CIUDAD DE MÉXICO, 17 de octubre de 2019.- Cuando en 1993 Ciudad Juárez comenzó a gritar por sus muertas, nadie pensó que la atrocidad de los feminicidios y su impacto social se convertirían, cerca de 25 años después, en una lacra y sombra que deambula en todos los rincones de México, con nueve mujeres asesinadas cada día.

Nadie escuchó esos llamados de alerta para frenar la forma extrema de violencia de género que hoy es imparable. Pero existe un acto aún más cruel que destruye la vida de las mujeres: la violencia contra niñas.

En marzo de 2017, Lupita fue abusada y golpeada hasta la muerte por su padrastro Pablo, quien en complicidad con Yadira, madre de la pequeña, abandonó el cuerpo en el Bordo de Xochiaca, en el Estado de México. Ahí dejaron el cadáver de la niña de cuatro años sin identidad y sin que nadie lo reclamara. A partir de entonces la llamaron Calcetitas Rojas, por las prendas que cubrían sus pies cuando fue hallada muerta envuelta en una cobija. Pasaron nueve meses para que fuera identificada por retratos hablados que se hicieron de la menor.

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