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OAXACA, Oax. 1 de noviembre de 2025.- Jalatlaco es uno de los barrios más emblemáticos durante la celebración del Día de Muertos en la ciudad de Oaxaca.
Cada año, sus calles se llenan de color, música y aromas que devuelven a la vida la memoria de quienes partieron.
Antes, las tradicionales muerteadas recorrían este barrio, una costumbre que distinguía a las familias originarias.

Hoy, con el avance de la gentrificación, Jalatlaco es un punto donde convergen visitantes y residentes extranjeros que han transformado las casas antiguas en cafeterías, galerías y pequeños hoteles con encanto.
Los muros se cubren de frescos con motivos alusivos a la muerte: colibríes, flores inmensas, calaveras risueñas.
Sobre los adoquines cuelgan toldos de papel picado que dibujan un cielo multicolor, una lluvia de símbolos que anuncia la festividad más viva de todas.

Jalatlaco es un barrio mágico, considerado así por la conservación de su trazo colonial y de sus monumentos tradicionales combinados con la vida cotidiana de sus pobladores.
Los adoquines aún conservan ese aire provinciano de un sitio que antaño se dedicó a la talabartería, oficio que el tiempo fue borrando.
Los historiadores ubican su origen hacia 1486, cuando era conocido como barrio de San Matías.

Fue uno de los primeros espacios intervenidos por los españoles, y durante siglos mantuvo una economía activa gracias al curtido de pieles, al comercio y al río que lo cruzaba.
Hoy, ese río es de gente: turistas que buscan capturar la esencia del barrio en una fotografía, en un recorrido que abarca apenas unas calles, pero encierra siglos de historia.
La entrada principal se encuentra en la calle Miguel Hidalgo, bajo un arco adornado con flores y el nombre de Jalatlaco en letras blancas.

Dos calles más adelante, el camino conduce a la iglesia de San Matías, corazón del barrio.
Sin embargo, los locales prefieren entrar por la calle Aldama, donde las noches aún huelen a antojitos y se pueden probar las tortas de salchicha oaxaqueña, las tostadas de guacamole con queso fresco o las tlayudas, con risas que se mezclan con la música de fondo.
Entre los murales y las paredes coloridas destaca El Biche Pobre, uno de los comedores más antiguos y tradicionales.

Ahí, bajo las guirnaldas de papel picado, se conserva algo del espíritu original del barrio, una mezcla de lo popular y lo contemporáneo, del altar y la sobremesa.
En Jalatlaco la muerte se pasea con alegría. Este año, las calles se llenaron de visitantes atraídos por el ambiente festivo y por el paseo peatonal que se busca conectar con el parque Juárez El Llano.
En la iglesia, las ofrendas siguen encendidas, los rezos se mezclan con bodas y quince años, y un tapete monumental en la explanada cumple con la fotografía del recuerdo.
El barrio antiguo, con su trazo colonial y sus calles empedradas, vuelve a ser un corredor de memoria y arte.
No hay casa que no tenga una ofrenda ni puerta que no guarde una historia, aunque ya no huela a pan recién hecho, sino a nostalgia de amigos e hijos que partieron.