
Invita Salomón Jara a vivir La Fiesta Más Viva de Todas
SOLEMNE CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA EN HONOR AL SEÑOR DEL RAYO
HOMILÍA MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
23 DE OCTUBRE DEL 2025
La presencia de cada uno de ustedes, es todo un Evangelio. Usted ha venido a evangelizar a los hermanos. Su caminar hasta esta Iglesia Catedral, el día de hoy, trae un mensaje y nos dice que el centro de nuestra vida tiene que ser Jesucristo. A Él seguimos, a Él escuchamos y tomamos la cruz de cada día y, como fieles discípulos de Él, vamos por el mundo, llevando Su mensaje y, principalmente, viviendo el mandamiento nuevo, el mandamiento del amor.
Yo no puedo entender al que se acerca a esta bendita imagen del Señor del Rayo y no ame, no lo puedo entender. ¿Cómo no estás viviendo el amor y vienes y te pones enfrente del que murió por amor?
Nadie tiene amor más grande por el amigo que el que da la vida por él.
Pienso que el amor es el que los trae aquí, el amor al Señor del Rayo, pero el Señor del Rayo nos cuestiona y nos cuestiona diciéndonos, ¿estás viviendo el mandamiento nuevo? ¿en tu corazón están todas las personas?, porque el seguidor de Jesucristo debe de amar a toda persona, así como el Señor nos ama a todos, sin excepción. Seamos como seamos, Él nos ama y no deja de amarnos en ningún momento, no deja de amarnos, no disminuye Su amor si nosotros hacemos cosas que no le agradan a Él. Él no disminuye en su amor. Él nos espera para que volvamos nuestro rostro a Él y nos encontremos con Su misericordia y con Su perdón.
¿Cuál es la palabra que pronunció Nuestro Señor? La primera palabra que pronunció Nuestro Señor, estando en la Cruz: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”, esa fue la primera palabra, perdónales y el Señor del Rayo nos sigue diciendo que le sigue hablando a Su Padre: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” y, tal vez, nosotros digamos “yo sí sé lo que hago, yo si sé que no me porté bien, que no hice las cosas bien. Yo sí sé que herí, que ofendí a un hermano, que me burlé de él, que pisoteé su dignidad, que lo desprecié, lo humillé, sí sé lo que hice” y, sin embargo “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”, lo sigue diciendo Nuestro Señor.
¿Por qué no amar, por qué no amar? ¿por qué se está enfermando en su corazón? ¿por qué no puede estar ahí tal persona, que le causó tanto daño, por qué?
“Amen a sus enemigos”, nos dice Nuestro Señor. Yo quiero que ustedes amen extraordinariamente. Si amas al que te ama, qué haces de extraordinario, todo el mundo lo hace. Si sólo saludas al que te saluda ¿qué haces de extraordinario?, si sólo le hablas al que te habla, ¿qué haces de extraordinario?, nos dice Nuestro Señor. “Yo quiero ver en ti el amor extraordinario, que ames a tu enemigo, que le hagas el bien al que te ha hecho el mal, eso quiero ver de ti, que dices ser mi discípulo, eso quiero ver”… Si eso hiciéramos, no habría tantos conflictos en nuestro Oaxaca, no habría tantos conflictos, tantos pleitos entre familias, tantos pleitos entre pueblos, no lo habría. No hemos aprendido a amar como Dios quiere que amemos, no hemos aprendido.
Hoy es una muy buena oportunidad para que usted, si va a pasar por enfrente de esa bendita imagen del Señor del Rayo, dígale: “Señor, enséñame a amar como Tú me amas. Tú me amaste hasta el extremo, hasta dar la vida por mí, así quiero amar, hasta el extremo, dando la vida por los demás”. Vaya usted, papá y dígale al Señor del Rayo que seguirá muriendo por sus hijos, por ellos, que los ha engendrado por amor, que los ha traído a este mundo por amor y dígale: “meseguiré desgastando por ellos, seguiré envejeciendo por ellos, seguiré muriendo por ellos, porque son el amor de mi vida y porque si amo a ellos, te estoy amando a Ti”. Me desgastaré por mi esposa, por mi esposo, por mi hermano, por mi compañero, por mi amigo, me voy a desgastar, porque quiero amar como Tú me amas.
Nos amó hasta el extremo.
Hoy hemos escuchado el Evangelio, lo que nosotros vivimos todos los días en la misa, lo que hizo Nuestro Señor en la Última Cena, dio a comer Su cuerpo y a beber Su sangre y en cada misa hacemos lo mismo. El Señor nos da a comer Su cuerpo y a beber Su sangre y comulgamos con Él, nos unimos íntimamente a Él y pregunto ¿por qué no hay comunión con otras gentes, con otros hermanos?, ¿por qué? ¿por qué vivimos a veces desunidos hasta en la misma familia, entre los mismos hermanos?, con celos, con envidias, con silencios. Porque lo he escuchado lo digo, “tengo muchos años que no le hablo a mi hermano”, “mi hijo ya no me habla, no se comunica conmigo, dejó de hablarme, porque no quise aceptar algo que él me exigía, quería mi casa y me quería mandar a la calle, desde ese día, no me habla, ya dice que no es mi hijo”. ¡Qué ingratitud, qué ingratitud, qué poco amor!
Hoy, estaremos frente al que extendió Sus brazos en la Cruz por amor. Dio Su vida por amor, derramó Su sangre por ti y por mí y la sigue derramando. Él sigue muriendo y resucitando en un altar, para el perdón de los pecados de todos nosotros. Vale la pena reconciliarnos, vale la pena, vale la pena vivir en paz, vale la pena vivir el mandamiento nuevo del amor, vale la pena.
El día que usted perdone, si es que no ha perdonado, ese día va a sanar, va a ser feliz, no siga viviendo en la infelicidad, no siga sufriendo tanto, perdone y eso dígaselo a Dios, dígaselo a Dios. Este corazón perdona, porque Tú me has perdonado tanto, este perdona, dígaselo al Señor del Rayo. Lo está esperando para que usted le diga eso.
Gracias, porque su presencia me evangeliza, gracias porque me dice que ama a Jesucristo. Gracias.
Quiero que usted también diga, en su casita, en su trabajo, que ama a Jesucristo amando, amando.
Yo quiero agradecer el amor, el amor. De nuevo digo, su Obispo se ha sentido amado, amado por Dios y amado por usted. A lo mejor diga: “no, yo que lo voy a amar, yo ni lo amo”, no, sí ama, sí me ama, se lo digo de corazón, yo me he sentido muy amado por los oaxaqueños y usted es un oaxaqueño, me he sentido amado y le digo, no me niegue su amor, no me lo niegue. Yo los amo mucho, los amo.
Tengo doce años recorriendo el estado de Oaxaca, como Obispo, y desde el primer día aprendí a amarlos, porque Jesucristo me mandó aquí y me dijo para que amara, para que amara en nombre de Él, para que amara.
Amémonos, amémonos en casa, amémonos fuera de casa, amemos a toda persona, parezcámonos a Jesucristo, Él nos ama a todos, Él perdona a todos, Él es misericordioso con todos, que eso sea también usted, misericordioso.
Que el Señor del Rayo, con el que queremos encontrarnos en este día, con Su bendita imagen, con Sus llagas, con Su Cruz, nos recuerde que también nosotros llevamos una Cruz, no reniegue de su sufrimiento, no reniegue de sus penas, no reniegue de sus dolores, no reniegue de sus enfermedades, póngalas en la Cruz, Ahí, en la Cruz alcanzan gracia, mucha gracia, porque usted está unido a la pasión redentora de Nuestro Señor. En la enfermedad, en el dolor, en el sufrimiento mire al Crucificado y dígale: “aquí estoy, Señor, ofreciendo mi dolor como Tú te ofreciste por mí, hoy me toca ofrecerme yo para purificarme y para bien de mis hermanos. Me uno a Tu pasión redentora.
Feliz fiesta del Señor del Rayo, feliz fiesta y no deje de amar a Jesucristo Crucificado y no deje de amar a su hermano, porque eso es lo que quiere el Señor.
Que María, la mujer que estuvo al pie de la Cruz, unida a la pasión redentora de Nuestro Señor, también siga, ahí, junto con nosotros, caminando y bendiciéndonos como Madre, que no nos abandone, que no nos deje solos. Dios los bendiga a todos y el Señor del Rayo les haga sentir Su amor, Su misericordia y Su perdón.
Que así sea.
