
Destaca Farid Acevedo influencia de masonería en origen de la UABJO
El país y el régimen político morenista juegan a perder. El país, por ponerse en manos de un grupo político incapaz de asumir su responsabilidad a partir del interés nacional. El gobierno, como nunca, está sometido o condicionado —como quiera verse— a dos fuerzas que son amenazas con dimensión histórica: la que representa el crimen organizado y la del gobierno norteamericano. El régimen actúa en contra de sí mismo. La legitimidad queda comprometida por el escándalo, la venalidad y la connivencia con el crimen.
El aniquilamiento del líder del CJNG, Nemesio Oseguera, El Mencho —el mayor logro de la presidenta Sheinbaum— despierta fundadas dudas y genuinas preocupaciones. La primera, si lo acontecido fue una decisión de las autoridades o si representó una exigencia del gobierno norteamericano. La respuesta mediática y la vacilante postura de la presidenta abren espacio a la especulación, incluso a la tesis de que fue informada cuando el operativo ya estaba en proceso. Las fuerzas armadas salen bien libradas.
Segunda, la secuela: no se advierte, hasta el momento, que la muerte del capo esté acompañada de una embestida contra el grupo criminal, lo que significa que persiste la confusión o el pacto de impunidad y complacencia oficial frente a políticos y empresarios incriminados por complicidad. Si no se emprende una lucha frontal subsecuente, el negocio criminal proseguirá, quizá más violento y pernicioso. Es urgente atacar las finanzas del crimen; no hay señales de ello. Los vínculos entre el contrabando de combustible, el crimen organizado y el financiamiento al partido gobernante están acreditados. La omisión es sospechosa; con el tiempo, condena. Lo del municipio de Bahía Banderas, Nayarit, confirma los hechos en Tequila, Jalisco; autoridades municipales de Morena al servicio del crimen organizado, un realidad que se extiende en los amplios territorios de dominio de los cárteles.
La nota completa en: Quadratín Yucatán