
IA no sustituirá a mercadólogos, dice director de la carrera en el ITAM
La incertidumbre los atormenta y solo admiten jugar con dados cargados; pero nada es suficiente. Buscan que las elecciones sean, como en el siglo pasado, un trámite con resultados conocidos de antemano.
Por eso regresaron las elecciones de Estado con su inmensa inequidad y, gracias a la captura de las autoridades,han logrado que, paso a paso, desaparezcan o se relajen medidas pensadas para evitar fraudes electorales y que, además,desde Morena y sus gobiernos puedan violar las normas con impunidad.
La presidenta Claudia Sheinbaum admite en la mañana que debe cuidar sus expresiones porque ya inició el proceso electoral y en la tarde o al día siguiente, cuando no minutos después, ya está haciendo campaña a favor de su partido, asumiéndose vocera o atacando a la oposición.
El camino se lo abrió López Obrador, quien de manera consuetudinaria ignorólas reconvenciones y sanciones recibidas.
Los informes de gobierno de Sheinbaum no son tales. Son descarados mítines de campaña donde el clientelismo y el acarreo se exhiben sin ningún pudor. Si se llegan a colar ciudadanos con demandas o reclamos son callados y acusados de “prianistas” por la propia mandataria.
No cuidan las formas, que las tribus se midan mediante el tamaño de sus clientelas y puedan verificar que la Secretaría del Bienestar cumple con la tarea no escrita de hacer proselitismo con lo que entrega. No en vano esa dependencia fue la encargada de proporcionar los brazaletes indispensables para ingresar al Zócalo y presenciar el Grito de Independencia.
No evalúan los programas sociales según su impacto en los sectores más desfavorecidos, sino de acuerdo a la cantidad de personas que pueden movilizar a eventos y, lo más importante, llevar a las urnas. En un país con la economía estancada, el déficit alto, la inversión en retirada, la deuda duplicada y las políticas públicas reprobadas -con excepción de las transferencias en efectivo- la prioridad gubernamental es asegurar la permanencia en el poder, coaccionando a millones de beneficiarios con los apoyos que reciben de la hacienda pública.
Los siervos de la nación llevan chalecos guindas y engañan a los beneficiarios diciéndoles que el apoyo se lo deben a la gobernante y su partido. Ahora, gracias al mayoritario bloque oficialista en el INE, podrán recibirlos en las casillas como observadores electorales con solo negar en un formato a qué se dedican, teniendo la certeza de que sus dichos no serán verificados y que no les pasará nada en caso de ser cachados en la mentira.
Hicieron más laxos los procedimientos para nombrar y capacitar a los funcionarios de casilla, de tal suerte que el nuevo partido de Estado buscará infiltrar a personas afines para tomar el control de muchas de ellas y operar a sus anchas donde no haya representantes de otros partidos. En las últimas elecciones aparecieron boletas planchadas con logos marcados, es decir, que no pudieron ser introducidas en las urnas, pero el INE lila -ya no rosa- abrió la puerta para que sean contabilizadas. Si eso lo van a permitir, imaginen hasta dónde puede llegar la mapachería oficialista, por no hablar de lo que resulte de la participación del crimen organizado en los comicios, algo que se intensificó a partir del 2021.
Y, a pesar de todo lo anterior, temen perder. No les basta gozar de todas las ventajas ilegales y tener al árbitro en su bolsillo, ni siquiera el botón de pánico que colocaron para que el tribunal a sus órdenes anule la elección en caso de perder, alegando injerencia extranjera. Les estorba el último reducto del voto libre, la soledad de la mampara creada para garantizar que sea secreto.
En ese lugar, con solo la conciencia por testigo, se han llevado a cabo insurrecciones cívicas memorables, rompiendo todos los pronósticos, como el NO que acabó con el gobierno de Pinochet en Chile. Por ello, el obradorato quiere cerciorarse de que las clientelas cumplan la instrucción y no haya rebelión en las urnas.
Piden la foto de la boleta marcada como requisito para conservar el empleo, mantener el programa social, recibir la despensa o el dinero prometido. Sin voto secreto no hay voto libre y venimos de una elección en la que la Sala Superior del TEPJF validó el grosero fraude de los acarreados con acordeones. Les indican por quién votar y luego les piden la imagen como prueba.
Prohibir los celulares en las mamparas sería una medida necesaria para resguardar el voto libre y secreto; por lo mismo, no hay muchas expectativas de que el INE y el Tribunal Electoral accedan a la medida. Pero, de entrada y con independencia de lo que se decida jurídicamente, se puede hacer una fuerte campaña en medios y redes sociales señalando como delincuente electoral al que pida la foto del voto y alentar la denuncia ciudadana.
Padecemos un retroceso que ha borrado prácticamente todas las conquistas democráticas. La confianza en las instituciones electorales está quebrada y no queda más que vigilar cada parte y etapa del proceso para amarrarle las manos a los mapaches. Los partidos de oposición tendrán que ponerse las pilas, pero no les alcanza. Es por ello encomiable la iniciativa apartidista de Alianza Democrática para sumar a organizaciones civiles y a miles de ciudadanos a la observación electoral. La convocatoria con tantas personalidades prestigiadas es esperanzadora.
También opino que Ernesto Ruffo es un preso político y demando su libertad.