
Convocan estudiantes de la UTVCO a respaldar protesta de docentes
He llegado a la edad de vida en que como dicen los jarochos tan bien hablados que en esa circunstancia de nuestra existencia a uno le suena todo menos el claxon, en que una infusión porque muchas veces no alcanza para un verdadero té, un vaso con leche tibia, una tallada en la espalda echa nudos por angustia y sobre todo alguien con quien conversar sin que muestre fehacientemente desgano o ningún interés humano, se convierten en verdaderos bálsamos para continuar con entusiasmo o al menos sin mocudramas el trotar por el sorbito de vida que nos queda. Así por los últimos cuatro meses he pasado por un periodo de convalecencia y al grito de en qué quedamos pelona, me llevas o no me llevas me ido levantando y aunque a estas alturas ya no tengo sancho que me queme las patas, no falta alguna y alguno que otro que tal vez se desilusione y que los menos, estén desmotivados al menos por ahora en hacerse de mi tesoro de guitarra de palo de rosa y marfil y una sonoridad que envidianlas campanas que mi extrañado Tata compró para la iglesia de la Selva de San Francisco la Paz en aquel rincón añorado donde convergen Oaxaca, Chiapas y Veracruz.
Como he sostenido desde que uso mi sinrazón, adquirí el estatus de estar conmigo mismo cuando mi vieja me parió asistida por la partera de cabecera de las mujeres de la Estación allá en mi San Jerónimo nunca olvidado, a pesar de la oposición sin éxito del viejo que abogaba por el ya entonces prestigiado hospital en Matías Romero al que teníamos derecho como familia ferrocarrilera al igual que toda la prole de los idos y los recién llegados de la vieja Asturias para establecer el hoy vituperado ferrocarril del Istmo que aunque algunos desearíamos con nostalgia y recuerdos presentes que de verdad volviera por sus fueros y no los sueños guajiros y demagógicos de ya saben quiénes. Así me he crecido con la pequeña y grandiosa ayuda de mis amigos como uno de los economistas más chidos de estos lares que sin escatimar algo me ha refaccionado, eufemístico término para expresar que me ha alivianado, para practicar los exámenes más picudos como aquel en que te hacen tomar litros de agua con una solución que también te inyectan en lo que te quedan de venas y que esperas con temor y ansiedad que el generoso mejor gastro que existe en la comarca me diga si chupo faros sin cobrar un solo revaluado peso o si llego todavía a cargar los peregrinos al menos este año.
Míi hermanito Teco también se cotizó y qué decir de mi otro hermano que por más de treinta años hemos caminado por esos caminos de Dios, construido sueños e ilusiones, discusiones y añoranzas que a pesar del peculiar uso que le da al celular siempre está presente y he contado con su apoyo pecuniario y sobre todo de hermandad para tratar de que se me quite “ lo penco” y deje de azotarme con la angustiaque a veces me asalta para acendrar aún más las dolencias, por supuesto que mi comadrita su cuasi inseparable compañera de vida no se ha quedado atrás para animar la cotidianidad y con el amor y la amistad superar nuestras actuales visiones del País que queremos y podemos construir. Aunque ahora un poco lejano en distancia geográfica, desde la tierra del faisán y del venado con los cabezones a cuestas, mi querido cuadrúpedo mayor hace como que hace para ver si aceptan que vaya a apoyar su periplo por allende tierras del sureste que al menos hasta ahora los que deciden están de cabeza cerrada.
Sin seguridad social gubernamental que sostenía equivocadamente por lo que sufrí en el mal llamado hospital de alta especialidad, enfrenté la indolencia, la prepotencia y la deshumanización del personal de ese nosocomio, palabreja de alto pedorraje, en que desde los policías que hacen como que custodian el acceso, el que mal atiende el módulo de desinformación y el que tiene la obligación de resolver el trámite que llaman de “referencia” en todo momento se esfuerzan en mostrar a los impacientes que tenemos la desgracia de tratar que nos atiendan que solo baste citar uno de tantos ejemplos que viví con desdoro e impotencia mientras esperábamos que regresara el sistema para negarnos el servicio porque teníamos filiación en otro la respuesta hija de su que en el remoto caso que la suplicante tuviera una consulta sería hasta después de marzo de 2026: ¡Hágame usted el refravón cabor!
Sin embargo no todo es desilusión y con la inusitada y esperanzadora solidaridad de quien ha sido la compañera de vida y de concepción y que por mis diletancias me envió al arroyo de mi querer ahora que resarcieron la infamia de al igual que cientos de trabajadores y uno que otro piloto de aviación les devolvieron sus plazas y sus derechos también volví a ser su beneficiario y comprobé que el Seguro Social, sí el Seguro Social hasta ahora se acerca a Dinamarca: Quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón.
Gerardo Garfias Ruiz