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INDICADOR POLÍTICO
El presidente Donald Trump lo dijo muy clarito al tomar posesión de su segundo periodo en enero de 2025: la reconstrucción de la grandeza imperial de EU se lograría a partir de la reactivación de dos de las doctrinas históricas: la del Destino Manifiesto de 1630 y la Monroe de 1823, las dos puestas en marcha para revivir el imperio americano.
El propio Trump --muy a su estilo-- jugó con memes, mapas territoriales inventados y mensajes machacados que se resumían en cuatro objetivos: comprar o conquistar Groenlandia, convertir a Canadá en el estado 51 de la Unión americana, absorber a México y que en efecto el continente americano sea el continente EU.
La última jugada geopolítica de Trump de engullirse a Groenlandia y a Dinamarca ya ocurrió: pactar con Estados Unidos la dominación geopolítica de esa posición que se encuentra en el frente de batalla en el Polo Norte, Europa Atlántica y Rusia. Y Groenlandia aceptó entregarle su seguridad y cobijarse bajo paraguas geopolítico, económico y nuclear de Washington.
La idea de convertir a Canadá en el estado 51 puede parecer estrafalaria porque Canadá abarca posiciones territoriales de Gran Bretaña y cultura francesa, tiene prácticamente del tamaño territorial de la superficie actual de Estados Unidos y la lógica impediría que existiese un estado americano nuevo del tamaño de EU en la actualidad.
Y en las últimas dos meses, el aparato político, militar, geopolítico, de inteligencia y de seguridad nacional se echó a andar para arrinconar a México en el tema de la narcopolítica, bajo una de las acusaciones más graves que haya utilizado la Casa Blanca para demostrar la falta de gobernabilidad de México y que solamente puede ser equiparable a la argumentación que Washington utilizó en 1846 para lanzar la guerra contra México y decidir la expropiación de la mitad del territorio mexicano para crear cuanto menos seis estados de la Unión americana y participar en cuatro más.
Pero la lógica de la seguridad nacional es muy Clara. A Estados Unidos no le interesa el tema del narcotráfico en México porque tendría a la mano una salida mucho más sencilla: disminuir el consumo de droga entre los adictos estadounidenses y con ello reventar el mercado de producción y contrabando. Pero con habilidad comunicativa, Trump y la Casa Blanca convirtieron del narcotráfico en México y sobre todo de los cárteles de la droga en un asunto de Estado en México por pruebas suficientes y contundentes de que efectivamente los capos de la droga construyeron imperios poderosos a partir de su alianza con estructura política y de gobierno de México.
Por eso Estados Unidos insiste en la narcopolítica y el narcoestado y de ahí que la solicitud de arresto con fines de extradición del gobernador Rubén Rocha Moya a finales de abril y nueve cómplices porque llegaron al poder estatal con pactos públicos con las facciones del Cártel de Sinaloa y que las derivaciones involucraron al entonces presidente López Obrador que ostentosamente saludó de mano nada menos que a la mamá del Chapo Guzmán en 2020.
El Gobierno de Estados Unidos no quiere que México desmantele los nueve cárteles que dominan la producción de droga local y su introducción por contrabando a territorio estadounidense, sino que busca encontrar un maridaje entre los cárteles, los capos y los gobernantes, y en ese sentido la Casa Blanca está enviando dardos envenenados y no una invasión militar por tierra con el asunto de las visas que tocaron nada menos que al hijo del expresidente López Obrador que ya había sido señalado desde Palenque como el heredero del proyecto transexenal de la 4T con Andy López Beltrán en Morena, en política y en la línea sucesoria para la candidatura presidencial del 2030.
Con sólo dos maniobras burocráticas, el Gobierno de Estados Unidos desbalanceó la estructura política de la 4T que había logrado una transmisión exitosa de la Presidencia en octubre de 2024 y que se enfilaba a su permanencia en el poder más allá del 2030: el caso Rocha Moya endosado de manera directa al expresidente López Obrador y la anulación de la visa de su hijo y heredero Andy.
La victoria de Trump sobre Groenlandia --sencillamente se engulló una posición territorial estratégica en el Polo Norte frente a Europa y Rusia-- puso las piezas en su lugar y le otorgó valor estratégico y geopolítico al objetivo medio en broma y medio en serio de Trump de hacerse del control de Groenlandia, Canadá, México y toda América Latina y dejó en claro que la Doctrina del Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe van en serio y muy en serio: Estados Unidos es de tida América considerando América Latina subordinada ya a América del Norte.
Y en este escenario, los dos siguientes objetivos de Trump son Brasil y sus próximas elecciones presidenciales y México y las elecciones legislativas y de gobernadores de 2027.
Política para dummies: la política siempre está para quienes saben que siempre ha estado ahí.
@carlosramirezh
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