En una semana se cumplen tres años del gobierno de López Obrador.

         Y en los primeros 36 meses, el presidente más votado también ha sido el más mentiroso, el más fantoche, en más ineficaz y, sobre todo, se ha convertido en el mayor “violador tumultuario” de la Constitución.

         Sin contar, claro, que es el que ha provocado la mayor inflación en 25 años, el mayor desempleo en dos décadas, la mayor violencia criminal de la historia, el mayor número de muertes dolosas –con 110 mil–, y la mayor crisis sanitaria luego de la gesta revolucionaria.

         Mortandad por la pandemia que está cerca del millón de vidas perdidas, entre cifras oficiales, muertes en exceso y decesos no contabilizados.

         Además de la mayor epidemia de feminicidios, una cifra histórica de periodistas muertos, activistas a favor de la tierra y de los bosques asesinados, de secuestros y de desapariciones inexplicables.

         Es decir, que en 36 meses Obrador no solo es el peor presidente sino el que ha llevado al país a las peores crisis económica, de seguridad, empleo, salud y gobernabilidad, con una sistemática violación a la Constitución.

         Y frente al tamaño del fracaso sexenal, parece que nada les importa a las instituciones y sectores sociales que integran el Estado mexicano.

         Voltean para otro lado los ministros de La Corte, los diputados y senadores, los partidos opositores, los grandes empresarios, los dueños de los medios, las universidades públicas y privadas, no pocos intelectuales que esconden la cabeza y muchos periodistas que prefieren hablar del sol, la luna y las estrellas, antes que cuestionar el fallido gobierno de AMLO.

         Y por eso las pregunta.

         1.- ¿Hasta cuando las instituciones del Estado seguirán solapando al violador tumultuario de la Carta Magna; al violador de Palacio?

         2.- ¿Cuánto tiempo más la Suprema Corte y sus ministros asumirán su papel de verdaderos defensores de la Constitución?

         ¿Hasta cuándo el Máximo Tribunal sancionará a un presidente que de manera tumultuaria violenta la Constitución?

         ¿De verdad los ministros de La Corte creen que la historia no los demandará por solapar a un violador de la Constitución?

         3.- ¿Hasta cuándo diputados federales de la oposición real tendrán el valor de poner un alto a un violador sistemático de la Ley Suprema?

         ¿Hasta cuándo esa mayoría marginal de senadores del PRI, PAN, PRD y MC le perderán el miedo al tirano y lo someterán para cumplir con la Constitución, como protestó en su toma de posesión?

         ¿De verdad, diputados y senadores de los partidos opositores creen que la historia olvidará su papel temeroso y timorato, cuando debían encabezar el juicio político a un presidente violador de la Carta Magna?

4.- ¿Hasta cuándo los grandes empresarios de hoy dejarán de acudir al “apapacho del poder en las comilonas de Palacio”, en lugar de comportarse como sus pares en los populismos de Echeverría y López Portillo?

Y es que resultó ridículo e insultante que horas después de anunciar el “decretazo” de la opacidad y la violación constitucionales, los grandes hombres y mujeres de empresa son apapachados en Palacio y hasta hoy no existe una sola condena a tal violación.

¿De verdad creen esos empresarios que el dictador respetará sus fortunas cuando no exista vuelta atrás; luego que han solapado la destrucción de la democracia?

5.- Pero acaso resulte más cuestionable y denigrante el papel de los dueños de los grandes medios; propietarios de Televisa, Azteca, Imagen, Milenio, Radio Formula y muchos otros que se han convertido en verdaderos artífices del engaño colectivo ordenado desde Palacio.

En efecto, todos esos medios han ocultado las 60 mil mentiras de López, han solapado sus violaciones constitucionales; han despedido a los críticos del tirano y también son corresponsables de la tragedia que dejará López Obrador.

¿Creen los dueños de los grandes medios, que la sociedad no los juzgará por el crimen de engañar a los mexicanos y de solapar al criminal de Palacio? 

 6.- Y en una situación similar se encuentran las universidades públicas y privadas del país.

Son muchos los casos de grandes instituciones de educación superior cuyos estudiantes y profesores creyeron el cuento de que López era la verdadera alternativa pasar lograr un cambio en el país.

Hoy esas instituciones –públicas y/o privadas–, son sometidas desde Palacio ante el silencio de sus estudiantes y profesores.

7.- Igual de vergonzoso es el caso de no pocos intelectuales y escritores mexicanos, quienes a cambio de un plato de lentejas se han convertido en verdaderos lacayos del poder, obligados a defender lo indefensible.

¿Creen que la historia olvidará que engañaron a la sociedad al aplaudir y defender al peor presidente de la historia?

8.- Pero el caso más penoso es el de muchos “periodistas” mexicanos que claudicaron de su labor fundamental; la búsqueda de la verdad.

¿Tienen cara, esos “periodistas”, para seguir defendiendo el fallido gobierno de López?

La justicia puede ser lenta; incluso puede estar ciega y sorda, pero la historia no perdonará a quienes solapan al mayor violador de la Constitución, el presidente López Obrador.

Al tiempo.