CIUDAD DE MÉXICO, 20 de octubre de 2020.- San Lázaro Uno tras otro los mandos civiles ceden sus puestos en las áreas prioritarias a las fuerzas armadas ¿hasta dónde va a llegar el presidente? Es cuanto.

Es un hecho la militarización en México en la administración de Andrés Manuel López Obrador y la detención del general Rafael Cienfuegos Zepeda la ensombrece, pero no la detiene.

Las fuerzas armadas ya asumieron el control y operación de al menos 14 actividades prioritarias, antes en manos de civiles, y sustituido con sus elementos a funcionarios de las Secretarías de Comunicaciones y Transportes, Seguridad y Protección Ciudadana, Bienestar, Salud, Turismo y Gobernación, e incluso Hacienda en las aduanas terrestres.

En este contexto, la captura del secretario de la Defensa en el sexenio de Enrique Peña Nieto provocó una alerta en este proceso, al dejarnos ver a las fuerzas armadas del país como una institución vulnerable, susceptible a la corrupción, y, con uno de sus más altos mandos involucrado, probablemente bajo el control del crimen organizado.

La Drugs Enforcement Agency (DEA) da un golpe a la credibilidad en el Ejército, y sembró dudas razonables en la honestidad del actual cuadro de mando en las secretarías de la Defensa Nacional y Marina.

Ni la DEA ni la detención de Rafael Cienfuegos va a detener la militarización del país, ni siquiera a retrasarla.

El candidato que llegó a las elecciones presidenciales del 2018 con un discurso contra la militarización del país, se convirtió en el presidente que más la impulsa ese proceso en los últimos 70 años.

De diciembre de 2018 a la fecha el presidente ha impulsado y propuesto las reformas hasta ahora necesarias, que no las últimas, para que las fuerzas armadas tomen paulatinamente el control de tareas prioritarias para el país, y paralelamente ha eliminado a aquellas leyes que impedían un control absoluto del Ejecutivo Federal en renglones como el uso del presupuesto de manera discrecional.

Dos más caerán en estos días, en uno y otro sentido. El presidente espera que el Senado apruebe la reforma para entregar el control de puertos a la Armada de México, y la misma cámara votará la desaparición de 109 fideicomisos.

El senado de la República, con su mayoría de Morena, votará para quitar el control de los puertos a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) y entregarlo a la Secretaría de Marina, lo que ya costó la salida de un secretario de Estado.

Los diputados en su dictamen aprobado el 1 de octubre pasado, no sólo facultan a la Armada para administrar los puertos y terminales portuarias del país, también para dirigir la educación naval militar y la educación náutica mercante; fijar las normas técnicas del funcionamiento y operación de los servicios públicos de comunicaciones y transportes por agua, y las tarifas para el cobro respectivo.

Pero antes de ser aprobada la reforma, ya se aplica la nueva ley: “Como se trata de delincuencia organizada y es la amenaza a los funcionarios públicos de ‘plata o plomo’, pues se requiere que esté la Semar”, declaró Andrés Manuel López Obrador en una de sus conferencias matutinas y nombró a Rosa Isela Rodríguez, coordinadora de Puertos, para el diagnóstico y transición.

Además del control de puertos, fronteras y aduanas el Ejecutivo le ha asignado a las Fuerzas Armadas 13 tareas complementarias, por las cuales su presupuesto aumentó por la sola construcción de algunos de sus proyectos, en más de 220 mil millones de pesos en 2020.

Ahora se encargan de la construcción de los mega proyectos del Tren Maya y el nuevo aeropuerto de Santa Lucia, la distribución y entrega de los apoyos del gobierno federal, la atención y coordinación médica contra el Covid19, la construcción de los bancos del Bienestar, el control de aduanas y puertos, la vigilancia de las fronteras y atención a migrantes.

Y por si no bastará la Dirección de Administración y Finanzas del ISSSTE, cuyo titular es ahora el general de División en retiro, Jens Pedro Lohmann, y la Dirección de la Administración Portuaria Integral de Veracruz, que encabeza el almirante Romel Eduardo Ledezma Abaroa.

Hay más de la militarización hasta en los fideicomisos, según un estudio de Mexicanos contra la Corrupción los recursos de los fideicomisos de la Secretaría de la Defensa Nacional se incrementaron en 1,048% entre el tercer y cuarto trimestre del 2019. No está ninguno de ellos contemplados en los que van a desaparecer.

En el presupuesto para 2021 el Gobierno Federal propone un recorte de 115 mil 520 millones de pesos al gasto federalizado para las 32 entidades del país, respecto a lo aprobado para este año, estados y municipios resentirán el impacto de los recortes, principalmente, en seguridad e infraestructura, sectores en los que se dio ese apoyo a las fuerzas armadas.

Más aún, el proyecto de Presupuesto de Egresos elimina el programa de Fortalecimiento para la Seguridad (Fortaseg), destinado a la formación y capacitación policial, así como a la compra de armamento, patrullas y cámaras de video-vigilancia en los municipios del país. Lo que encamina la exclusividad de la Guardia Nacional en formación de nuevos elementos, compra de equipo y vigilancia con tecnología.

Atender la seguridad es sólo uno de los caminos de la militarización de México, pero el más evidente.

A la fecha hay casi 62 mil 795 elementos de las fuerzas armadas involucradas en tareas de seguridad, 8 mil más que los destinados al final del sexenio de Peña Nieto, cuando había 54 mil 980, y casi 10 mil por arriba los destinados a la Guerra de Felipe Calderón, que terminó su administración con 52 mil 807 elementos.

Las cifras, todas ellas oficiales, no dejan ninguna posibilidad de dar marcha atrás en la militarización de México, quién va a sacar de las obras, aduanas, puertos, bancos y cuarteles de la Guardia Nacional a los soldados y marinos, cómo se va a cubrir el atraso en seguridad que provocará el recorte presupuestal a estados y municipios en seguridad, y menos aún si el comandante en Jefe del as fuerzas armadas, el presidente de todos los mexicanos, es quien impulsa esta militarización.

Este proceso de militarización explicaría la actitud del presidente mexicano, cambió del “se los dije” al “vamos a ver, no prejuzguemos”, pues la captura de un general, aunque no fuera Cienfuegos Zepeda, ensombrece la ahora tersa entrega de actividades prioritarias para el país a manos militares, como ha sido desde el inicio del presente sexenio.

Al ser detenido Genaro García Luna a principio de diciembre de 2019 López Obrador lo calificó como un personaje “deshonesto, sin escrúpulos morales de ninguna índole, y lo que le importa es el dinero es una derrota a un régimen autoritario y corrupto, un modelo que fracaso.

Para agosto, el 4 de agosto inició la limpieza que pidió el presidente de México para sacar a colaboradores del exsecretario de Seguridad Pública, 18 funcionarios vinculados a García Luna fueron despedidos, entre estos, un director de administración de penales y directores generales de la Guardia Nacional.

Hasta ahora no ha pedido lo mismo para la Sedena, incluso calificó de ignorantes a quienes suponen nexos de los 23 generales en activo, todo ellos en puestos de mando en la secretaria, con Cienfuegos Zepeda, “no conocen la estructura de mando”, dijo en la mañanera.

Y convocó a los mexicanos defender al ejército “del pueblo”, no a denunciar probables delitos, ni anunció investigar a quienes trabajaron con el general detenido, no, fue enfático:

“Yo tengo que cuidar la institución, todos los mexicanos debemos de cuidar, esa es mi opinión respetuosa, a las Fuerzas Armadas. No apostar a que se socaven, se debiliten”.

Con el general las gracias al gobierno de Donald Trump y el ofrecimiento de “todo el apoyo” que dio López Obrador al ser detenido el ex secretario de seguridad, se convirtió en un reclamo con el general es secretario de la Defensa.

”…no se vale es de que ellos participen en México, incluso se vinculen a instituciones de México, sacan información y resuelven sin darla a conocer al Gobierno de México lo que están investigando”.

Ahora, prometió, va a defender la soberanía del país contra las acciones policiales de su amigo y aún presidente de EU.

San Lázaro la militarización de México avanza, y el centralismo del poder en un solo hombre, se consolida, cada día más.