
Ilustra Melissa Pérez Segnini colección Cómoda de Pro Femme
XXIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
DÍA MUNDIAL DE LAS MISIONES
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
19 DE OCTUBRE DEL 2025
Encontremos en la Palabra de Dios motivaciones todos nosotros en este día domingo, Día del Señor. La Iglesia Universal celebra hoy el Día Mundial de las Misiones. Todos estamos comprometidos desde el día de nuestro bautismo a ser misioneros, misioneros. No solamente pensemos en los hombres y mujeres que se van a diferentes pueblos y naciones a predicar el Evangelio, a vivir su fe en medio de pueblos, porque tal vez esa imagen que teníamos desde niños, todavía sigue ahí, en nuestra mente. Cuando nos hablaban de las misiones, luego pensábamos en otra tierra, no en la nuestra, en otra tierra, en otros lugares, en otras familias, pero no en nuestra persona, pero no en nuestra familia, pero no en nuestra comunidad.
Por gracia de Dios, tal vez todos nosotros nacimos en una familia que tenía fe, en una familia de bautizados. Una gracia que Dios nos concedió y que, tal vez, no hemos sabido agradecer a lo largo de nuestra vida.
Entonces, cuando se hablaba de las misiones pensábamos en África, aquí está un sacerdote de África, el que proclamó el Evangelio, de Angola. Están dos sacerdotes de Indonesia, está un sacerdote del Salvador y están tres sacerdotes de México.
Entonces pensamos en las misiones y pensamos en el extranjero. Aquí tenemos que ser misioneros y no solamente orando por los lugares donde se tiene que anunciar el Evangelio y luego ¿en el de nosotros no se anuncia el Evangelio?, en nuestro pueblo, en nuestra ciudad ¿no se anuncia el Evangelio?
En los barrios, en las diferentes parroquias, ¿no se anuncia el Evangelio? Se tiene que anunciar el Evangelio en todo lugar y en todo momento. Entonces, tome conciencia, usted y yo somos misioneros, somos misioneros y tenemos que cumplir con la misión que Dios nos ha encomendado a todos, vayan por el mundo y anuncien el Evangelio, vayan por el mundo.
Aquí nos visitan muchas gentes, tal vez ahorita hay bastante gente de otros lugares, del país y del extranjero, venga a visitarnos y anuncie el Evangelio y, nosotros, que vivimos aquí, anunciemos el Evangelio, anunciemos el Evangelio y ¿cómo se anuncia el Evangelio? Viviendo, viviendo evangélicamente, haciendo lo que Nuestro Señor nos dice en el Evangelio. No queremos que se lo aprenda de memoria, queremos que lo vaya viviendo, que lo vaya viviendo y su testimonio de vida tiene que tocar el corazón de los alejados, de los bautizados que se han alejado de la vivencia de la fe. Tenemos que atraerlos, tenemos que hacer algo, lamentarnos no sirve de nada, decir por ejemplo: que nuestros niños sólo los encontramos mientras se preparan a su comunión y a su confirmación y después ya no los volvemos a ver.
Papás, evangelicen a sus hijos evangelícenlos, que también ellos los miren a ustedes, que no solamente se dedique usted, papá, mamá, a mandar a su hijo, “hijo, es domingo, no se te olvide ir a misa”, con frecuencia no decimos: “hijo, es domingo, vamos al encuentro del Señor, vamos a celebrara la Eucaristía, vamos a recibir esa gracia y esa fuerza que necesitamos y que viene de Dios para que, en esta semana, nos vaya bien”. No, no decimos “vamos”, decimos “vayan, no se les olvide ir”…¿y tú, papá, a qué horas vas y tú, mamá, a qué horas vas? ¿a qué horas? Me mandas a mí, ¿por qué no vamos juntos? – “no, yo tengo mucho quehacer, muchas ocupaciones” y los únicos que están con el tiempo son los hijos, mira qué curioso y si le dicen que vaya a trabajar usted dice “no, hoy es domingo, hoy no se trabaja”… se defiende, se defiende.
Anunciemos el Evangelio, seamos evangelizadores.
A mí me da mucha alegría que estén aquí, porque han venido como peregrinos tomando conciencia de su ser de misioneros, me llena de alegría eso, pero no solamente hoy, diga a Dios, soy misionero, también mañana, también mañana dígale que usted es un misionero y que aprovecha todas las oportunidades para tocar la mente y el corazón de las personas con las que usted se encuentre.
Hay que anunciar y denunciar, decía hace un momentito la Palabra de Dios. Hay que corregir, hay que llamar la atención, con la Palabra Divina, con el Mensaje Divino, pero hagámoslo, seamos mensajeros del Evangelio, seamos anunciadores de la Palabra de Dios, con nuestra vida. Usted viva agradando a Dios con sus obras y ahí está el anuncio del Evangelio, porque más de uno le va a preguntar ¿oye por qué tú vives así, por qué tú te esfuerzas?, porque tengo que amar a Dios y tengo que vivir como Él me manda, como Él me dice.
Usted va a evangelizar y va a pronunciar mensaje y va a llegar al corazón de las personas y tal vez ese mensaje les cambie el corazón, les cambien las actitudes.
Vi hace un momentito muchos jóvenes. Jóvenes, vayan en busca de los jóvenes, ustedes los conocen, ustedes saben donde se juntan en su barrio. Vayan ahí, convivan con ellos, háganles sentir su amor, su cariño, a todos y, poquito a poquito, los vas a hacer amigos y se van a ir comprometiendo como tú te has comprometido.
El compromiso que tú tienes no te llegó así de un día para otro, no, fue un proceso. Pues también aquellos jóvenes necesitan tal vez del mismo proceso que tú has llevado, ve y ayúdales para que vayan en ese proceso y, en algún momento, se comprometan con el Señor.
Usted también vaya y encuéntrese con el compañero del trabajo y en ese proceso de vida usted motive a su compañero para que también él tenga ese proceso de encontrarse con Dios, de buscar a Dios, de ser mejor.
Evangelicemos, evangelicemos.
El Evangelio de hoy tal vez nos haga pensar, no se le olvide su vivencia de fe, su vivencia de fe tiene que ser muy grande. Al final del Evangelio el Señor cuestionaba: cuando venga el Hijo del Hombre ¿va a encontrar fe en la tierra? Nosotros mismos, en este caminar, decimos, los mayores dicen, ya no es como antes, ya no se vive como antes y en todos los aspectos y si entramos en el campo de la fe decimos, ya no, cuántas personas se han alejado de Dios, ya no hay fe, ¿qué ha pasado? ¿por qué nos hemos alejado? ¿por qué sólo buscamos a Dios en momentos de gran necesidad? ¿por qué no buscamos a Dios también en los momentos de alegría, de gozo, para decirle gracias, porque hoy soy feliz, porque hoy estoy alegre? ¿por qué solamente buscamos a Dios cuando estamos enfermos, cuando estamos necesitados, cuando no tenemos un trabajo, cuando no tenemos recursos, cuando tenemos problemas? ¿por qué? ¿por qué nos movemos en busca de Dios sólo en esos momentos? Y en los demás como que nos olvidamos.
No nos debemos de olvidar de Dios en ningún momento de nuestra vida y también quisiera que no pasáramos la vida culpando a Dios de lo que pasa en nuestros pueblos y en nuestras sociedades. No culpemos a Dios y no digamos “si Dios existiera esto no pasaría, las guerras, los asesinatos, las tragedias. Si Dios existiera, esto no”¿Entonces Dios no existe? No espérame, por qué culpas a Dios. Hay guerras en el mundo, por qué no hay paz, porque el hombre no quiere. ¿Qué Dios no quiere paz? Sí, siempre quiere paz, pero el hombre no quiere paz, los gobernantes no quieren paz, los violentos no quieren paz. No es que Dios no quiera… pero Dios tiene poder, Dios tiene esto, Dios tiene aquello, ¿por qué no hace esto? Dile a este por qué sigue siendo violento, por qué le sigue quitando la vida al otro, por qué sigue robando, por qué sigue maltratando, por qué sigue humillando, por qué sigue sintiendo que él es el único poderoso. Ve y díselo a él, no se lo reclames a Dios, díselo a él.
Y no nos vayamos tan lejos, nuestro Oaxaca, ah cómo hay pleitos, se pelean por un cerro y el cerro ahí se queda y el pleito ahí está. No nos entendemos, no queremos entendernos y culpamos a Dios. Qué fácil es culpar a Dios cuando nosotros somos los responsables, somos los responsables.
Que Dios tenga misericordia, no nos olvidemos del poder de la oración, lo que decía la primera lectura. Mientras Moisés oraba a Dios con los brazos extendidos, Israel iba ganando la lucha, si se le bajaban los brazos, Israel comenzaba a perder la lucha. ¿Y qué hicieron dos hombres? Sostuvieron los brazos de Moisés para que siguiera orando con los brazos extendidos y así, poder ganar.
¿Por qué no nos juntamos y nos detenemos nuestros brazos en la oración ante los conflictos, ante las necesidades, ante los problemas, por qué no extender nuestros brazos y sostenernos unos y otros en oración? ¿por qué no decirle a Dios que queremos que Su mensaje llegue a todos los rincones del mundo y que llegue a todas nuestras ciudades y barrios, por qué no nos ponemos con los brazos extendidos y nos ayudamos a hacer oración y que no se bajen nuestros brazos, que no desmayemos en nuestra oración, que no desmayemos en la confianza en Dios?
No dude, no dude, Dios le escucha, Dios le escucha, Dios le concede, pero aprenda a leer qué le va concediendo Dios, tal vez no lo que usted le está pidiendo, le está concediendo otros detalles, otras cosas que realmente necesita.
Dios obra en usted, es su hijo usted, no se olvida.
Que sigamos comprometidos con el Señor en nuestras diferentes comunidades, porque sé que han venido de diferentes comunidades, comprometidos en sus asociaciones, en sus grupos, muy comprometidos y sigamos llevando el Evangelio con alegría, con gozo y dejando en Dios todo en Sus manos, porque la obra es divina, no es nuestra, es de Dios. Nosotros somos sólo el instrumento. Hoy Dios necesita de su voz para hablar, hoy Dios necesita de sus oídos para escuchar, hoy Dios necesita de sus manos y sus pies, necesita de todo su ser, se quiere valer de usted, dígale, aquí estoy, Señor, mándame, envíame, quiero ser tu misionero, quiero llevar Tu mensaje, quiero tocar el corazón de mi hermano. Válete de mí para tocar el corazón y Dios lo hará, confíe, confíe y, con alegría vivamos, sigamos siendo misioneros, sigamos llevando la Palabra de Dios a nuestros hermanos.
Que así sea.