
Auxilian policías a joven localizado sobre calzada Madero
OAXACA, Oax. 22 de diciembre de 2025.- Durante la homilía del IV Domingo de Adviento, el Pedro Vázquez Villalobos, arzobispo de Antequera Oaxaca, convocó a la comunidad a preparar el corazón para el nacimiento de Jesucristo, más allá de los gestos externos propios de la temporada.
El prelado subrayó que el Adviento no se reduce a intercambios de regalos o expresiones sociales, sino a una disposición interior auténtica que permita recibir al Mesías con sinceridad, paz y alegría, desde una relación viva con Dios.
En su reflexión, destacó que los deseos de “feliz Navidad” deben brotar de un corazón transformado, capaz de dar testimonio de la presencia de Dios en la vida cotidiana, con palabras y acciones coherentes.
Al referirse a las figuras bíblicas del Adviento, recordó el papel de Juan el Bautista como quien prepara el camino del Señor mediante la conversión, así como el testimonio de María y José, modelos de fe, confianza y obediencia a la voluntad divina.
Sobre María, enfatizó su aceptación plena del proyecto de Dios pese a la incertidumbre y el riesgo personal, mientras que de José resaltó su justicia, su silencio y su apertura a la revelación divina, aun en medio del sufrimiento y la duda.
El arzobispo señaló que aceptar la voluntad de Dios no siempre resulta sencillo, especialmente cuando implica dolor o sacrificio, pero afirmó que la fe permite descubrir que Dios no abandona a sus hijos y permanece cercano en todo momento.
Exhortó a ofrecer palabras de aliento y esperanza a quienes atraviesan situaciones difíciles, evitando el juicio y promoviendo la solidaridad, al tiempo que animó a vivir la Navidad con alegría, confianza y gratitud por el don del nacimiento del Redentor.
Aquí su mensaje completo:
IV DOMINGO DE ADVIENTO
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
21 DE DICIEMBRE DEL 2025
Bendito sea Dios que podemos seguir caminando en este tiempo del Adviento, en la espera del Nacimiento de Nuestro Salvador. Este tiempo de Adviento nos prepara para vivir la alegría de la Navidad, Festividad que en la Iglesia la vivimos el día 25 de diciembre, pero desde el 24 por la noche, solemos reunirnos para conmemorar el Nacimiento del Señor. Dentro de unos días, en esta semana, viviremos la alegría de la Navidad.
Quiero que pensemos si realmente nos hemos preparado para recibir al Mesías, para que Jesús Niño nazca en nuestros corazones, porque no es preparar los regalos, nada más, porque en la familia organizamos un intercambio de regalos, o ahí donde trabajos, un intercambio de regalos y le pusimos hasta precio, de aquí para arriba, lo que puedas, de ahí para abajo, no, de esta cantidad para arriba, pero no exageres, porque si no, nos vas a dejar en vergüenza a los que respetamos la cantidad, entonces no exageres, no, no, tampoco, no exageres, sabemos que tienes bastante recurso, no vayas a exagerar, si nos traes a todos, bueno, entonces sí, exagera y nos traes a todos un regalito. No es nada más eso.
Tampoco es sólo decirnos, a través de los saludos “feliz Navidad”, eso fácilmente lo decimos o lo escribimos o mandamos una tarjetita, yo ya mandé una tarjetita, feliz Navidad, pero cómo sale esa frase de nuestro corazón, ¿sale de veras sintiendo la presencia del Mesías en nosotros? ¿de veras es una feliz Navidad, porque yo preparé bien mi corazón para que el Señor nazca? ¿Mis palabras y mis deseos son realmente sinceros? ¿salen del corazón?
Ojalá saliendo de este corazón que se ha dispuesto a recibir al Mesías, porque ha sacado de su interior lo que no son signos de luz, porque Él viene a traernos la luz, a traernos la paz, a traernos la alegría, a traernos el gozo.
Ojalá que en este corazón nuestro haya esa paz, esa alegría, ese gozo de sentirnos en amistad con Dios y en una buena relación con toda persona.
Han ido apareciendo en este tiempo del Adviento figuras, muy concretas. En su momento, Juan El Bautista, que prepara el camino del Señor, que invita al pueblo de Israel a reconocer sus faltas, sus errores y a pedir perdón y disponerse para recibir al Mesías, estando reconciliados con Dios, cambiando de vida.
Aparece también la figura, hoy, de María, pero también de José, aparecen esas dos figuras. Usted tiene muy en su memoria el anuncio que le hace el Arcángel Gabriel a la Virgen María: Dios te salve María, llena de Gracia, el Señor está Contigo y le anuncia el Arcángel que Ella va a ser Madre del Mesías y que va a ser fecundada por el poder del Espíritu Santo y que en Su Vientre va a tomar esa naturaleza humana el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad, va a tomar su ser de hombre y va a venir al mundo a salvarnos.
María es una prometida para ser esposa de José, pero Ella no puede hablar y decir lo que está pasando. Ella acepta la voluntad de Dios y le dice Yo soy la esclava del Señor, que se cumpla en Mí lo que me has dicho. No nos olvidemos de que era una jovencita, prometida en matrimonio, en el pueblo de Israel y yo creo que a la mente de María llegaron muchos pensamientos, ¿qué iba a pasar? Era prometida, pero estaba embarazada, por obra y gracia del Espíritu Santo, pero María confió en el Señor, María puso todo su ser al servicio de Dios, al proyecto de Dios y que Dios haga lo que tenía qué hacer.
José, el hombre justo y temeroso de Dios, amaba a María y se dio cuenta, dice el Evangelio, de que estaba esperando un hijo y comenzó a sospechar, ¿qué pasó? ¿qué paso con la doncella, con la jovencita, María de Nazaret, qué pasó, qué hizo? Y estaba en esos pensamientos, pero pensó que, a pesar de todo ello, no la iba a poner en evidencia, no iba a decir absolutamente nada, pero estaba sufriendo, estaba sufriendo y tal vez estaba molesto, porque en su pensamiento de hombre no había un comportamiento bueno de María, porque estaba esperando un hijo.
Interviene Dios, así como intervino Dios para decirle a María, el Espíritu Santo te va a fecundar y de Ti nacerá el Emanuel, el Dios con nosotros, a José, Dios se le revela y le dice: José, hijo de David, no dudes en recibir a María, tu esposa. El embarazo de Ella es obra del Espíritu Santo, nacerá un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados.
Dios se revela, Dios le aclara en la mente y en el corazón a José qué es lo que pasa en María, por qué su embarazo y, José, le recibe, le recibe, porque Dios tiene un proyecto para ellos dos, para María y para él, ser los padres de Jesús.
Por eso, porque José, de la descendencia de David, fue a empadronarse a Belén, y allí nació Jesús y, José, le puso el nombre, su nombre es Jesús. La vivencia de ellos dos fue una vivencia cargada de sufrimiento, pero también cargada de alegría. El Mesías tan esperado ya va a estar presente, es Jesús y, ellos, convivieron con Jesús.
Lo importante es saber aceptar la voluntad de Dios y, aquí quisiera que nosotros nos preguntáramos, ¿sabemos aceptar la voluntad de Dios?, creo que, mientras no nos complique la vida, sí la aceptamos, pero cuando nos complica la vida, cómo nos cuesta y, a lo mejor, hasta nos rebelamos. Somos hombres y mujeres de fe, mujeres y hombres de fe que confían en Dios, que saben que Dios va caminando con nosotros, que no estamos abandonados de Dios.
A veces lo que nos está pasando de sufrimiento, de preocupaciones, de angustias, pensamos que Dios nos ha abandonado. No, Dios no nos abandona, lo que pasa es que usted se ha debilitado en su fe, ahí es donde tenemos que decirle a Dios, Señor, cómo debo de vivir este momento, cómo debo de vivirlo, dime cómo, ilumíname, ilumíname.
Dios iluminó a María, Dios iluminó a José.
Que siga iluminando a María en su persona de mujer y que siga iluminando como hombre, como José, a su persona, pero necesitamos abrirnos, necesitamos solicitar de Dios que nos ayude a ser un discernimiento, que nos ayude a pensar como Él piensa. En esas preguntas que hacemos, por qué Señor, me está pasando esto… no reniegue, no reniegue, espera la respuesta. “Señor, si me vas a seguir probando en este sufrimiento, dame fortaleza”, y ayudemos, porque a veces no ayudamos a quienes sufren, porque cuando nos platican de sus sufrimientos a lo mejor les decimos, pues tú tienes la culpa, tú tienes la culpa de que estés sufriendo ahorita. Te descuidaste… no le ayudamos mucho, él sabe, él sabe que se descuidó, no necesita que nosotros le digamos, él lo sabe, hay que decirle otra cosa, “aprovecha este tiempo para santificarte, para acercarte a Dios, para pedir Su auxilio, Su fuerza, Su gracia, para vivir con alegría este momento, no desesperes, pero si nosotros le tocamos ese asunto: “por tu culpa, tú eres el culpable de todo esto”, ¿en qué ayudamos? Pues si él ya reconoce que es el culpable. No, llevémosle palabra de esperanza, palabra de aliento, démosle ánimo.
Dios ayudó a José en el sufrimiento, en la duda, en la desconfianza. Dios ayudó a José y le dijo: no estés dudando, no estés dudando. Lo que espera María es obra del Espíritu Santo y va a nacer de Ella el Salvador y tú le pondrás el nombre de Jesús.
Dios tiene una voz para usted, pero es necesario disponernos a escucharla. Tendremos que decir ¿qué me dices, Señor, ¿en este acontecimiento que estoy viviendo, en este acontecimiento familiar, qué nos dices?, queremos escuchar, pon en nuestra mente y en nuestro corazón lo que Tú quieres decirnos, lo que Tú esperas de nosotros en este momento. Hay que sentarnos y ser capaces de escuchar, a través de la fe, la Voz Divina. Dios tendrá un mensaje, porque Él no abandona a sus hijos: Yo estaré con ustedes todos los días.
No hay que vivir desanimados, desalentados, desilusionados, ¡no!, a pesar de todas las cargas y sigamos preparando nuestro corazón para vivir la alegría de la Navidad. El Dios Niño viene a nosotros, recibámoslo con amor, recibámoslo con alegría, gocemos con Él de Su presencia entre nosotros, tomó nuestra naturaleza humana, se hizo hombre como nosotros, en todo semejante a nosotros, menos en el pecado y vino a salvarnos movido por el amor.
Todos nos ha dado Dios y nos lo va a seguir dando en todo momento.
Que María, que se preparó al nacimiento de Su Hijo, nos siga ayudando a nosotros.
Que José, que dispuso también su mente y corazón para escuchar a Dios, nos alcance esas gracias que, en ciertos momentos necesitamos, porque a veces nos domina el pensamiento humano, no pensamos como hombres de fe, sólo pensamos con esta humanidad y esta humanidad es muy frágil, muy débil, pero la fe nos llena de esperanza, nos llena de ánimo, nos hace sentir la alegría de estar con Dios, eso es lo que necesitamos.
Sienta la alegría de estar con Dios y de estar cumpliendo Su voluntad, aunque a veces sea difícil esa voluntad divina.
Dios bendiga esta semana y Dios bendiga esa fiesta que vamos a vivir del Nacimiento de Nuestro Redentor.
Que así sea.