OAXACA, Oax., 10 de febrero  de 2019.- El martes 5 de febrero México celebró el 102 aniversario de la Constitución de 1917 y el titular del Poder Ejecutivo, Andrés Manuel López Obrador entregó un importante mensaje

Ese mismo día, en los Estados Unidos, su Presidente, Donald Trump honró con su informe a la nación el texto fundante de 1787.

Si en forma y contenidos los dos discursos fueron diferentes, en sus significados coinciden en varios sentidos.

Desde luego, las diferencias están en que cada uno respondió a su propio motivo y retos nacionales.

Mientras López Obrador se refirió a las luchas anti corrupción e inseguridad, Trump destacó sus logros en cada rubro relevante de su gobierno.

Si AMLO enfatizó sus esfuerzos incipientes, Trump subrayó su lucha contra la inmigración ilegal, el tráfico de personas y el crimen internacional.

Si uno quiere frenar la emigración, el otro insistió en consolidar el muro fronterizo en donde aún no lo hay.

Pero los dos significan lo mismo: los dos suponen privilegiar lo mejor del pasado y asegurar un mejor futuro.

Los dos transmiten su preocupación por la gente común y ciertos valores morales. Los dos pretenden reforzar los bienes y debilitar los males.

En particular, AMLO pasó el mensaje de que la Constitución de 1917 sigue vigente pese a todos sus remiendos y dejó al futuro la posibilidad de que la 4T, como las tres Ts previas, se exprese en una asamblea constituyente y un nuevo texto refundacional.

Trump, mientras tanto, enfatizó su estrategia de negociaciones comerciales tanto con China como con México para proteger su industria, propiedad intelectual, infraestructura, inversiones y empleo, bajar los costos de las medicinas y la salud e incrementar las energías y poderes de sus compatriotas.

Llamó a terminar guerras sin fin, a la unidad nacional y a revalorar el papel decisivo de su país en grandes eventos históricos globales: de la 2a Guerra Mundial y a la conquista de la Luna a su modelo de libertades esparcido por el planeta, y que considera traicionado por Maduro en Venezuela.

Convocó, por ende, a un nuevo tiempo americano, contrariamente a quienes lo ven agotarse sin remedio.

En México, al mismo tiempo, es sabido que el agotamiento gradual de uno de los más eficaces regímenes políticos del siglo 20 -el del PRI- no ha podido ser superado y amenaza con viciar con sus peores legados el horizonte del futuro.

Es aquí en donde los mensajes de AMLO y Trump se identifican.

Los abusos propiciados por el modelo neoliberal benefició a sectores aventajados y dañó a mayorías sociales en los dos países pervirtiendo al propio sistema político.

En los dos países sus respectivos presidentes no identificados con los partidos dominantes durante el ciclo neoliberal pretenden transformar esos sistemas y sus contextos.

Sin embargo, los dos operan bajo paraguas histórico institucionales que incluyen límites e instrumentos, que pueden no ser idóneos o suficientes, para erradicar los males y provocar los bienes.

En síntesis: no habrá transformación sin Constitución. Ya sea la vigente en Estados Unidos o en México, o bien la que sus respectivos pueblos opten por reescribir.