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OAXACA, Oax. 18 de enero de 2025.- El fisicoculturismo es una disciplina marcada por el desgaste físico y el control mental, no solo por la exhibición corporal.
La imagen final que se observa en competencia es apenas el cierre de un proceso prolongado y extremo, nos explicó Moisés Molina Reyes, abogado, maestro en Derecho Judicial por la Universidad de Perugia, Italia, y magistrado en funciones del Poder Judicial de Oaxaca.
Su incursión en esta disciplina no ha estado exenta de señalamientos. “Me han dicho estríper”, reconoce en una conversación con Quadratín Oaxaca, al referirse a los prejuicios que ha enfrentado por su apariencia física, incluso dentro de entornos profesionales.
El autor de la columna La X en la frente explicó que el momento de la competencia representa el punto más crítico del proceso. Los atletas llegan tras semanas de dietas severas, reducción casi total de grasa corporal y un control estricto del consumo de agua.

Contrario a la percepción común, el cuerpo que se muestra en el escenario no se encuentra en plenitud. Llega debilitado, sometido a procesos de deshidratación controlada y a una exigencia física acumulada.
Señaló que el fisicoculturismo actual privilegia el volumen muscular por encima de la simetría. Esta tendencia ha modificado los criterios estéticos y ha llevado el desarrollo corporal a niveles extremos.
Presidente magistrado de la Sala Constitucional y de la Cuarta Sala Penal en Oaxaca, Molina obtuvo en su momento el título de Mr. Oaxaca, logro que considera personal y resultado de años de disciplina.
Actualmente mantiene el entrenamiento como práctica, ya no como competencia. Considera que más jóvenes pueden iniciarse en este deporte, siempre que comprendan el nivel de exigencia que implica.
La genética, subrayó, pesa más que el esfuerzo y puede imponerse incluso sobre años de disciplina constante. Por ello, llegar a competir ya representa un triunfo.

Añadió que esta práctica no solo implica sacrificios físicos. También conlleva una carga social que pocas veces se considera al juzgar a quienes la practican.
Afirmó que ha aprendido a convivir con esos prejuicios. El fisicoculturismo, dijo, no responde a la validación externa, sino a una decisión personal sostenida en la constancia.
Indicó que se trata de una disciplina que exige entrenamiento repetitivo, alimentación rigurosa y una inversión económica constante, especialmente en dietas y suplementación, siempre bajo supervisión profesional.
Recomendó no iniciar de manera improvisada. Sugirió comenzar después de los 16 o 17 años y hacerlo con acompañamiento especializado para evitar riesgos a la salud.
Además de su labor jurisdiccional, Moisés Molina mantiene actividades vinculadas a la docencia y la oratoria, disciplinas que, al igual que el deporte, requieren constancia y formación permanente.