
Las pugnas arancelarias y el efecto Trump
OAXACA, Oax., 15 de octubre de 2017.- Un buen número de años que terminan en ‘7’ han sido y continuarán siendo simbólicos en la historia moderna de México y Oaxaca.
En el año 1847, un valeroso grupo de diputados federales liberales, entre ellos don Benito Juárez (a sus 41 años de edad), dio fin a una década de constituciones centralistas y repuso en vigor la Constitución de 1824.
Además, le agregaba el Acta de Reformas que incluyó un catálogo de garantías individuales y la promesa del juicio de amparo. Todo ello mientras el ejército estadounidense invadía el territorio nacional.
En el año 1857, los liberales, radicales y moderados, aprobaban la Constitución que consumó la lucha de los revolucionarios de Ayutla, Guerrero, entre ellos Benito Juárez, en contra de la dictadura de Antonio López de Santa Anna.
Más aún, ese texto estableció las bases del sistema jurídico moderno de México y ante él habían de reaccionar los conservadores y liberales moderados que sumieron al país en el caos.
En 1867, luego de una guerra civil y otra internacional, en las que Juárez y Porfirio Díaz habrían de comandar la defensa de la Constitución y la salvación del país, la República quedaba restaurada, aunque en su seno las ambiciones por la presidencia de esa República la trocaron en “dictadura constitucional” prolongada por tres décadas.
En 1917, después del movimiento político de Francisco I. Madero y la revolución social de Villa y Zapata en contra del orden porfiriano, Venustiano Carranza y otra generación de liberales fijaron en una nueva Constitución el programa social y político del México del siglo 20.
Otra vez, las ambiciones caudillescas de los militares revolucionarios triunfantes conduciría al encono y el magnicidio (de Carranza y Obregón). De allí, de 1929 en adelante, la prioridad de la estabilidad y la institucionalidad supuso despriorizar los derechos y libertades individuales a cambio del progreso de todos.
El año 1957, la del otro terremoto, que anunció la huelga de los ferrocarrileros y advirtió lo que una década después los estudiantes sellaron con su sangre: el inicio del fin del “milagro mexicano”, paralelo a las llamadas “dos décadas americanas” (la de los años 50 y 60) que regó recursos por todo el continente.
Así, en 1977 fenecía el ciclo referido y se abría otra etapa que parece concluir 40 años después.
En aquel tiempo, la reforma política motivaría la apertura gradual del sistema político a la pluralidad y la diversidad, que en 1987 unificaba a la izquierda partidaria para competir en serio por el poder y oponerse a la liberalización económica y comercial.
En todo este decurso simbólico mexicano de más de siglo y medio, 2017 clausura con obras conmemorativas y dramáticas varios de aquellos ciclos: largos, medianos y cortos.
Primero: Clausura el ciclo largo, inaugurado en 1847 (Acta de reformas y cancelación del centralismo), confirmado en 1857 (triunfo de la revolución de Ayutla y la Constitución federal) y consolidado entre 1867 (restauración de la República) y 1917( triunfo de la revolución y la Constitución social), que se extendió hasta 1997 (inicio de la pluralidad y gobiernos divididos).
Ese ciclo consistió en la construcción del estado de legalidad positivista y el presidencialismo en un sistema político cerrado y sin competencia real. Esa fórmula, con todas sus luces y sombras, poco a poco sería reemplazada por otra: la del estado constitucional, el de los derechos, deberes y garantías, que aún tardará en cuajar.
Segundo: Clausura el ciclo medio de la lógica económica neoliberal, ya anunciada desde 1987 (control del PRI por su ala liberal internacionalista), profundizada a partir de 1997 (compromisos post-crisis financiera) que luego de 2007 desembocó en la “Gran Recesión”, (a manos de “Los lobos de Wall Street”), que pone en duda la viabilidad del modelo librecambista en el Hemisferio Occidental, del Brexit a Trump.
Tercero: Clausura el ciclo corto del intento mexicano sexenal de persistencia en el pragmatismo de la liberalización, el control político reconcentrado y la mínima compensación social.
Pero, a la vez, 2017, el de las conmemoraciones constitucionales, abre con espasmos geológicos y acciones sociales de presión la ventana de oportunidad del futuro y nuevos ciclos políticos, económicos, sociales, culturales y jurídicos.
Abre la ventana del equilibrio táctico y la diversificación económica estratégica internacional y nacional para recuperarse de la dependencia del TLCAN y el grave desequilibrio social y regional, porque otros mundos también existen y los de abajo y los del Sur de México también coexisten.
La ventana del re-equilibrio político entre federación y entidades federativas, y entre éstas y el ámbito municipal. El re-balance entre poderes y órganos autónomos de garantía. En particular, los controles entre poder gubernamental, poder corporativo y poder ciudadano
El futuro post 2017 pasa por el proceso electoral 2018, prolongado, competido, inédito y cargado de riesgos en muchos sentidos. ciertamente. Pero, en particular, transita en forma paulatina nutriendo una nueva condición de conciencia social, participación política y vida institucional. Más vale que así sea.
Pasa por los contenidos de la Constitución y la Convención. Camina por el sentido común de la voluntad popular y la racionalidad civil. La libertad y necesidad de la vida diaria. La solidaridad y la justicia indispensables.
Que el Centenario de la Independencia, en 2021, y el Centenario de la Constitución de Oaxaca, en 2022, signifiquen los años en que los ciclos cerrados y abiertos por los años con “7”, como el de 2017, comienzan a rendir mejores frutos.
Recordar los años ‘7’, el de las constituciones y los sismos del Sur, a la vez que celebrar el comienzo de la reconstitución real de México, y no lamentar más su desconstitucionalización.
Se trata de la reconstitución de todo México, y no solo el de unas regiones y tampoco el de unos cuantos. Más bien y lo más posible: el México de todos, el de las mayorías y el de las minorías.
Esa gran promesa incumplida de la democracia constitucional que deberemos consolidar.