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OAXACA, Oax., 19 de octubre de 2026.- Después de casi tres décadas de llevar los sabores de Oaxaca a escenarios internacionales, el reconocido chef Alejandro Ruiz Olmedo ha encontrado en su comunidad de origen una nueva forma de compartir lo aprendido: impulsar proyectos educativos, deportivos y comunitarios para generar oportunidades y evitar que las familias tengan que abandonar su tierra.
El creador de Casa Oaxaca, uno de los restaurantes más reconocidos del estado y recomendado por la Guía Michelin, compartió la historia de su infancia en La Raya, Zimatlán de Álvarez, marcada por el trabajo en el campo, las dificultades económicas y las enseñanzas de su madre, que terminaron por definir su camino en la gastronomía.
Durante su participación en un encuentro realizado el pasado 16 de octubre en el Zócalo de Oaxaca, Ruiz recordó que creció en una pequeña comunidad donde desde niños todos tenían responsabilidades, desde barrer el patio hasta trabajar la tierra.
Su padre intentó emigrar dos veces a Estados Unidos, después de vender sus animales, rentar sus terrenos y endeudarse para reunir el dinero del viaje.
En su segundo intento permaneció varios meses ausente y regresó tan delgado que su propio hijo no logró reconocerlo cuando lo encontró acostado en una cama.
“Entré y me asusté porque no sabía quién era. Resulta que era mi padre”, relató.
Fue entonces cuando su madre le dejó una enseñanza que conserva hasta ahora: “Hijo, la vida está en la tierra, el futuro está en la tierra, no en irse a Estados Unidos. La tierra te da todo”.
A partir de aquella experiencia, Alejandro y sus hermanos se prometieron estudiar una carrera y buscar oportunidades sin renunciar a sus raíces. Años después, el cocinero convertiría los conocimientos adquiridos junto a su madre en una trayectoria reconocida dentro y fuera de México.
En 1997 inició el proyecto Casa Oaxaca, que con los años se consolidó como uno de los referentes de la cocina contemporánea del estado. Su restaurante ocupó el lugar 34 de la lista Latin America's 50 Best Restaurants en 2013 y fue incluido entre los establecimientos recomendados por la Guía Michelin en 2024 y 2025.
También ha recibido reconocimientos en los Food and Travel Reader Awards y los Gourmet Awards de Travel + Leisure. Su libro Alejandro Ruiz, Cocina de Oaxaca obtuvo el Premio Antonio García Cubas en 2018, mientras que su trabajo ha trascendido las fronteras del país como representante de la gastronomía oaxaqueña.
Además de su actividad restaurantera, es fundador del festival gastronómico El Saber del Sabor, que ha reunido a cocineras tradicionales, productores, chefs e investigadores para promover la riqueza culinaria de Oaxaca.
Sin embargo, explicó que uno de sus proyectos más significativos es Portozuelo, un huerto familiar que comenzó a desarrollar sobre tierras vinculadas al patrimonio de su padre, en su comunidad natal.
El espacio recupera la cocina de leña, los productos del campo y las recetas tradicionales, pero también busca acercar a las nuevas generaciones a experiencias que formaron parte de su infancia, como probar leche recién ordeñada, reconocer el olor del epazote y correr descalzos sobre la tierra.
Ruiz explicó que Portozuelo se ha convertido en el corazón de su familia y en un espacio abierto al público durante los fines de semana, cuyos ingresos también contribuyen a financiar proyectos para la comunidad.
Entre ellos mencionó la construcción de una escuela de oficios, una cancha que busca transformar en unidad deportiva y una iglesia cuyo costo estimado asciende a 10 millones de pesos y que, de acuerdo con el chef, presenta un avance superior al 50 por ciento.
El proyecto religioso también pretende recuperar la convivencia entre las familias y aprovechar la actividad turística vinculada a las bodas en Oaxaca para generar oportunidades económicas, particularmente para las mujeres de la comunidad que conservan los conocimientos de la cocina tradicional.
Ruiz sostuvo que el propósito de estas iniciativas es demostrar que las comunidades rurales pueden construir alternativas de desarrollo a partir de sus propios recursos, conocimientos y tradiciones, sin que emigrar sea la única opción para sus habitantes.
Para Alejandro Ruiz, quien ha convertido la cocina de su infancia en una propuesta gastronómica reconocida internacionalmente, el mayor legado no está únicamente en los premios obtenidos, sino en mantener vivo el vínculo con la tierra y compartir las oportunidades con quienes permanecen en ella.
“Esa creo que fue la mejor enseñanza, la mejor herencia que me pudo haber dado: valorar quién era y la oportunidad que teníamos de estar en esa tierra grandiosa”, expresó.