
Invita Salomón Jara a vivir La Fiesta Más Viva de Todas
¿Todos los lugares de Oaxaca han sido fotografiados? ¿Todas las historias por contar en este estado han sido contadas? Seguramente no. Probablemente no. Si acotamos la pregunta a las historias de la “realidad”, a las vidas de los habitantes de este territorio, la duda persiste: ¿todo lo que ha sucedido ha sido contado? Saberlo es imposible. Lo que sí podemos afirmar es que existe un ejército de documentadores, de captores de instantes, de narradores de la luz que dan doble vida a un momento: cuando lo registran por primera vez y cuando, tras resguardarlo como un patrimonio personal compartido, lo convocan de nuevo para el recuento. Así, transfigurado en latencia, ese instante sigue trazando el curso de la vida.
El binomio pasado-presente se articula en estas latencias. Imágenes de un tiempo pasado que no se agota y por tanto siguen presentes se encuentran en la exposición Hacer memoria, en la que el Centro de las Artes de San Agustín reúne el trabajo captado por 30 fotógrafos durante tres décadas. El doble momento —en el que fueron captadas y en el que se vuelven a mostrar, cinco, diez, quince, veinte años después— es una conexión a partir de la cual surgen preguntas para ambos tiempos. ¿Qué ocurrió cuando esas imágenes fueron tomadas y qué ocurre ahora? Las latencias se forman en esa vinculación y se posicionan como cuestionamientos. Frente a los sucesos, muchos de ellos trágicos, inesperados, que exhiben la vulnerabilidad social creada y permitida, una de las primeras preguntas es: ¿esto puede volver a ocurrir? Puede volver a ocurrir un deslave en la Sierra Mixe como el que desapareció a 11 personas en Tlahuitoltepec en 2010. ¿Se han realizado las acciones necesarias para evitar que Rojas de Cuauhtémoc vuelva a inundarse por el desbordamiento de un río como ocurrió en 2011?

Muchas otras latencias son advertencias que gritan sin titubeo: esto sigue pasando. Así lo hace la fotografía de Mayté López Regalado, representante de la comunidad muxe de Juchitán. En la imagen de Francisco Ramos se retrata a esta mujer en un terreno que muestra los escombros en los que un sismo convirtió una casa en 2017. Mayté fue asesinada el 10 de octubre de 2024.
Otras latencias son alertas, preguntas sobre lo que debió haber pasado y no pasó, como las investigaciones para determinar quién o quiénes fueron los responsables de armar a grupos delictivos, caravanas de la muerte, que atacaron a los pobladores durante el conflicto de 2006 y que fueron, y son exhibidos, en las imágenes de Luis Cruz.
Cuando no hay catástrofes o conflictos sociales sobre el terreno persisten las imágenes de las vidas arduas. Está la historia de dos niños que fueron enviados por su padre desde Estados Unidos en representación de la familia para entregar el premio de 30 mil pesos al equipo ganador de la competencia de basquetbol de su comunidad. Su padre, trabajador indocumentado en Estados Unidos, prefirió no viajar a México ante el temor de no poder regresar a su trabajo. Está también la imagen de Francisco y Maya, pobladores de la comunidad de Tres Picos, Santa María Chimalapa, junto a sus cuatro hijos, que hace latir la inmensidad de esas vidas lejanas.

Las latencias son también incógnitas, ¿qué camino seguirán estas historias que se han formado por siglos? como las que integran la serie Ydolatrías, de Baldomero Robles, en la que da cuenta del episodio ocurrido en 1700 que hoy se conoce como Los Mártires de Cajonos, en el que Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, fiscales católicos que sancionaron prácticas religiosas que consideraron indebidas y que eran realizadas por pobladores de San Francisco Cajonos, fueron enfrentados y degollados. La preocupación del fotógrafo, explica, es observar cómo esta historia “sigue transformando la vida de las comunidades de la Sierra Norte”. Busca con este trabajo “narrar cómo se fue colonizando la región para imaginarme cómo reinterpretar esta historia, a la vez reconstruyendo pasajes que no ocurrieron o momentos que sí ocurrieron y que los están representando actualmente”.
Como la latencia capturada en esta historia, quizá el fin de las imágenes de Hacer memoria sea seguir un curso en el que se interprete una y otra vez la historia que cuentan, un curso y no un fin que parece no llegar, como el que se adivina en otra de las fotografías de Francisco Ramos sobre la procesión de pescadores de Rincón Juárez, San Pedro Tapanatepec, que siguen y siguen su viaje en lancha sin llegar a tierra; sabiendo que aun cuando lleguen a tierra saldrán nuevamente la siguiente ocasión y así, quizá, lo seguirán haciendo hasta el año 2700, cuando, esperemos, aún haya alguien que pueda capturar ese momento.
