
Los obispos y la Cristiada
Punto de quiebre
El 97 aniversario del Partido Revolucionario Institucional (PRI) sirvió de preámbulo para que el senador y dirigente nacional Alejandro Moreno Cárdenas señalara, en el discurso alusivo a la fecha, que si los partidos políticos “opositores” así, entre comillas realmente quieren serlo, deben dejar de lado intereses personales y de grupo para construir una coalición capaz de arrebatar al menos 10 de las 17 gubernaturas que estarán en juego el próximo año electoral.
El hecho de que el Partido Acción Nacional (PAN) confirme que irá solo, argumentando que es más importante fortalecer su marca y apostar por un supuesto relanzamiento, genera muchas dudas. A simple vista, esta decisión difícilmente puede interpretarse como un movimiento que fortalezca al bloque opositor.
En el otro extremo de la llamada oposición se encuentra Movimiento Ciudadano (MC), partido que, a la luz de los hechos, ha acompañado algunas reformas impulsadas por el bloque oficialista. En Nuevo León aparece, a primera vista, la razón más clara de su estrategia de competir por cuenta propia. La posible mudanza política de Luis Donaldo Colosio Riojas hacia Sonora y la eventual candidatura de la esposa del actual gobernador, la influencer Mariana Rodríguez Cantú, perfilarían una contienda en la que podría enfrentar al alcalde de Monterrey, Adrián de la Garza, en la disputa por el gobierno estatal.
La elección intermedia de 2027 representa la posibilidad de recuperar equilibrios legislativos, donde los consensos se impongan a los disensos. También abre la oportunidad de construir un frente electoral opositor sólido, en el que la coincidencia en la defensa del equilibrio democrático esté por encima de los intereses partidistas o personales, con una mira clara: poner primero a México.
El impulso de la sociedad civil a un posible bloque opositor resulta tan necesario como comenzar a hablar más de políticas públicas salud, educación, seguridad que de reformas electorales. El debate de fondo debe centrarse en cómo mejorar la vida de los ciudadanos, no únicamente en las reglas de la competencia política.
Una eventual boleta electoral sin coaliciones, como plantea el ala dura del oficialismo bajo el argumento de que “no son iguales”, podría convertirse, paradójicamente, en el escenario ideal para consolidar su poder. En ese contexto, la división opositora no sería sólo una estrategia fallida: sería, en sentido estricto, el verdadero punto de quiebre que terminaría fortaleciendo al oficialismo.