CIUDAD DE MÉXICO, 14 de agosto de 2020.- Los presuntos delitos que se atribuyen a ex funcionarios investigados, o a punto de serlo en este momento, están vigentes, señaló el Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero. La respuesta  fue un mensaje tajante a los medios, columnistas y comentadores que han echado mano de la prescripción para defender a los que los protegieron. Y algunos quizá lo hacen para caer en esa dualidad tan exhibida hoy en día, de los que escriben o manejan medios electrónicos para balancearse y no quedar mal con nadie.

No se por qué me acordé del catalán Joan Manuel Serrat cuando evitó apoyar a los independentistas y dio a entender que él está con todos. Y se vio natural. El les canta a todos y tiene que cuidar sus ingresos. Las definiciones si es que existen, a un  lado.

En un  artículo publicado en Proceso el año anterior, el constitucionalista Elisur Arteaga Nava advierte que las excepciones que fija la ley para darles privilegios de tiempo a los funcionarios deben de ser interpretados de manera estricta. Y agrega que el legislador da un  lapso legal después de terminado el mandato, suficiente para impedir la impunidad, sabedor de que el que ha gobernado deja fuerzas atrás, poderes que aún subsisten y pueden impedir un juicio.

Entre la habilidad que esgrimen los caros abogados defensores y las defensorías interesadas de los medios, contra la habilidad de los acusadores, hay que mencionar como dice Arteaga Nava, la complejidad de la ley y su oscuridad, que se tiene que desbrozar. Pero un  tercer elemento que él no menciona, entra en disputa: los que interpretan la ley, el poder judicial. 

Los delitos que no prescriben y el aumento de la venganza privada

Felipe Calderón Hinojosa, Vicente Fox Quezada y Ulises Ruiz Ortiz,  entran como presuntos acusados en delitos que no prescriben  y que se pueden llevar a juicio en cualquier momento. Hay un acuerdo tomado el pasado 12 de agosto de la mayoría de la diputación oaxaqueña, para seguir adelante el juicio planteado por la Comisión de la Verdad creada al respecto en el sexenio anterior y que llevó el caso a la Comisión Internacional de los Derechos Humanos. Se trata de hechos criminales cometidos en el sexenio de Ruiz Ortiz en Oaxaca, en 2004-2010 y denunciados a los dos ex presidentes mencionados.

Ante el escudo del tiempo, hay delitos que por su gravedad no prescriben, el genocidio y los crímenes de lesa humanidad. Puntualmente los definen los documentos de la ONU  y los separan para tipificarlos bien. Están tipificados en códigos penales. Se suelen agregar otros, entre ellos las agresiones y disposición de bienes en conflictos armados. Delitos y crímenes que han sido denunciados cuando se ejercía un poder, han quedado en el aire por el paso del tiempo. A eso se añade la veleidad de cierto sector judicial, que  por corrupción, cercanía con los acusados o ignorancia, han dejado sin efecto muchas  violaciones.

Eso se está reflejando en una desconfianza popular  en la justicia que desde recientes años se ha agudizado con  linchamientos, detenciones y agresiones de todo tipo a presuntos delincuentes. En una encuesta realizada por la reportera  Elba Mónica Bravo para La Jornada en días pasados, se divide la opinión de quienes creen en la justicia por propia mano y los que aún consideran que hay que confiar en la policía para que los defienda. Se ha visto que los casos cuando entran a la fase posterior de la justicia, crean mayor desconfianza. Las postura de retroceso por una vetusta venganza privada, es la respuesta del ciudadano común, que no cree en el derecho y él mismo lo aplica.

Crímenes por la propia mano se dan en el poder… y en los filmes

Si el ciudadano común cree que hacer justicia por la propia mano es legal, no es así en los altos poderes. Los muchos crímenes mencionados en la historia del país y en tiempos recientes, contra enemigos políticos y personajes incómodos, entre ellos periodistas, han sido cometidos con conocimiento de causa y ocultados los hechos en la bruma de la verdad. Nunca hubo investigaciones a fondo y por lo general fueron los personajes menores o los chivos  expiatorios, los que pagaron. La literatura es vasta en ese tipo de casos.

El escritor estadounidense André Dubus, excelente creador de historias cortas (Amazon tiene Adulterios en Gallo Nero 2019), y a quien suelen equiparar con el escritor ruso Ánton Chéjov, fue el inspirador de la famosa película de Todd Field, Crimen imperdonable de 2001.

En ella,  un padre de familia y su amigo aplican su propia ley para vengar la muerte del hijo del primero, que fue asesinado por un celoso desarraigado de un pueblo costero. El padre es el buen actor Tom Wilkinson y su esposa es Sissiy Spacek que ganó el Globo de Oro por su actuación. Lo curioso es que el filme, que tuvo muchas menciones al Óscar, deja en el espíritu del espectador, que los ejecutores del asesino hicieron lo justo. El relato de Dubus se llama Killings (Libro de Bolsillo 2002).  

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