
Invita Salomón Jara a vivir La Fiesta Más Viva de Todas
Charlas con mi hija
Especialista en niños
—Mami, ¿tú crees que algún día, cuando sea grande, descubriré la vacuna contra el sida?
—Claro que sí, Cristy.
—¿Por qué estás tan segura?
—Porque la historia está llena de relatos de personas que estaban convencidas de que ciertas ideas, planes y proyectos de otros nunca podrían ser logrados. Sin embargo, los logros vinieron para los que dijeron: “Yo puedo hacer que eso suceda”. Te voy a contar para que estés convencida.
En el libro de la vida de Miguel Ángel, escrito por Ascanio Condivi, se cuenta que el escultor italiano Agostino de Antonio trabajó diligentemente en una gran pieza de mármol. Incapaz de producir su deseada obra maestra, se lamentó diciendo: “No puedo hacer nada con esto”. Otros escultores también intentaron con esta difícil pieza de mármol, pero no duraron. Miguel Ángel descubrió la piedra y visualizó sus posibilidades. Su actitud de “Yo puedo hacer que esto suceda” resultó en una de las obras maestras del mundo: El David.
Los libros de texto cuentan que los expertos de España concluyeron que los planes de Cristóbal Colón para descubrir una ruta nueva y más corta a las Indias eran imposibles. La reina Isabel y el rey Fernando no hicieron caso a los comentarios de los expertos. Colón persistió y se dijo: “Yo puedo hacer que suceda” y lo hizo. Todos creían que el mundo era plano, menos Colón. Con un pequeño equipo de personas se embarcó hacia las “imposibles” nuevas tierras y así descubrió América.
En el libro Mi vida y obra, autobiografía, el mismo Thomas Alva Edison desanimó a su amigo Henry Ford para que no siguiera con su idea de fabricar un carro de motor. Ford, sin hacerle caso, se mantuvo dedicado a su sueño. Aunque su primer intento resultó en un vehículo sin reversa, no desistió. Henry Ford sabía que “él podía hacer que eso se diera”, y sucedió.
En los escritos biográficos de Madame Curie se cuenta que los expertos le decían: “Olvídalo, el radio es una idea científicamente imposible”. Sin embargo, Marie Curie insistió y se dijo a sí misma: “Yo puedo hacer que eso suceda”, y así sucedió.
En la historia de los hermanos Orville y Wilbur Wright, los periodistas, amigos y hasta su padre se rieron de sus ideas de un aeroplano. Decían: “Qué idea tan tonta”. Los hermanos Wright respondían: “Lo sentimos, tenemos un sueño, y podemos hacerlo realidad”. Como resultado, en un lugar llamado Kitty Hawk, Carolina del Norte, se convirtió en el escenario del inicio de su idea “ridícula”: el primer avión.
Se cuenta en el libro de Benjamín Franklin, escrito por Walter Isaacson, que se le advirtió a este personaje que dejara de hacer experimentos tontos con la electricidad. Sin embargo, su ánimo no decayó y así inventó el pararrayos, la batería y el conductor eléctrico. Su sueño se hizo realidad.
—Por eso tú también puedes hacer que suceda lo que parece imposible.
—Es cierto, mami. Después de haber escuchado estos relatos, tendré grabado en mi mente la frase: “Lo que yo quiero puedo hacer que suceda”.
Psicóloga Laura García Rosas
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