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La comparecencia del senador Raúl Morón Orozco ante la Fiscalía General de Michoacán, en calidad de testigo dentro de las investigaciones por el magnicidio de Carlos Manzo, dejó una declaración que merece una reflexión profunda.
Afirmó que esperaba que con su presentación ante el Ministerio Público pudiera cerrarse la carpeta de investigación. También sostuvo que los señalamientos en su contra han afectado su honor, su imagen pública y a su familia.
Nadie puede minimizar el impacto que una acusación pública tiene sobre una persona y sus seres queridos. En un Estado de derecho, toda persona tiene derecho a la presunción de inocencia y a defender su reputación.
Sin embargo, el centro de esta historia no es Raúl Morón. Es Carlos Manzo.
El centro de esta historia es un alcalde asesinado. Es una viuda que sigue esperando respuestas.
El centro de esta historia es una sociedad que exige conocer toda la verdad. Es un país completo, harto de impunidad.
Por eso resulta difícil compartir la idea de que el caso pueda cerrarse simplemente porque un actor político acudió a declarar ante la Fiscalía.
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