
Reconocen a María Fernanda, Diosa Centeotl 2026 de Oaxaca de Juárez
INDICADOR POLÍTICO
Cuando las cifras económicas sorprenden a las propias autoridades, es cuando reaparece el PIB en las expectativas de corto plazo. Hace poco Palacio Nacional afirmó que el PIB bajo también servía para proteger el medio ambiente de la sobreexplotación industrial, pero ahora que se acumularon algunos ligeros indicios de que se está evitando la recesión, de nueva cuenta el PIB como buena noticia irrumpe en las mañaneras.
Pero no debe pecarse de exceso de confianza. En el lenguaje de la 4T, los niveles de PIB tienen ya una caracterización que está siendo asumida por los propios técnicos de la economía para definir los porcentajes entre los márgenes de maniobra de malo a óptimo:
--malo: 1.5%.
--regular: 2%.
--bien: 3%.
--meta: 4%.
--óptimo: 6%.
La presidenta Sheinbaum destacó la cifra de 1.4% de PIB en el segundo trimestre del año y dejó entrever que mejoraría hacia finales de año para colocarse quizá en 1.8%.
Sin embargo, Los gobernantes juegan con las palabras y las expectativas macroeconómicas como si estuvieran calculando deseos de porcentajes electorales. Pero el efecto que tienen sus cálculos oficiales sólo genera incertidumbre en los agentes productivos cuando se politizan las cifras y no las hacen responder a la dinámica de la inversión y la producción.
Los Precriterios Generales de Política Económica para 2027 que se difundieron en abril de este año plantearon un PIB de 2.3% para 2026 y de 2.4% para 2027; sin embargo, hacia septiembre, el pesimismo quedó exhibido como un optimismo mal informado: de manera oficial, los Criterios ya formales para terminar este año y definir la expectativa del próximo tuvieron que registrar una baja en el cálculo del crecimiento: 1.5% para 2026 y 2% para 2027.
Y si se quiere agregar una cubetada de realismo económico en forma de agua fría, los Criterios 2027 señalaron que el PIB promedio anual de 2027 a 2030 --los cuatro últimos años del sexenio-- sería de apenas 2%. Las expectativas del Banco de México hablan de 1.8% anual para los próximos diez años.
Los optimistas dicen que más vale 2% en mano que un 4%-6% volando, pero los realistas señalan que el verdadero ritmo de crecimiento con generación de riqueza para distribución de los beneficios entre toda la población debe ser parte de la economía productiva y no las becas y el dinero regalado que se acredita al déficit presupuestal y a la deuda pública.
Estas cifras llevan a un corte de caja que no causa buena impresión: la meta promedio anual de PIB para los cuatro años que restan del sexenio es de 2% en el documento oficial de Criterios Generales de Política Económica para 2027, una escasa mitad de la anterior meta mínima de 4% y apenas un tercio del 6% que hasta el propio López Obrador reconoció como meta ideal, pero que la economía logró en el largo y desprestigiado periodo económico populista de 1934 a 1982.
Y como para terminar de amargarle el día a los encargados antes y hoy de las finanzas públicas que están haciendo verdaderas maniobras circenses en trapecios públicos sin red protectora para ver quién es más neoliberal, si los salinistas o los populistas, en realidad las cifras están hablando por sí mismas: los neoliberales del pasado reciente lograron un PIB promedio anual de 2% en el período 1983-2018 y los populistas anclados en restricción de macroeconómicas neoliberales pueden entregar un promedio anual de PIB de 1.5% en el corto ciclo 2019-2030.
La declaración presidencial del lunes en la mañanera reconociendo que el PIB finalmente no se hundió en la recesión y estará flotando en 1.4% a mediados de este año y la expectativa de una “mejora” --sin aventurar cifras-- debiera ser procesada con mayor profundidad en términos de saber si hay un compromiso real de la economía política antineoliberal de la 4T o si las restricciones neoliberales vigentes --déficit presupuestal, inflación y consolidación fiscal-- sólo alcanzarán para que el PIB de 2026-2027 pueda distraernos con una cifra arriba de 1.5% pero abajo de 2%.
Y lo que no se ha aclarado --y es la parte central del alegato alrededor del PIB-- se localiza en el hecho de que sin PIB creciente y en tasas arriba de 4% el famosísimo y nunca bien ponderado Plan México quedará en el museo de los planes que inventaron los neoliberales Miguel de la Madrid Hurtado y Carlos Salinas de Gortari para esconder las crisis.
Y aquí se repite la frase que molesta a los economistas: “sin PIB no hay país”.
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Política para dummies: La política sin PIB es como un auto sin ruedas.
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