
Intercambio en formación de militares de Estados Unidos y México
Gracias Doctor Javier Díaz
Tal vez por los usos y costumbres de los paisanos fui durante una buena cantidad de años presidente de la asociación de istmeños radicados en Oaxaca en su época de mayor esplendor debido además de nuestra costumbre de fiesta casi perenne, a la incansable labor y buenos oficios de paisanos como el inolvidable general “chico bidaani”, mi querido compadrito Rocky man, la amenaza contagiosa de animosidad de los Toledo, Felipe y Víctor, y familia extensa que los asesoraba entre los que destacaba Florentino mi estimado paisano Blaseño y no como otros, de mi tía Enedina, de Don Beto Jiménez el experimentado, cálido y comandante istmeño, el inolvidable Jeromeño Palomec que era un impulsor efectivo y casi un grano en salve la parte y tantas y tantos otros. Fue a mi regreso de la diáspora autoimpuesta primero por los estudios universitarios en mi añorada Atenas Veracruzana, Xalapa de mis recuerdos, luego por mis avatares en la vieja España y mis inolvidables días y sobre todo las tardes soleadas de verano viendo desde el archivo de Indias el hilo dorado del Guadalquivir para abrevar del conocimiento y escritos que nunca debieron irse de aquí y después de mi periplo en la vieja ciudad de hierro que solo el devastador terremoto del 85 hizo que dejara al menos momentáneamente mis recuerdos, mis amores, sus calles, sus rincones y la tremenda nostalgia que me hace todavía volver furtivamente a su regazo.
Hoy desde la cálida morada que generosamente me compartió mi hermano del alma para permanecer en ella tal vez hasta que me vaya de esta vida una vez que el rencor y la herencia a los orgullos de mi optimismo he dejado en el norte de mi Oaxaca la casa de mis amores, paso y repaso cada vez más el recuento de lo hasta ahora vivido, sentido y sufrido con plena intensidad, sin arrepentimiento ni resentimiento, desde como me entraron las primeras letras a los cuatro años por mi maestra de la vida y de la consanguinidad, Juanita mi madre, en su escuelita gratuita del barrio para niñas y niños zapotecas que por su escaso manejo del castellano tenían que repetir el primer grado de educación inicial de la educación formal, con paciencia y amor: Con sigilo, como cuando la iguana, guchachi, abreva a la orilla del río. A mi ida para asumir la universalidad por medio de la Antropología Social que embonó con la educación tolerante y plural de mis orígenes Zae y Asturias si yo tuviera como escribió el tío abuelo en su loa a nuestros orígenes que el ferrocarril los hizo venir y también su anarquismo que los clasificó culpables por culposos, en hoy himno oficial escrito por Pedro Garfias, en los amigos, hermanos y callejones que jamás me olvidaron, a donde volví alguna vez solo para llevarme los pocos recuerdos que habían quedado en mi San Jerónimo añorado.
A mi regreso lleno de esperanza y optimismo te encontré Oaxaca mía plena, radiante y llena de vida, lo mismo en tus barrios a los que desde entonces concurrí, a tus plazas que aun palpitaban gritos de batallas fallidas y triunfos celebrados, a tu aire y atmosfera casi uterinas que desde entonces me envuelven sobre todo a mis pesares nocturnos en que todavía deambulo por tus rincones y recovecos, cuando te encontré en que la dignidad se respiraba y se transpiraba en cada persona, en cada canción, en cada espacio como en las noches de bohemia y hermandad allá en aquel lugar en que las canciones alternativas daban cuenta de la gloria hoy vilipendiada del caribe y de mi Nicaragüita. Cuando te encontré sin tantos rencores ni la ponzoña de los fundamentalismos mal habidos, antes que dejáramos que la división nos apergollara, antes que tomaran el poder por nuestra negligencia y omisión los hijos del oprobio, antes que ya no pudiéramos gozarte y compartirte en el amor, la dignidad y la convivencia comunitaria.
Hoy hasta ahora, esa omisión y negligencia culposa, nos ha llevado a la indiferencia en las acciones y decisiones de quienes pretenden quitarnos lo que hemos construido y somos como los pocos baluartes de la comunalidad, de la pluralidad y de la diversidad, de vivir y convivir en el respeto a los diferentes, hasta ahora en que las monedas de cambio son la división, la discordia, la represión, el engaño, la simulación, el discurso fácil de quienes habían sido marginados, y hechos de lado por un sistema del individualismo, de la acumulación a costa de los demás, del oprobio y crecidos en la indiferencia. Gente que en el rencor y la venganza han querido cobrar sus afrentas a costa de los demás, a costa de tus virtudes Oaxaca querida.
Ante tanta estulticia, fundamentalismos, ante tanta falta de comunalidad, te convoco, a tus hijas e hijos incluso a los enfrentados, a entender que tenemos como salida trabajar porque te hagamos de nueva cuenta nuestra casa, la casa de todas y todos, orgullo de pluralidad y de fuente de convivencia en la comunalidad.
Gerardo Garfias Ruiz
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