
París: del 68 al 2026
Alguna vez comenté en mi colaboración la forma en que me enteré de eso que llaman “la guelaguetza” en mi añorada Xalapa Veracruz, cuando más de un compañero bachiller me inquirió primero con insistencia, luego con azoro y finalmente de manera critica el que no supiera lo que era cuando nos jactábamos de saber y disfrutar de las costumbres y tradiciones en aquellos primeros semestres en la facultad de antropología reconocida entonces como la mejor institución superior en materia de antropología Aplicada que surgió promovida y apoyada por el reconocido antropólogo Aguirre Beltrán que entre otras grandes investigaciones pioneras e innovadoras está la que hizo sobre la población negra de Guerrero Y Oaxaca. Lupe balazos una de las más aguerridas y enteradas hasta del obituario cotidiano de la Atenas Veracruzana, me espetó con resentimiento por las repasadas que le daba en las maratónicas asambleas estudiantiles por su marxismo rupestre abrevado en la infumable Martha Harnecker: Y eso que eres de Oaxaca me dijo, es la fiesta de los grupos indígenas de tu tierra, que maldita la cosa me sirvió por ser algo para mí no conocido en tanto originario de la hermana república del Istmo y que después investigué el montaje del espectáculo de bailables que a la fecha se siguen presentando en la llamada “ rotonda da las azucenas”, los últimos lunes del mes de julio de cada año.
Y lo traigo a colación porque ahora al igual de toda la parafernalia y simulaciones envueltas en consejas como aquella que era una práctica ancestral en honor de la diosa del Maíz, deidad mexica por cierto, o ese bodrio al más puro estilo mexican curios mal llamado “bani esti gulal” que también ya comenté la jocosa forma en que uno de sus inventores narró que lo hicieron por las órdenes del gobernador en turno, que viene a comprobar de donde salen las ocurrencias desde entonces, que un borrachín tirado en el suelo de una calle de Teotitlán del Valle les pareció que en su lenguaje bien empedernido eso les dijo que era en zapoteco lo que querían montar como otro espectáculo adicional a los bailables del cerro, se ha agregado un festival que uno de esos genios de la lámpara sorda llama “la fiesta más viva de todas” que desde el 26 de octubre ha invadido las calles y el centro de la ciudad de Oaxaca. Claro que al igual que los bailables del cerro, no pocas localidades de la entidad hoy celebran sus propios bailes con el mal llamado nombre de la “guelaguetza” que ya entrados en gastos por aquello que es una administración incluyente, ahora en este aciago y golpeado año del Tadeimonium, celebraron la “guelaguetza afromexicana”, ¡hágame usted el refravón cabor!, varios municipios sobre todo los de valles centrales anunciaron con bombo y platillos sus festivalitos y festivalones en que echan su resto al asador y a cual más aduce la versatilidad y originalidad de ellos.
Aunque el caballo ya lo echaron a andar, este amanuense en mala leche o en un arranque de creatividad malora sugiere si no para este año, para el próximo que además de estar ya sonando para entonces las golondrinas ¡uf!, le agreguen salsa a la fiesta con reconocimientos y epítetos triunfales a las etapas a saber: “fachadas el centro histórico” premio para el “filántropo” por excelencia que a su paso ya será dueño de todos los edificios y casa históricas del centro por mera filantropía, ajá, o a los fachos gobernantes que atacan, persiguen y denuestan por aquello de la fachada de “izquierda”. “El tapete monumental” para los cárteles que predominan en una buena parte del territorio Oaxaqueño y el diplomado en “manos libres”; “Flores que guían el alma”, para la denostada ex precisa de los cochupos del IFE, por los arrumacos y lisonjas kitsch de su despechado y desalmado machaca piña o la ya clásica y trágica de YSQ: “Ella es una mujer honesta”; “Entre maíz y tradición”, con la feria del atole del dedo a cargo de esos grandilocuentes politicastros que todos conocemos; “Verbena Xandú”, con puestos de la burrocracia “gratis” de tacos de lengua, babositos dulces, borrachitos oficiales chocones y estas rejas, versión local popular próxima de las torrejas gachupinas; “Gran comparsa del Día de muertos” y en papel de los muertos: 700 verdaderos muertos que de enero a octubre de 2026 según las fuentes oficiales locales y del secretariado nacional nos colocan en uno de los diez estado más inseguros pero con mucha fiesta y una buena cantidad de vivos que administran el bien común.
Esperando que no cause molestia ni mucho menos reacciones como las del enamorado cajero y manejador del órgano más importante en materia electoral que no del partido favorito del pópulo, este escribidor por falta de creatividad para hacer calaveritas mejor pintó la suya sin que sea mentada auto infringida y el más vivo Chou, puro Chou.
Gerardo Garfias Ruiz
