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OAXACA, Oax. 26 de septiembre de 2026.- La inteligencia artificial ya interviene en la información que consumen las personas, las oportunidades laborales y múltiples decisiones cotidianas, por lo que preservar el criterio humano frente al avance tecnológico será uno de los grandes retos de los próximos años, planteó Alexandra Uribe Coughlan durante su visita a Oaxaca.
La directora de la Licenciatura en Ciencia Política del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) impartió la conferencia IA: ¿Quién decide el futuro?, como parte del encuentro ITAM en Oaxaca, realizado en City Centro by Marriott con estudiantes de preparatoria, familias y representantes de la institución.
Uribe Coughlan sostuvo que el desarrollo de sistemas capaces de procesar grandes cantidades de información y actuar con grados crecientes de autonomía obliga a discutir no sólo qué puede hacer la inteligencia artificial, sino quién establece sus límites y quién asume la responsabilidad por sus decisiones.

“Nunca debemos dejar que la tecnología tome la última decisión”, advirtió al explicar que los algoritmos pueden ampliar capacidades humanas y resolver problemas complejos, pero también reproducir sesgos o intervenir en ámbitos sensibles si se utilizan sin controles adecuados.
La académica expuso que la inteligencia artificial ya participa en procesos relacionados con el consumo de información, recomendaciones, selección de oportunidades y distintas actividades profesionales, de ahí la importancia de que las personas comprendan cómo funcionan estas herramientas y mantengan capacidad crítica frente a sus resultados.
También señaló que sus beneficios pueden ser extraordinarios en campos como la ciencia, la investigación o la búsqueda de nuevos tratamientos médicos, pero consideró indispensable establecer responsabilidades cuando estas tecnologías inciden en decisiones que afectan directamente a las personas.

Para la especialista, el reto no consiste en frenar el desarrollo tecnológico, sino en construir reglas que permitan aprovechar sus beneficios sin trasladar a los sistemas automatizados decisiones que corresponden a los seres humanos.
Uribe Coughlan es economista por el ITAM, maestra en Relaciones Internacionales por New York University y candidata a doctora en Ciencia Política por esa misma institución. Su trabajo académico aborda, entre otros temas, la relación entre tecnología, desarrollo político, economía, representación y democracia.
Su conferencia formó parte de una jornada con la que el ITAM acercó su oferta educativa a jóvenes oaxaqueños interesados en continuar sus estudios universitarios.

Durante el encuentro, estudiantes y familias pudieron conocer de manera directa los programas académicos, procesos de admisión, esquemas de becas y financiamiento, intercambios y aspectos relacionados con la vida universitaria de quienes se trasladan a la Ciudad de México para estudiar.
Participaron también directores de distintas licenciaturas del instituto, entre ellos Javier Medrano, de Administración; Ana Zorrilla, de Derecho; y Arturo Aguilar, de Economía, quienes conversaron con los asistentes sobre perfiles profesionales, oportunidades académicas y perspectivas de cada carrera.
La presencia del ITAM en Oaxaca permitió así combinar la orientación vocacional con una discusión sobre los cambios que la inteligencia artificial comienza a provocar en las profesiones y en la formación de nuevas generaciones.

Uribe Coughlan destacó que, frente a herramientas capaces de realizar cada vez más tareas, las capacidades humanas vinculadas con el análisis, la formulación de preguntas, el pensamiento crítico y la responsabilidad adquirirán mayor relevancia.
Gobiernos, empresas, universidades y sociedad, consideró, deberán involucrarse en la construcción de reglas para el desarrollo de la inteligencia artificial, mientras que desde las aulas será necesario formar profesionistas capaces no sólo de utilizar la tecnología, sino de cuestionarla y decidir cómo debe ponerse al servicio de las personas.
La pregunta que dio nombre a su conferencia dejó para la reflexión que la inteligencia artificial podrá transformar numerosos ámbitos de la vida, pero decidir el rumbo y establecer sus límites debe seguir siendo una responsabilidad humana.