
La esperanza de libertad resiste
En el régimen presidencial tres funciones o responsabilidades recaen en el presidente: jefe de Estado, que obliga a ver por todos y todas las instituciones y poderes; jefe de gobierno, que implica dirigir la administración pública y el gobierno como tal; y líder del partido, tarea que realiza la organización mediante el debate político, la coordinación legislativa y el posicionamiento público en temas relevantes. Realizar las tres tareas implican tensiones, especialmente entre las dos primeras y la última. Ver por el buen gobierno o por la totalidad conlleva distancia obligada sobre la parcialidad que entraña su propia organización.
Todos los presidentes han tenido dificultad para lidiar con su partido. Para Salinas, el resultado de su elección fue evidencia de que el PRI ya había dado de sí. Encomendó al Luis Donaldo Colosio transformarlo para hacerlo electoralmente competitivo. Las buenas cuentas y el dominio presidencial generaron en Salinas el deseo de cambiarlo y volverlo el partido de la solidaridad: el paso del tiempo y la gestión de Colosio, Beatriz Paredes, Carlos Rojas y Genaro Borrego, entre otros, le disuadieron de tal cometido. Que Colosio fuera candidato resolvía para Salinas el futuro del PRI.
Zedillo llegó a la presidencia en condiciones inéditas por su independencia de la clase política y del mismo partido. Una persona formada en el Banco de México y en la disciplina económica fue refractario al código tradicional del PRI; además, el costo brutal de la crisis financiera y su respuesta provocaron un severo deterioro electoral del PRI. Buenos dirigentes llegaron y se fueron; José Antonio González Fernández organizó una ejemplar elección primaria sin precedente en democracia partidaria.
Fox llevó la fiesta en paz con el PAN sin mayores pretensiones. Se entiende porque siempre mantuvo distancia. De hecho, su candidatura fue muy cercana a una auto imposición. Con Calderón fue muy distinto, él sí hombre de partido. Igual que Salinas, la cargó contra la organización política por la mala elección presidencial. Manuel Espino fue echado de la dirigencia y del partido. Germán Martínez le imprimió un sentido de actualizar el proyecto político del PAN ya en el poder, pero los malos resultados le hicieron desistir. Una pena.
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