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OAXACA, Oax. 10 de septiembre de 2026.- Éric Toledano y Olivier Nakache volvieron a los 13 años para hacer Sólo una ilusión. No exactamente a una adolescencia compartida, porque se conocieron hasta los 17, sino a una mezcla de recuerdos propios, familiares, primeros amores, música, discusiones y preguntas que entonces parecían enormes.
“Es como una autobiografía a dúo”, explicó Nakache en entrevista con medios mexicanos antes del estreno de la película en la edición 30 del Tour de Cine Francés que inicia este jueves 10 de septiembre en Cinépolis.
La nueva cinta de los directores de Amigos (Intouchables) transcurre en 1985 y mira esa época desde Vincent, interpretado por Simon Boublil, un muchacho próximo a cumplir 13 años que vive en los suburbios de París con un hermano mayor distante y unos padres que discuten continuamente.
Está por celebrar su bar mitzvá, comienza a descubrir el amor y el deseo y se pregunta por su familia, la religión y su propia identidad. Los Dayan son judíos con raíces en el norte de África y forman parte de una Francia en la que también estaban presentes el desempleo, el racismo, la llegada de la izquierda al poder y movimientos como SOS Racisme.
La elección de 1985 fue porque Toledano cumplió 13 años en 1984 y Nakache en 1986, 85 es el año intermedio que terminó siendo el territorio donde podían encontrarse sus dos adolescencias.
“Cuando uno tiene más de 50 años es interesante volver a la adolescencia porque es un momento realmente increíble”, dijo Toledano.
A esa edad, explicó, se descubre casi al mismo tiempo el amor, el sexo, la muerte y también que los padres no son aquellos héroes que parecían durante la infancia.
Para los cineastas regresar ahí fue también una manera de entender cuánto de aquellos años permanece en la vida adulta.
“El cine es una máquina de volver en el tiempo, de capturar el tiempo”, dijo Toledano, antes de recordar una frase de Jean-Luc Godard que le gusta especialmente, “el cine no está al abrigo del tiempo, pero es el abrigo del tiempo”.
Sólo una ilusión quiere provocar precisamente esa sensación. No se conforma con poner música de los ochenta o llenar la pantalla de objetos reconocibles. Toledano contó que pidió al responsable de los decorados que, al ver el departamento de los Dayan, el espectador pudiera casi sentir cómo olía.
Los papeles tapiz, los automóviles, el teléfono con cable, una sola televisión para toda la familia y la música reconstruyen una época que la película observa con afecto, pero sin presentarla como un tiempo perfecto. La crítica francesa ha destacado justamente el cuidado de esa reconstrucción y una banda sonora que pasa por The Cure, Joy Division, Earth, Wind & Fire, Simply Red y Téléphone.
“La película es una película de sensaciones”, explicó Toledano.
La música fue fundamental para conseguirlo.
“Es como un ascensor emocional que lleva la escena más lejos”, dijo el director. La intención era que el público entrara a la sala dispuesto a atravesar distintas emociones y que las canciones ayudaran a empujar cada momento.
Hay también un pequeño detalle que seguramente no pasará inadvertido en Oaxaca. Étienne, el conserje interpretado por Pierre Lottin, aparece con una camiseta de Mitla.
Toledano reconoció que la elección fue de vestuario. Ellos habían imaginado a Étienne como un hombre que había viajado mucho antes de convertirse en conserje y la camiseta terminó formando parte de esa historia personal que apenas se insinúa en pantalla.
En el centro permanece la familia Dayan. Louis Garrel interpreta al padre, Yves, un hombre golpeado por el desempleo, mientras Camille Cottin da vida a Sandrine, su esposa, que intenta avanzar profesionalmente. Vincent observa a los adultos mientras su propia infancia comienza a quedar atrás.
Los personajes tienen mucho de las familias de ambos directores.
“Pusimos realmente todo”, dijo Nakache. “Todo lo que está en la película sucedió de verdad”.
Los dos cineastas buscaban ante todo sinceridad para evitar que el regreso a sus recuerdos se convirtiera en una película melosa.
La historia adquirió además otro peso durante su realización. Sólo una ilusión está dedicada a Raphaël Toledano y Marco Nakache, padres de los directores, quienes murieron durante la producción. Raphaël falleció el primer día del rodaje y Marco hacia el final de la realización.
“Cuando muere un padre hay un mundo que se va y es el mundo de nuestra infancia”, explicó Toledano.
La película recupera también la historia de familias provenientes de Argelia y Marruecos que hicieron de Francia su hogar, pero conservaron la memoria de aquello que habían dejado.
Nakache recordó haber crecido escuchando a sus padres hablar con nostalgia de otro país, de otra comida y de otra vida. Con los años, dijo, comprendió mejor lo que aquella generación había atravesado.
Camille Cottin encontró incluso un vínculo inesperado con ese relato. La historia migratoria escrita para Sandrine era muy cercana a la de su propia madre, algo que los directores desconocían cuando hicieron el guion.
“Cuando escribimos algo personal, finalmente alguien reconoce algo de su vida personal e íntima”, contó Nakache.
Ese cruce entre una familia particular y asuntos reconocibles para muchos explica parte del tono que Toledano y Nakache han mantenido durante más de dos décadas de trabajo conjunto en películas como Samba, Le Sens de la fête, Hors normes y Une année difficile.
Ellos mismos explican su sociedad creativa como un trabajo en el que ninguno intenta imponerse sobre el otro.
“Somos como jugadores de tenis que juegan bien juntos”, dijo Nakache. En el rodaje, contó, el equipo ha terminado por llamarlos “EricOlivier”.
Con Sólo una ilusión regresan además a una época que les permite mirar el presente.
Toledano recordó que aquella Francia también tenía racismo, desempleo y conflictos sociales. La diferencia que les interesa está en la manera en que las personas convivían con quienes pensaban distinto.
Hoy, consideran, las redes sociales y los algoritmos han facilitado que cada persona permanezca dentro de su propia burbuja.
“Hemos perdido cosas importantes, la capacidad de dialogar, de vivir juntos en la democracia”, dijo Toledano.
Nakache llevó esa reflexión incluso a la vida familiar. En 1985 había un teléfono fijo y una televisión que obligaban a compartir ciertos momentos. Ahora, dijo, una misma familia puede pasar la noche viendo contenidos distintos en pantallas diferentes.
Los directores tampoco quisieron hacer de esa comparación un “antes estábamos mejor”.
“Ese modelo en el que están evolucionando nuestros hijos es sólo un modelo. Existieron otros”, explicó Toledano.
El humor les permite hablar de todo ello sin abandonar la comedia que ha marcado su filmografía. Ambos reconocen la influencia de la comedia italiana, capaz de acercarse a la enfermedad, el desempleo o los conflictos familiares sin renunciar a la risa.
“Yo me apuro para reír por miedo de llorar”, recordó Toledano citando a Beaumarchais.
Estrenada en Francia el 15 de abril, Sólo una ilusión reúne a Simon Boublil, Louis Garrel, Camille Cottin, Pierre Lottin y Alexis Rosenstiehl. Es el noveno largometraje de Toledano y Nakache y superó 1.9 millones de espectadores en las salas francesas.
La película llega a México este 10 de septiembre dentro del 30 Tour de Cine Francés, organizado por Nueva Era Films, Cinépolis, la Embajada de Francia en México y la Federación de Alianzas Francesas. La muestra reúne siete títulos y recorrerá más de 80 ciudades del país.
Toledano y Nakache lamentaron no poder viajar esta vez a México porque ya preparan su próxima película, pero hablaron de la relación que han construido con los espectadores mexicanos a través del Tour.
“Nos sentimos verdaderamente honrados”, dijo Toledano.
Para ambos, Sólo una ilusión nació mirando atrás, aunque no pretendían quedarse ahí. Querían regresar por un momento a ese instante en que ya no se es niño, pero tampoco adulto, y recordar cómo se veía el mundo cuando todavía parecía posible cambiarlo.