OAXACA, Oax. 6 de septiembre de 2019.- El maestro Francisco Toledo congregó una vez más a sus seguidores en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), ahí donde tantas veces alzó la voz.

Un sentimiento de orfandad recorría por los patios de esa biblioteca que enriqueció con tanto esmero. ¿Y ahora quién?, ¿Quién alzará la voz?, preguntaban los asistentes, quienes recordaban la férrea defensa que hizo el maestro en algunas causas, como la defensa de maíz nativo.

Toledo, el hombre de cabellos ligeros que caminaba siempre por el Centro Histórico, sin más compañía que sus libros o sus periódicos, ya no estará más para enardecer a algunos hombres del poder que se exacerbaban por sus posturas.

Ya no estará más ese “loco” que andaba peleando por la reforestación, por la aparición con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa o por la no discriminación de Yalitza Aparicio.

La cita era a las 11:30 de la noche, en el IAGO, pero la gente llegó mucho antes. Esperaban, quizá que apareciera detrás de esa puerta y hablara, despacito, con esa voz pausada que removía sentimientos de rebeldía.

Veladoras, como las ofrendas que acostumbraba, flores, mezcales, tlayudas y muchas anécdotas. Inevitable la tristeza por la partida del genio, el hombre más universal de nuestro tiempo.

A través de sus trazos nos compartió su infancia, sus sueños y nos enseñó que es posible vivir de lo que le apasiona.

Generoso, en la noche recordaron cuántas veces ayudó, no solo con palabras de aliento, sino con recursos a proyectos, comunidades y tanta gente más.

Su sensibilidad como artista le abrió paso en los círculos más exigentes de la cultura, sin olvidar su identidad zapoteca.

La noche de jueves hubo cantos, risas y llanto. Y también silencio para despedir al maestro, que en vida lo pidió así respetando la intimidad de su vida familiar.


Descanse en paz.