
Las pugnas arancelarias y el efecto Trump
Apunte diario sobre letras hipnóticas
Romeo, el lobo que se humanizó, vivió en paz con el hombre y el hombre lo mató
En el largo trayecto sobre letras hipnóticas hemos hablado de una buena cantidad de animales caninos y su contribución al ser humano.
También de gatos, cómo Vaska, que en el peligro de muerte salvó literalmente del triste final a sus amos humanos
(Se trata de las aventuras de Vaska, un gato que vivió en plena invasión nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Esta mascota cazó para poder alimentar a sus dueños, de modo que evitó que mueran de hambre en Leningrado, Rusia.)
De perros héroes, en el mismo Alaska que al correr más de 1200 kilómetros en temperaturas inferiores a los menos 30 grados, llevaron vacunas y medicina para salvar a una población completa, mejores seres y más heroes que muchos, muchos humanos
Hoy toca el turno a Romeo, el lobo bueno y mando la lección de él al más terrible de los seres depredadores: el hombre, quién por manso lo mató
Hemos hablado también de muchos congéneres de especie carniceros y desalmados, al fin locos y sin medida, la historia es así
En fin:
Romeo, el lobo bueno
En el vasto territorio de Alaska, entre los entresijos de la naturaleza salvaje, emergió una figura enigmática, una presencia que desafiaba las fronteras entre lo humano y lo animal.
Romeo fue un lobo gigante negro de Alaska, de más de 80 kilos, que perdió su comportamiento feral y armonizó con los hombres y sus mascotas, los perros, este comportamiento es inaudito en la naturaleza, y puede explicar cómo los lobos transitsron a los domésticos perros en la lejana noche de la humanidad.
El nombre «Romeo» fue elegido por los habitantes de Juneau como un homenaje a la naturaleza única de este lobo solitario. Cuando el fotógrafo Nick Jans lo encontró por primera vez, su comportamiento amistoso y curioso hacia los perros de Jans recordaba la figura del famoso personaje literario Romeo de Shakespeare, conocido por su amor y su carácter apasionado.
Además, el nombre Romeo también reflejaba la naturaleza romántica de la relación entre este lobo y la comunidad de Juneau. A medida que Romeo se ganaba el corazón de los habitantes locales con su presencia constante y su amistad inusual hacia los humanos y sus mascotas, su nombre se volvió sinónimo de un vínculo especial entre el mundo salvaje y el mundo humano.
Así, «Romeo» se convirtió en el apodo cariñoso con el que los habitantes de Juneau se referían a este lobo solitario, destacando su singularidad y su capacidad para desafiar las expectativas de su especie al buscar la compañía de los humanos.
En fin, le pusieron «Romeo» porque le gustaban las hembras -de perro, no de lobo- y jugar con ellas.
Su prole, mitad lobo y mitad perro, sigue siendo dócil.
Su nombre resonaba en los bosques y valles: Romeo, el lobo negro que desafió las convenciones de su especie para fundirse en la cotidianidad de Juneau, Alaska.
Romeo, con su pelaje oscuro como la noche ártica, trascendió las barreras de la prudencia animal para adentrarse en el territorio humano.
Encontró en los habitantes de Juneau más que simples observadores; halló camaradería, compañía en sus paseos por los bosques nevados y juegos con sus fieles compañeros caninos.
Su presencia, aunque inusual, inspiraba una mezcla de temor y fascinación, como si la línea que separaba lo salvaje de lo domesticado se desdibujara ante sus ojos curiosos.
La historia de Romeo es un reflejo de la complejidad de las relaciones entre el hombre y la naturaleza. ¿Qué motivó a este lobo solitario a buscar la compañía humana?
¿Acaso fue la pérdida de un ser querido, una hembra atropellada en las carreteras que surcan su territorio?
O tal vez, en su encuentro con Nick Jans, vio reflejada la posibilidad de una vida diferente, lejos de los confines de la manada y en la cercanía de una comunidad acogedora, la traicionera humana.
Su comportamiento, descrito como «ingenuo, torpe y desgarbado como un adolescente», revela una curiosidad innata por el mundo que lo rodea, un deseo de explorar y comprender más allá de los límites impuestos por su naturaleza salvaje.
No era solo un lobo, era un espíritu libre atrapado en el cuerpo de un depredador.
Pero, ¿dónde yacía el error en esta relación entre hombre y bestia? ¿En los corazones compasivos de los habitantes de Juneau, que vieron en Romeo más que un simple lobo solitario? ¿O en las autoridades encargadas de proteger la vida salvaje, que sucumbieron a la presión popular en lugar de cumplir con su deber de preservar la integridad de la fauna local?
Romeo jugó con los caninos locales sin rasguño alguno por más de 8 años, incluso, entre los humanos, se formó su propia ong «amigos de Romeo».
La tragedia de Romeo alcanzó su clímax en el invierno de 2010, cuando su ausencia dejó un vacío en los corazones de aquellos que lo habían acogido como un amigo. La cruel realidad se manifestó en la figura de dos cazadores furtivos, quienes, cegados por la codicia y la indiferencia hacia la vida salvaje, arrebataron la existencia de Romeo en un acto de violencia injustificada. Le metieron 3 tiros sin piedad, por el simple hecho de vivir, al ser dócil, se acercó a sus verdugos sin malicia para encontrar una dolorosa muerte.
La muerte de Romeo no solo marcó el fin de una era en Juneau, sino que también dejó al descubierto las consecuencias de nuestras acciones sobre el mundo natural. La línea entre la convivencia armoniosa y la explotación despiadada de la madre naturaleza se desvaneció ante nuestros ojos, recordándonos la fragilidad de los lazos que nos unen a la tierra y a sus habitantes más salvajes.
En la memoria de Romeo, perdura un mensaje de advertencia y de esperanza. Nos recuerda que nuestras acciones tienen consecuencias, que cada gesto de bondad o indiferencia deja una huella indeleble en el tejido de la vida. Su legado vive en los corazones de aquellos que lo conocieron, en las historias que se cuentan alrededor de las fogatas y en el eco de su aullido en las noches de luna llena.
Que la historia de Romeo, el lobo que se convirtió en leyenda, nos inspire a proteger y preservar la belleza salvaje de nuestro mundo, antes de que sea demasiado tarde. Que su sacrificio no sea en vano, sino un recordatorio de nuestra responsabilidad como guardianes de la naturaleza y de todas sus criaturas, grandes y pequeñas.
Lección por la vida.
La injusta muerte de Romeo nos deja una lección profunda sobre la importancia de respetar y proteger la vida salvaje. Su trágico destino nos recuerda que nuestras acciones tienen consecuencias significativas en el mundo natural y que la explotación irresponsable de los recursos naturales puede llevar a la pérdida de especies valiosas.
Además, la historia de Romeo nos enseña sobre los límites de la interacción entre humanos y animales salvajes. Aunque es natural sentir empatía y fascinación por la vida salvaje, debemos recordar que los animales silvestres son seres libres y que no deben ser manipulados o domesticados para nuestro entretenimiento o beneficio personal.
La muerte de Romeo también subraya la importancia de la vigilancia y el cumplimiento de las leyes de protección de la vida salvaje. Es responsabilidad de todos trabajar juntos para garantizar que los hábitats naturales permanezcan intactos y que las especies en peligro reciban la atención y la protección que merecen.
En resumen, la lección final de la injusta muerte de Romeo es que debemos actuar con responsabilidad y compasión hacia todas las formas de vida en nuestro planeta. Solo al reconocer y respetar el valor intrínseco de la naturaleza podemos trabajar hacia un futuro sostenible y equilibrado para todas las criaturas que comparten nuestro mundo.
La pregunta es: ¿En verdad al mundo contemporáneo le interesa la vida silvestre?
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URDIALES Zuazubiskar fundación de Letras hipnóticas A.C.
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Estimados dos lectores, tres lectores, les invitamos a compartir la presente columna, nuestra intensión es difundir la lectura y desarrollar sociedades lectoras
Muchas gracias
Arturo
❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️