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CIUDAD DE MÉXICO, 17 de diciembre de 2025.- El periodismo mundial atraviesa uno de sus momentos más críticos. El balance anual de Reporteros Sin Fronteras (RSF) advierte con claridad que “los periodistas no mueren, son asesinados”, una precisión que subraya que la violencia contra la prensa no es accidental, sino deliberada y sostenida por la impunidad.
Durante 2025, al menos 67 periodistas fueron asesinados en el mundo. La Franja de Gaza concentró casi la mitad de estos crímenes, mientras que países como Sudán y Ucrania confirmaron que la guerra también se libra mediante el silenciamiento informativo.
Sin embargo, el foco de alerta se intensifica fuera de los territorios en guerra. México, sin un conflicto armado declarado, se consolidó como el segundo país más mortífero para la prensa a nivel global, con nueve periodistas asesinados en lo que va del año. La cifra supera a la de naciones con conflictos civiles abiertos y coloca al país como el epicentro de la violencia contra periodistas en el hemisferio occidental.
Este escenario no es aislado ni repentino. De acuerdo con el estudio Worlds of Journalism Study (WJS3), la violencia letal es el resultado de un proceso previo de desgaste sistemático. En México, el 76% de los periodistas reporta recibir discursos de odio y el 65.6% ha sido objeto de descrédito público, prácticas que erosionan la legitimidad social del periodismo y normalizan la agresión.
El entorno laboral del gremio se agrava por la presión del crimen organizado. El 23.8% de los periodistas identifica a estos grupos como una influencia directa en su trabajo, por encima incluso de los actores políticos. Esta condición se desarrolla en un contexto de precariedad, donde cuatro de cada diez periodistas no logran vivir exclusivamente de su profesión.
La impunidad aparece como el factor estructural que perpetúa esta violencia. Según RSF, el odio y la falta de castigo alimentan el ciclo de asesinatos. En la encuesta del WJS, el 98.2% de los periodistas expresó preocupación por la impunidad, reflejo de una experiencia cotidiana marcada por la ausencia de protección estatal.
Pese a este panorama, el compromiso profesional persiste. El 96.6% de los periodistas mexicanos considera fundamental sacar a la luz los problemas de la sociedad, incluso bajo condiciones de riesgo. Esta función democrática, paradójicamente, es la que los coloca en la mira de quienes buscan imponer el silencio.
Los informes de RSF y los datos académicos del Worlds of Journalism Study no deben leerse como una enumeración de tragedias, sino como una advertencia sobre la inacción institucional. Mientras la libertad de prensa sea percibida como una garantía real solo por el 17% del gremio, México continuará normalizando la violencia y administrando el silencio informativo.
Por:
Profesora-investigadora del Departamento de Comunicación