
Las pugnas arancelarias y el efecto Trump
Los primeros 100 días en materia de gestión gubernamental son, más que una medición de lo realizado, una representación simbólica de lo que se puede esperar de un gobierno que inicia sus funciones. Los primeros cien días tienen una representación histórica que está asociado a los días en que Napoleón reconstruyó a su ejército y retomar el gobierno después de su derrota en Waterloo. También está asociado al período de gracia que Rooselvelt instauró para aprobar las leyes que impondría para enfrentar la Gran Depresión Americana.
Así que los primeros días de un gobierno, específicamente los primeros tres meses y escasos 10, marcan la estrategia que definirá a un gobierno. Por sus acciones inmediatas, por las leyes que envíe al Congreso, por sus reformas administrativas, en suma, por lo que lo podría hacer diferente. En 100 días se pueden apreciar las políticas públicas que definirán al gobernante y al gobierno en turno, la capacidad de sus colaboradores, la interlocución política con sus adversarios, la relación con los medios, la distinción con el gobierno que le antecedió, en suma: como escribió Don Daniel Cossío Villegas, los primeros cien días definen el estilo personal de gobernar.
Y creo que, en Oaxaca, estamos perdidos si el estilo personal de gobernar de nuestro gobernador es pasársela pintando pasos peatonales, o ser entrevistado por los mismos interlocutores que se beneficiaron del pasado. ¿Hay errores en la estrategia de comunicación? Sí, cuando se revisan las notas y las fotografías, cuando se piensa que, por venir del Sur, y tener un lenguaje pseudointelectual, sin mérito ni éxito alguno en su actuar pasado se puede conquistar a quienes tienen historia, tradición y costumbre. Lo entenderá quien lo tenga que entender.
Los primeros 100 días se perdieron en un discurso vacío, hueco, sin contenido, sin forma y fondo. Y como decía Don Jesús Reyes Heroles, en política, por lo menos en la política mexicana, la forma es fondo. Y en el caso de Oaxaca, todo es amorfo: funcionarios sin experiencia en la administración pública, en la gestión pública, un gobierno ausente, sin una propuesta de política pública, sin programa de gobierno en materia social, económica o ambiental, o bueno, de movilidad urbana (por aquello de que les gusta pintar cebras), que es lo que se esperaría escuchar precisamente en el día 100: Lo que definiría a la llamada y sigo sin saber lo que implica o lo que quieran decir con eso, la autollamada #PrimaveraOaxaqueña.
Porque, lo que hasta ahora hemos visto, son muchas sombras más que luces, más fiascos que aciertos, más vueltas al parque que a un recorrido por las obras pendientes. Pero ello es consecuencia de la poca claridad gubernamental, de la incapacidad de los colaboradores para impulsar un programa de gobierno, aunque sea el de “Caminos del Bienestar”, que ya trae el Gobierno Federal; o ya, aunque sea “Tequio en tu calle”, “Pinta tu Cebra” o “Barre tu Puerta”.
Pero no, llegamos a los primeros 100 días y nos quedamos con lo de siempre, el discurso vacío, sin contenido, sin diferencia en las formas con el anterior o los anteriores, con lo que los haría diferentes. Llevaron al gobernador Salomón Jara a un evento en el que, al tener que anunciar algo, se conformó con el anuncio de la captura de un integrante del entramado que representa “El Cártel del Despojo”; y no precisamente lo que nos espera a los oaxaqueños en los próximos seis años, una revolución desde abajo para atender las causas de la pobreza y la migración en nuestro estado. Pero no hubo un anuncio de cuál es o cuál será la política social que defina al nuevo gobierno, al gobierno de la primavera.
La disputa en la que se encuentran inmersos los funcionarios públicos, los colaboradores de los equipos políticos en aras de posicionarse como los idóneos para las siguientes elecciones, hace que pierdan de vista que están primero para servir, ayudar, gestionar, colaborar y dar resultados al primer gobierno del presidente en Oaxaca. Mucho daño le hará al gobernador Jara que sus funcionarios sigan haciendo política, pero no hagan administración. Se puede hacer política, pero demostrando que son buenos administradores públicos. Anteponiendo el interés de que el gobernador Jara dé buenos resultados con políticas públicas atractivas al interés político de la siguiente elección presidencial.