
Ilustra Melissa Pérez Segnini colección Cómoda de Pro Femme
Punto de quiebre
“El éxito sin honor es el mayor de los fracasos.”
Vicente del Bosque
El Mundial de Estados Unidos, Canadá y México ha llegado a su fin y, una vez más, confirmó que el fútbol es el rey de los deportes: por su audiencia, por la pasión que despierta y porque es el más global de todos.
La primera vez que España conquistó la Copa del Mundo fue en Sudáfrica 2010, bajo la dirección de Vicente del Bosque. Aquella generación encabezada por Andrés Iniesta, Xavi Hernández, Carles Puyol y Fernando Torres derrotó a Países Bajos y marcó una época. El célebre estilo de posesión conocido como tiki-taka, heredero de la filosofía de Johan Cruyff y llevado a su máxima expresión por Pep Guardiola, revolucionó la forma de entender el fútbol. Y sí, aquel primer campeonato de España llegó con honor.
Dieciséis años después, España vuelve a escribir su nombre con letras de oro al proclamarse bicampeón del mundo. Lo hizo con absoluta justicia, imponiendo un fútbol de posición, movilidad y dominio del balón que anuló por completo a una Argentina liderada por Lionel Messi. Más allá de las polémicas arbitrales que acompañaron el torneo, la superioridad futbolística de la selección española fue evidente, consolidando un campeonato tan brillante como merecido.
Sin duda extrañaremos el Mundial: su energía, la emoción de cada partido y el sueño compartido por millones de mexicanos de ver algún día a nuestra selección levantar la Copa del Mundo. Esa es la magia del fútbol: un deporte capaz de unir a pueblos enteros alrededor de una misma pasión.
Como todo gran torneo, este también llega a su fin. Ahora comienza la espera de cuatro años para la próxima Copa del Mundo, que se disputará en España, Portugal y Marruecos, con partidos inaugurales en Argentina, Uruguay y Paraguay. Será una edición histórica, al combinar sedes en dos continentes y rendir homenaje al centenario de la máxima fiesta del fútbol.
Pero el fútbol también refleja la realidad política. La presencia de los presidentes de Estados Unidos, Canadá y México en la final envió un mensaje de unidad en un momento marcado por tensiones en torno al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), la migración y la seguridad regional. Durante noventa minutos, el deporte logró lo que pocas veces consigue la política: reunir a los líderes de Norteamérica bajo un mismo escenario. Quizá esa sea otra de las grandes lecciones que deja este Mundial: el fútbol no resuelve los conflictos, pero sí recuerda que el diálogo siempre es posible.