CIUDAD DE MÉXICO, 3 de agosto de 2020.- La captura del sanguinario El Marro, cabecilla del llamado Cártel de Santa Rosa de Lima, era inminente.

Desde luego es magnífica noticia.

Por muy provinciana que se quiera ver, la organización de José Antonio Yépez Ortiz era una amenaza impune a la seguridad nacional, tomando en cuenta gravísimos crímenes como el robo de combustible, secuestro, extorsión masiva y homicidio.

El Marro, habilidoso cabecilla de células criminales, casi familiares, no tenía la estatura de un cártel nacional, pero si fuerza suficiente para secuestrar Guanajuato.

Al “delincuentazo” ese, que amenazó del presidente para abajo, lo perseguían todos. Por un lado, comandos de la Policía Federal, Estatal, Ejército y Marina, y por otro, los malos más malos del Cártel Jalisco Nueva Generación, la gente del señor Mencho, que tiene ahora vía libre para dominar el escenario; gana la plaza y la guerra.

De momento, la captura de El Marro, a quien los suyos traicionaron, no fue pactada. Eso sí, resulta muy rentable políticamente para el presidente y el gobernador panista.

Pero encerrado El Marro no se acaba la rabia ni se garantiza la paz. De eso se encargará el Cártel Jalisco, aún más venenoso y dañino.

Esa es la mala noticia, en tierras de José Alfredo Jiménez, donde la vida, no vale nada, el presidente y el “gober” panista saben que viene más violencia.