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Foto: Ambientación

Los cien días: el inicio 

Cipriano Flores Cruz 
 
| 19 de Marzo de 2017 | 9:50
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OAXACA, Oax., 19 de marzo de 2017.- En el rostro del joven gobernador se notaba el asombro, no podía ser posible, había trabajado con ahínco, con tenacidad, con la enorme voluntad de ganarse, en lo inmediato, a los otros 70% que no habían votado por él, además de la gran masa de abstencionista que no fueron convencidos por ninguno de los candidatos, acompañado en el mismo tenor de su fiel compañera de vida y de hogar.

No era posible que el pueblo oaxaqueño en lo general, el estamento político, los partidos políticos, los sindicatos, los dirigentes de las organizaciones sociales, su propio partido con sus sectores y organizaciones, no reconocían a plenitud el enorme esfuerzo desplegado durante los cien días de inicio de gestión.

Cómo era posible que después de haber evitado la reducción del presupuesto del Estado y que por el contrario haberlo aumentado, haber evitado que el Estado se desfondara aún más después del desastroso gobierno entre aceites y vinagres, de haber ahorrado millones de pesos mediante en la compra consolidada de medicinas para los hospitales y centros médicos que lastimaban a los grupos más vulnerables y pobres del Estado que podía haber estallado y convertirse en problema de gobernabilidad,  después de haber asegurado la terminación de las supercarreteras al Istmo y a la Costa, de haber reactivado las Unidades Móviles destruidos por el gobierno de la Alianza, de haber logrado que el gobierno federal volteara hacia Oaxaca con todo su poderío, de haber evitado una crisis social de grandes dimensiones, no sintiera el respaldo de su pueblo y arropamiento de su partido, de los sectores del propio partido, de la prensa, de los medios de comunicación en general, de las redes sociales, simplemente no era, no fue, ni es explicable.

Ante este raro fenómeno, tarde, sus colaboradores y compañeros de gobierno intentaron, sin éxito, reconocer al gobernador su trabajo, su enorme voluntad de cambiar la realidad de los oaxaqueños, para el colmo, hoy somos el Estado más pobre de la República. Alejandro Murat no se explicaba esta situación, porque a pocos metros de distancia y a los pocos días, las movilizaciones, las masas, los líderes no reconocían el esfuerzo de su gobierno, por el contrario es sujeto del mayor de las ofensas, “Gabino no se ha ido”, “no hay cambio alguno,” fueron más menos el sentir de la gente, o calificarlo de “Alejandro el chico” en remembranza del gran conquistador Alejandro el Grande.  Para el colmo,  se evitan las voces disidentes en el Congreso al no permitir el posicionamiento de uno de los diputados de MORENA. Simplemente esto es irracional, no tiene lógica. Un gobernador que no buscaba sólo el poder sino la gloria vivía en la perplejidad.

Es indudable, algo está mal en su gobierno,  algo no funciona, algunos pueden aventurar la hipótesis de que no sabe comunicar sus logros, en los gobiernos de opinión esto es fundamental,  podemos aventurar, por nuestro lado, podemos deslizar  algunos elementos que nos ayuden explicar el fenómeno. En primer lugar,  es justo reconocer que Alejandro Murat es una persona preparada, con capacidad para conducir las riendas del Estado, que tiene buenas intenciones para con los oaxaqueños, que es trabajador y responsable, que tiene don de mando, noble de corazón. Entonces el gobernador no es el problema, el problema está fuera de él o está acotado, no es libre, algunos más sostienen que es debido a su desconocimiento de Oaxaca y de los oaxaqueños, aún más desconoce la naturaleza del político oaxaqueño, siempre aspirante, siempre arribista, con doble moral y poca capacidad política y de gestión, siempre demandante hasta vaciar las arcas públicas, con una capacidad increíble de formar grupos y organizaciones, se dice, mitad broma mitad en serio, pon a tres oaxaqueños y saldrán cinco organizaciones.

En segundo lugar, el mayor de los problemas del gobernador es la influencia de su padre, nadie puede desconocer que José Murat fue el principal impulsor para obtener la candidatura y factor para ganar el cargo. La influencia del padre puede originar, por demás sería muy lamentable para Oaxaca y para el propio gobernador, dos situaciones: la existencia de un poder dual, áreas dominadas por el papá y áreas dominadas por el gobernador. Hemos hecho un pequeño sondeo sobre la existencia de esta situación y varios opinan que la relación de las áreas de influencia de ambos, es de 80% a 20 % a favor de Murat padre. Situarse bajo este escenario sería terrible para el gobernador, para mi gusto, es su deber deshacerse de todos los funcionarios impuestos por el padre o exigirles plena lealtad,  tomar el timón del gobierno y ser el único responsable del poder del Estado oaxaqueño. Ya lo establece la Constitución, el Poder Ejecutivo del Estado se deposita en un solo individuo llamado gobernador. De aquí gran parte de su falta de reconocimiento.

La otra situación que puede originar es mucho peor que la anterior: la total subordinación del gobernador hacia el exgobernador. Esta situación lo vivimos con Gabino Cué por su subordinación hacia Diódoro Carrasco, por esta razón el sexenio de Gabino Cué un sexenio perdido para Oaxaca y los oaxaqueños. Las consecuencias de este posible escenario sería fatal, los funcionarios  irían más a Chapultepec Morales que a palacio de gobierno, como ya está sucediendo.

Al estar esta situación en el imaginario colectivo de la opinión pública poco reconocimiento le otorgan a Alejandro Murat como el gobernador del Estado. Incluso, algunos forjadores de opinión y políticos oaxaqueños ni se atreven plantear esta hipótesis por el temor de ser llamados a cuentas en Chapultepec Morales.

Por consecuencia de lo anterior, la integración del equipo de trabajo no estuvo en manos del gobernador en su totalidad, por eso, al no existir unidad de mando, lealtad hacia una sola cabeza, responsabilidad sólo hacia quien lo nombró, pronto la unidad del equipo de trabajo se quebró, la jerga popular ya los conoce como los yopes contra los yupis, relacionándolos por su origen y cultura. Me gusta más una clasificación de tradicionalistas contra modernizadores. Debo decir, en justicia que entre ambos grupos existen personas capaces y honestas, pero que a falta de espíritu de cuerpo le están haciendo daño al gobernador y a Oaxaca.

También, posiblemente, la dualidad del poder, no ha permitido plantear un proyecto de gobierno acorde a la realidad oaxaqueña. Querer hacer de los ejes anunciados y enunciados  como el rumbo que debe tomar el gobierno es demasiado pobre a mi parecer, es confundir una división de un programa administrativo con un proyecto de gobierno. Se necesita de una verdadera filosofía de gobierno, de un proyecto político y de poder a largo plazo, se necesita abrevarse de la experiencia oaxaqueña a través del ejercicio de la Comunalidad, Bolivia y Evo Morales nos están demostrando que si se puede.

Para tener una mejor apreciación y reconocimiento del pueblo, se hace indispensable resolver los problemas que generan la constante movilización de las masas  que causan molestar y que se transmite por las redes sociales, la operación política tiene que funcionar sino funciona pues el cambio se hace indispensable y sin piedad, las razones de Estado no se discuten se imponen.