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El 22 de octubre se cumplen 18 años de la partida del embajador Gustavo Iruegas Evaristo, que nace en 1942, y muere en 2008. A él, le debo la vida. En abril de 1982, cuando las autoridades de El Salvador me ubicaron como parte de la guerrilla, Gustavo me sacó de San Salvador.
Fuimos juntos al aeropuerto y ya en la sala de espera me dijo que cuando dieran el aviso de abordar el vuelo, me esperara a ser el último y él, con el capitán y el teniente del Ejército de México, que en ese momento le brindaban seguridad, me iban a llevar a mi asiento. Y se iban a quedar en el gusano, hasta que el avión despegara.
En ese tiempo se pensaba, que si alguien había identificado, “cuadrado”, y el avión todavía no tomaba pista, los agentes de seguridad podían meterse al avión y sacar a la persona por la que iban. Sin Gustavo nunca hubiera podido salir de El Salvador.
Siempre le voy a estar agradecido. Desde que nos conocimos en San Salvador en 1980 siempre conservamos la amistad, y cuando ingresé al servicio público me dio consejos, de gran utilidad. Siempre he lamentado su muerte producto de un cáncer.
Gustavo estudia periodismo en la UNAM, en 1965 ingresa a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), al inicio en el área de prensa, y en 1966, presenta su examen para ingresar al Servicio Exterior. Su primer destino fue en Cuba, y en La Habana conoció a Susana Peón Sánchez, conocida como Susy Iruegas, su compañera.
Como agregado político de México en Nicaragua, realizó un extraordinario trabajo en apoyo a los más de 750 asilados políticos que alojaba en la Embajada, que huían de la represión de la dictadura de Somoza en los años 1978-1979. En la organización y atención de los asilados fue fundamental el trabajo de Susy. Es una historia que debe de escribirse.
Fue también clave su papel como encargado de negocios en la embajada de México en El Salvador. En ese tiempo tomó la decisión de estar algunos días en uno de los campamentos de la guerrilla, para ver de cerca la situación de la guerra, y poder informar a la SRE.
A lo largo de su carrera ocupó responsabilidades en la cancillería, entre ellas la dirección del Sistema de las Naciones Unidas y la Oficialía Mayor. Fue embajador en Noruega, Uruguay y Jamaica, y cónsul general en San Diego, California.
En 1995 formó parte de la comisión gubernamental mexicana que negoció con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en San Andrés Larráinzar, Chiapas. En el gobierno del presidente Vicente Fox (2000-2006) fue subsecretario para América Latina y el Caribe, cuando Jorge G. Castañeda era el secretario de la SRE.
Cuando renuncia Castañeda, lo sustituye Luis Ernesto Derbéz como titular de la SRE, este a Gustavo le ofrece cargos con los que él no está de acuerdo, y fue imposible una negociación. En 2003, ante esta situación, decide dejar la cancillería después de 38 años de servicio. En 2006, Andrés Manuel López Obrador se constituye como “presidente legítimo” y nombra a Gustavo como su canciller.
Gustavo obtuvo la maestría en Administración Militar para la Seguridad Nacional en el Colegio de la Defensa Nacional de la Sedena. Al dejar la SRE impartió clases en la UNAM y en la Universidad Iberoamericana, y colaboró como articulista en La Jornada.