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OAXACA, Oax. 30 de julio de 2026.- Un aguacero convirtió en arroyo la enramada de una celebración en la Heroica Villa de San Blas Atempa, pero no consiguió dispersar a las familias ni terminar con el ánimo festivo.
El agua alcanzó las rodillas en algunos puntos. Corrió entre las mesas, las sillas, las bocinas y las cajas de cerveza; cubrió el piso de tierra y obligó a las personas asistentes a caminar con cuidado entre la corriente.
Las mujeres recogieron sus enaguas para evitar que el agua las arrastrara. Algunas se quitaron los zapatos y los cargaron en las manos; otras avanzaron descalzas, con los huipiles encendidos por sus flores bordadas y una sonrisa que no borró la lluvia.

Los hombres se remangaron los pantalones, colocaron toallas sobre los hombros y trataron de mantener a salvo las sillas y el equipo de sonido. Hubo quienes permanecieron alrededor de las mesas, con las botellas y la comida todavía servidas.
Bajo las lonas rojas, verdes y grises, el papel picado siguió colgado sobre la calle inundada. La corriente movía los manteles y golpeaba las patas de las sillas, mientras la convivencia se resistía a terminar.
En medio del agua, varias personas intentaron mover las grandes bocinas instaladas para el baile. La corriente les llegaba casi a las rodillas, pero nadie abandonaba el lugar: unos levantaban el equipo y otros abrían paso.

Dos mujeres caminaron tomadas del brazo y rieron mientras el agua salpicaba sus enaguas. Más adelante, una joven sostuvo sus zapatos negros y avanzó entre el lodazal con la serenidad de quien entiende que la lluvia también puede formar parte de la fiesta.
El aguacero sorprendió a San Blas Atempa durante las celebraciones en honor a Santiago Apóstol, una de las festividades más arraigadas de la comunidad.
La celebración incluye convites, música, baile, convivencia en las enramadas y actividades organizadas mediante mayordomías, donde las familias reciben a sus invitadas e invitados y comparten alimentos y bebidas.

Esta vez, la enramada también se convirtió en refugio y cauce. Las lonas contuvieron parte de la lluvia, pero el agua encontró entrada desde la calle y cubrió prácticamente todo el espacio.
Ni el lodo escondió los colores de los huipiles ni la corriente opacó las flores de las enaguas. Las mujeres caminaron con los vestidos recogidos y continuaron la convivencia; los hombres acomodaron lo que pudo rescatarse y permanecieron junto a sus familias.

“Nadie maldijo, nadie se quejó; nada más que todas sin maquillaje”, expresó con humor una de las personas que compartió las imágenes.
La naturaleza irrumpió con fuerza, desordenó la fiesta y obligó a improvisar. San Blas Atempa respondió recogiendo las sillas, cargando los zapatos, ayudándose para caminar y riéndose en comunidad bajo la lluvia.
