
La esperanza de libertad resiste
OAXACA, Oax., 26 de abril de 2020.- Ponderar significa, en esencia, pesar los factores que justifican tomar una decisión en uno u otro sentido posibles. Equivale a balancear.
Al ponderar se consideran las ventajas y riesgos que ofrecen las opciones disponibles, los efectos y consecuencias, los costos y beneficios de la decisión o curso de acción a seguir.
La ponderación es una de las operaciones más relevantes que realizan los jueces cuando resuelven casos complejos en los que su decisión afectará a uno o más derechos a cambio de proteger y favorecer a otro u otros.
Por ejemplo, justificar que ante la emergencia sanitaria se restrinja el derecho a la movilidad o tránsito a cambio de proteger la salud y la vida.
Se comprenderá con facilidad que ponderar es una de las operaciones más sensibles en el acto de juzgar, la cual generalmente supone atender los intereses en juego de manera proporcional.
Ello significa que casi nunca alguien gana todo o pierde todo sino que el derecho a priorizar se favorece lo más posible sin sacrificar de más al otro derecho.
Dado el sentido de la ponderación y la proporcionalidad, es claro que no se trata de una operación exclusiva de los jueces oficiales.
En rigor, todos somos jueces en la vida diaria y nos vemos obligados a ponderar y decidir a cada momento, en ocasiones de manera mecánica o usual, en grados proporcionales.
Lo hacemos al distribuir nuestros recursos, ya sea tiempo, atención o dinero. Lo hacemos cuando decidimos entre deseos y preferencias encontradas ya sea propias o de terceros, como los hijos o personas a nuestro cargo. La vida involucra de manera constante ejercicios de ponderación y proporción.
Ponderamos o deberíamos hacerlo igual cuando enjuiciamos a nuestros representantes políticos, servidores públicos y gobiernos, sobre todo cuando se enfrentan a problemas complicados y de urgente solución.
Hay varios niveles y formas del juicio de ponderación y la proporcionalidad resultante.
En el caso de la pandemia provocada por.el Covid-19 el.papel y las decisiones de los gobiernos son materia preferente y constante de nuestros juicios a favor o en contra.
Al hacerlo, todos los involucrados: personas y ciudadanos, académicos y expertos, simpatizantes y opositores deberíamos ponderar nuestros juicios.
Nadie y ninguna decisión, salvo contadas excepciones, será ideal, sino apenas lo más adecuada al contexto y sus cambiantes circunstancias.
Ni la política de coyuntura justifica, venga de quien venga, la descalificación simple y llana del contrario y sus juicios y decisiones. Eso no es política sino politiquería.
La política supone la responsabilidad de la expresión argumentada en público. Criticar es, precisamente, ponderar fortalezas y debilidades, virtudes y vicios, aciertos y errores. En su caso, debería acompañarse con soluciones alternas.
Cuando la sociedad se enfrenta a graves riesgos como la.pandemia del Covid-19, los deberes de los obligados a resolverla –que somos todos en alguna medida– se agravan y la crítica política y conductas de cualquier índole exigen razón, ponderación y justificación responsable.
La pandemia abre la invaluable posibilidad de mejorar la calidad de nuestros juicios ponderativos ordinarios y, pese al contexto tan adverso,, enriquecer nuestra cultura democrática.