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OAXACA, Oax. 11 de marzo de 2026.- Los mitos y la cosmovisión de los antiguos Binnigula’sa’ -nombre con el que se autodenominaban los zapotecos en tiempos prehispánicos- siguen vivos en la obra del artista oaxaqueño Víctor Cha'ca. Así lo planteó el arqueólogo Robert Markens, investigador del Instituto Welte para Estudios Oaxaqueños, durante la conferencia Los mitos de los antiguos Binnigula’sa’ en la obra de Víctor Cha’ca, realizada en el marco de la exposición Terremoto.
Especialista en el estudio del poder político en la época prehispánica de Oaxaca —y en la manera en que este se expresa en los edificios públicos y en la planeación urbana— Markens explicó que muchas de las piezas de Cha’ca dialogan con antiguas concepciones mesoamericanas sobre la relación entre los seres humanos y el mundo natural.
Uno de los ejes centrales de la charla fue el nahualismo, la idea de que cada persona puede compartir su esencia con un animal protector o alter ego. “El nahualismo es el aspecto de un alter ego o de un compañero que nos acompaña en la vida; muchas veces es un animal, en este caso un jaguar”, explicó el arqueólogo.

De acuerdo con Markens, esta noción aparece en numerosas culturas mesoamericanas y refleja una visión del mundo distinta a la de la tradición occidental. “En los mitos zapotecos, mayas o mexicas los animales hablan con los seres humanos. Hay diálogos entre ambos que no encontramos en la Biblia, y eso nos permite entrever una cosmovisión muy distinta de la nuestra”, señaló.
El investigador subrayó que, para muchos pueblos de América, no existía una separación radical entre sociedad y naturaleza. En cambio, predominaba una relación de continuidad entre humanos, animales y paisaje.
Ese vínculo también se refleja en la organización del poder político en ciudades como Monte Albán, donde los gobernantes se asociaban simbólicamente con el jaguar, animal situado en la cima de la cadena alimenticia y símbolo de protección y autoridad. La elección de este nahual reforzaba la idea de que los gobernantes eran responsables de resguardar los recursos de la comunidad.
Markens explicó que dentro de la cosmovisión mesoamericana los cerros tenían un significado especial, pues se concebían como depósitos de agua y de abundancia. “Pensaban que dentro de los cerros estaban todos los animales que iban a cazar y todas las plantas agrícolas, desde el maíz hasta el frijol y la calabaza”, comentó. Desde esta perspectiva, ubicar los centros ceremoniales en elevaciones no era casual, sino parte de una concepción simbólica del territorio y del poder.
La conferencia también abordó el papel del calendario ritual de 260 días, utilizado por diversas culturas mesoamericanas. Muchos de sus signos estaban representados por animales como el venado, el conejo o el mono y servían para nombrar a las personas según el día de su nacimiento, reforzando así la conexión entre identidad humana y mundo natural.
La obra de Cha’ca, explicó Markens, retoma estos elementos para reinterpretarlos desde el presente. “Existe una continuidad entre el ser humano y los animales que están presentes en su entorno. Por eso abunda en las sociedades americanas el concepto de nahualismo, donde uno puede compartir su esencia con otro animal protector”, afirmó.
La conferencia mostró cómo el arte contemporáneo puede dialogar con la arqueología y la historia para reactivar antiguos relatos. En las piezas de Cha’ca, marcadas por la memoria y la experiencia del terremoto, los mitos de los antiguos Binnigula’sa’ reaparecen como parte de una tradición cultural que, lejos de desaparecer, sigue transformándose.