
Invita Salomón Jara a vivir La Fiesta Más Viva de Todas
JUCHITÁN, Oax. 23 de febrero de 2026.- Juchitán amaneció en silencio, sin balas, pero con incertidumbre.
Este lunes ya no hubo autos quemados. Las autoridades cerraron el saldo oficial en 14 vehículos incendiados, pero dijo que son acciones de células delictivas locales.
Aún así, la población va con cautela. Hasta el Sol pareció tomar sus precauciones, pues al igual que las cortinas de los negocios, apareció timidamente en el cielo.
Las calles del centro de Juchitán están semivacías, salpicadas apenas por algunos transeúntes que caminaban pegados a las fachadas, con el paso rápido de quien no quiere quedarse demasiado tiempo al descubierto.
El mercado no abrió. El corazón económico de la Heroica Ciudad de Juchitán de Zaragoza, ese laberinto ruidoso de colores y olores donde cada mañana las mujeres zapotecas despliegan sus mantas, sus frutas y su comercio milenario, amaneció cerrado.
Las tiendas de conveniencia, cerraron. Las misceláneas del barrio tampoco abrieron. Los talleres mecánicos, las papelerías, los puestos de antojitos que normalmente perfuman las esquinas desde temprano, todos callados.
La gente se informaba en corto, de teléfono en teléfono, de vecino en vecino. ¿Ya abrió la carretera? ¿Pasaron camiones? ¿Habrá clases mañana? Las respuestas llegaban con la misma velocidad con que cambia el viento en el Istmo: contradictorias, imprecisas, llenas de “dicen que” y “me contaron que”.
Las líneas de autobuses que conectan Juchitán con Ciudad Ixtepec y con Matías Romero mantuvieron suspendidas sus corridas. El recuerdo del camión quemado el día anterior, con sus pasajeros obligados a bajar a punta de pistola antes de que las llamas lo consumieran, era demasiado fresco.
Los choferes no salieron. Los dueños no los mandaron. Nadie los culpó.
Unos 600 elementos de la Defensa Nacional, la Marina y la Guardia Nacional se concentraron en la ciudad. Sus vehículos recorrían las avenidas principales con esa presencia que a la vez tranquiliza e inquieta: prueba de que el Estado llegó, pero también recordatorio de que llegó porque algo grave pasó.
En las esquinas, los soldados miraban. Los vecinos los miraban a ellos. Y el silencio era compartido.
Las persianas cerradas dicen que la inseguridad golpea a la columna vertebral de la economía regional.
Cada día sin mercado es un día sin ingreso para decenas de familias cuyo sustento depende de lo que venden en ese espacio que hoy permanecía vacío y en penumbra.
La violencia del día anterior, según la Fiscalía General del Estado, fue una reacción del crimen organizado que se suma a la cadena de ajustes desatada en todo el país tras la captura de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.
El secretario de Gobierno de Oaxaca, Jesús Romero, repitió en conferencia de prensa que el pueblo juchiteco no está solo. La gente las escucha. Las procesa. Y luego vuelve a revisar si el vecino de enfrente ya abrió su tienda, como termómetro más confiable de si la tormenta pasó de verdad.
Una tortillería, una farmacia, una ferretería. Todo cerrado. Una ciudad entera conteniendo la respiración, esperando saber si lo de este domingo fue una tormenta que ya pasó o solo la calma que precede a una mayor en la región.