
Urge Leticia Bonifaz a poner las armas en el centro del debate
Punto de quiebre
Cada época tiene sus propias enfermedades, sus propios retos, sus victorias y sus derrotas. Empezamos con el miedo a las bacterias, posteriormente empezamos a temer a los virus como el COVID, la influenza o el VIH. Desde el punto de vista patológico los comienzos del siglo XXI no han sido bacterias ni virus los mayores enemigos, sino mentales, neurológicos como la depresión, el transtorno por déficit de atención e hiperactividad, el transtorno de límite de la personalidad, o el ahora tan común el síndrome del desgaste laboral llamado “burnout” , dichos padecimientos definen nuestra época de por sí complicada, con retos tan relevantes como el calentamiento global, la sobre población, el cambio climático y el mayor reto de todos la salud psicoemocional de toda la especie humana.
Byung-Chul Han célebre filósofo sur coreano ha podido describir con magistral claridad los retos de nuestra época, es decir de lo que vivimos hoy, la salud mental como punta de lanza y en un segundo momento pasar de la explotación del hombre por el hombre a la auto explotación, es decir a la auto exigencia de hacer más de lo que físicamente o mentalmente podemos, y todos lo hemos hecho por cuestiones personales, económicas, sociales etc.
Cuando se dice que el lenguaje empodera, que lo que no se nombra no existe, el paso de las sociedades actuales del verbo “deber a otro verbo como “poder” a decir de Byung hace la diferencia más clara, porque el poder sin auto control, sin salud mental sin límites también enferma.
En mi perspectiva lo relevante de la productividad parte entre la exigencia laboral los límites de la misma y la auto exigencia entre superarse y encontrar el equilibrio entre no perder las ganas de ser mejor y lo que podemos considerar como no sano, el incremento en los casos de síndrome de desgaste laboral alrededor del mundo, nos lleva a pensar entre la legislación necesaria y sobre todo la necesidad de el ocio, deporte, cultura y diversión.
La sociedad del cansancio no necesita capataces ni látigos: se sostiene gracias a sujetos convencidos de que siempre pueden dar un poco más.
Pero cuando el “poder” se convierte en obligación, la libertad se transforma en autoexplotación. Tal vez la mayor rebeldía contemporánea no sea rendir más, sino atreverse a poner límites físicos, mentales incluso espirituales. En un mundo que nos exige no tenerlos.