
De literatura y política
La medición de los años tiene sus bemoles cuando de los diferentes grupos étnicos hablamos y en consecuencia las predicciones, augurios, cábalas y demás sortilegios son bastante relativos que como muestra valga la pena mencionar que los Chinos hoy convertidos por el nacionalismo norteamericano remasterizado como el enemigo número uno de la humanidad, léase ellos que así se sienten, van en el año 4722 y la paisanada lleva acumulada la friolera de 5784 años, de tal manera que como sucede en lo más inmediato de las profecías de todo tipo que tal o cual día se va acabar el mundo o que en el 2012 estábamos fritos son meras conjeturas y calenturas apocalípticas. El cambio climático, la proliferación en alimentos, el agua, el suelo y hasta en nuestros cuerpos de los nanoplásticos, la contaminación que cada vez produce miles de muertes por todo el planeta, la escasez mayor de agua para consumo humano y para la agricultura entre otros males, sí que están poniendo en peligro la subsistencia humana o propiciando cambios drásticos en la especie de tal manera que las mutaciones, debilidades y exposiciones a nuevos virus y la resistencia a los antibióticos hasta ahora conocidos están contribuyendo aceleradamente a otros cambios que aún no se han medido científicamente de forma suficiente.
Así el recuento anual de hechos, tragedias, buenaventuras, sucesos y casi todo lo que puede ser de interés del ser humano, se vuelven noticia importante en estas épocas en las que prevalecen y más venden las amarillistas, las sombrías y en general las que azuzan la mentalidad popular y la no tanto, como aquellas que cabecean que al día siguiente un meteorito pasara muy cerca de la tierra y al leer la nota completa se asienta que será a miles millones de kilómetros que “hasta ahora, es la más cercana nunca antes registrada”, que se está cerca de vivir otra pandemia más mortal que la del covid-19 y en la nota correspondiente se dice que “puede ser de acuerdo a los últimos reportes de investigaciones”, que estamos al borde de la tercera guerra mundial y otras más que sobre todo se reproducen en la internet para documentar nuestro pesimismo.
En ese contexto las notas, aseveraciones y verdades a medias de los diferentes gobiernos ponen su “toneladita” de arena para asegurar que se invertirán tantos millones de pesos en obras y servicios para enterarse si uno acaba de leer el boletín que “se le presentó” al ejecutivo federal tal o cual proyecto de inversión que comprometió a considerar, que ahora si el año que viene se atenderán las demandas más sentidas entre ellas el abastecimiento suficiente de agua entubada, el destino de la basura y la seguridad, en un ejemplo de verdaderas cartas a Santa Claus que a reserva de confirmarlas en el próximo ejercicio presupuestal o no habrá recursos específicos por tal cual circunstancia por lo que no se harán
Hoy más que en otros tiempos hay dos versiones de lo que sucede en México sin que exista un punto de similitud ni organismos especializados locales o internacionales o de la sociedad civil organizada que puedan dilucidar objetivamente cuál es la realidad que vivimos después de haberse instaurado por decreto, individualismo, poder o inercia “los otros datos” y sobre todo la apatía, la omisión y el desinterés de la población por saber los datos reales, reforzándose la añeja actitud de dejar al arbitrio de los gobernantes el manejo del interés público. Hoy a nivel nacional campean formas y conductas que robustecen la división de México que a lo largo de su historia no hemos podido constituir una identidad nacional para ser el abigarramiento de regiones, grupos y clases sociales enfrentadas de diversa forma, índices crecientes de inseguridad, crímenes, pobreza, desempleo, comercio y actividad productiva mayormente informal, escaso crecimiento económico con el índice de PIB más bajo de los últimos veinte años, clientelismo social con los depósitos de los programas sociales que disfrazan limosnas y control de los más pobres entre otras situaciones.
Refinerías que triplicaron sus precio de construcción en miles de millones de pesos y que siguen sin producir un solo litro de gasolina, un tren peninsular que está a menos del 20% de su utilidad calculada y con cada vez más un mayor subsidio con dinero de todos, un aeropuerto que se acaba de aseverar que es “auto suficiente” y leyendo la noticia como líneas arriba sostengo, se puede sabre que se refieren a el transporte de carga que fue obligado por prohibición en el viejo AICM, la negativa de los paneles competentes que echaron abajo la pretendida e ideológicamente sustentada “prohibición” de los transgénicos del maíz en México y ni que decir del proyecto del Interoceánico que como en aquella canción popular del tren que corría y corría lo único que sigue corriendo es tinta, discursos y notas en redes de lo que puede ser en un futuro.
Gerardo Garfias Ruiz