros temas, pusimos sobre la mesa la perspectiva de género con Soledad Olivas y Nidia Esteva, ambas destacadas voces oaxaqueñas en favor de los derechos de las mujeres; la agenda científica y tecnológica con Javier Olivier y Karen Aguilar, ambos destacadísimos oaxaqueños, él químico con vida profesional en Alemania y ella doctora por el IPN, premio a la mejor tesis de doctorado en ciencias de la computación; así como la mesa en la que convergieron voces de militantes de diferentes partidos políticos: Jarumy Méndez, Carlos Eduardo Molina y Alejandro Díaz, este último hoy presidente municipal de San Jacinto Amilpas. Con ello, solo un breve recuento de mi relación más cercana con Quadratín Oaxaca en los últimos años, además de que, la conversación con su directora, me ha permitido enriquecer en lo personal mi lista de lecturas, a lo que espero corresponda también los libros que yo le he compartido en estos años.
Así que la noche de festejo reciente en gran recinto permitió aquilatar las palabras de Paco Davish, al señalar que en realidad su medalla es un reconocimiento colectivo para un equipo de trabajo de periodistas que hoy conforman 23 franquicias a lo largo del país, más Quadratín Hispano, informando a los paisanos desde la Costa Este de nuestro vecino del norte. Periodistas que se han fogueado en el oficio, antes que en el escritorio; que saben la valía de buscar la nota pero también de redactarla concisamente y publicarla con el debido profesionalismo; que no se dejan tentar por las mieles del poder, si bien saben escucharlo y confrontar, poderosísimo verbo, sus discursos con los de quienes disienten. Disentir en la raíz de la labor periodística, que se basa en datos, que prefiere las estadísticas a la retórica y los hechos a las interpretaciones. Por todo ello, el brindis post homenaje fue la ocasión para escuchar anécdotas valiosísimas del festejado, y brindar en colectivo con otros amigos del medio, como si estuviéramos en la antesala de su casa en Michoacán, aunque en realidad estábamos ya en el invierno con llovizna de la ciudad de México.
No todo tiempo pasado fue mejor. Sin duda, México ha avanzado en diferentes aspectos como, precisamente, la libertad de expresión. Sin embargo, ante las nuevas formas no podemos negar que los homenajes importan; que los reconocimientos públicos a quienes también forman parte de la vida de la República, como los periodistas, líderes de opinión y empresarios de la comunicación destacados son parte de la historia de una nación. El fundador de Quadratín recibió un reconocimiento en una de las casas con mayor historia de la ciudad de México, donde se resguarda la memoria de un periodo presidencial, pero también varios símbolos de un país que viene de su propósito de modernidad, como los elegantísimos Packard que usaba Alemán, y se enfrenta, a diferentes intervalos, con la imposibilidad de concretar un plan maestro, en parte saboteado por su propia clase política. La idea no es mía sino de Ugo Pipitone en Un eterno comienzo (Taurus-CIDE 2017), quien por cierto parte de la crítica a la promesa de modernidad vía el desarrollo industrial de la época de Alemán.
Al margen del repaso de nuestra historia, y con la crítica siempre válida al poder presidencial, recordar que provenimos de diferentes ciclos y que a veces el tiempo mexicano se torna cíclico, pues muchas promesas y decepciones se repiten, la entrega de la medalla a Paco Davish fue un gesto valioso, desde la sociedad civil y la academia, arenas con agendas que enriquecen la discusión pública. Nuevos tiempos vendrán y no deberá olvidarse que el buen periodismo proviene de quienes han leído muchos libros, vivido muchas experiencias, frustrado muchos proyectos, pero sobre todo: de quienes no complacen al poder sino lo cuestionan, critican y ponen a prueba. Cuestión vital para aspirar a una mayor calidad de la democracia.
Esta columna se tomará unas semanas de descanso. Nos leemos en 2026.
@bruneitorres