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En mal momento el asunto de El Mayo
Oaxaca, Oax. 3 de diciembre de 2012 (Quadratín).-Enrique Peña Nieto (EPN) recibe de su antecesor un México en las peores condiciones históricas de los últimos años: con el crecimiento económico más bajo de las últimas décadas en un promedio anual del 1.9 por ciento; con la 51.3% de la población empobrecida; con la precarización del salario real en un 0.2%; y con un país enlutado que sufre los 101,109 caídos en el pasado sexenio (Reforma, 30/11/2012). Para poder atemperar este desastre, es fundamental reconocer. Admitir que se recupera el poder pero no la confianza ciudadana; que la sospecha de trampa electoral motiva las protestas de repulsa en las calles; aceptar que el PRI es el beneficiario de un mal gobierno y que la percepción ciudadana del tricolor equivale a corrupción e impunidad; que los aliados de ayer (poderes fácticos) deben ser los adversarios de hoy; y reconocer que se resiente la flagrante ausencia del Estado de derecho ante la supremacía de las prácticas clientelares en el tratamiento de los asuntos públicos. Tenerlo presente permitirá a Peña Nieto dilucidar los desafíos en su arribo al poder.
Una guía introductoria será no cometer las pifias de Calderón, perseguido por sus mantras y complejos. Con él atestiguamos que inspirar un proyecto de gobierno en coyunturas acaba en paliativos, que la ilegitimidad es el veneno que devasta a una administración, y que la soberbia arruina y retrae de los mandatos ciudadanos.
GABINETE. La primera acción a juzgar de un nuevo presidente es conocer a quienes lo acompañarán en la conducción del país. A la luz de esos nombramientos surgen algunas interrogantes: ¿Los nuevos funcionarios se alinean a las difíciles circunstancias del país?, ¿el gabinete está conformado por políticos capaces, honestos y comprometidos con México? y ¿éste equipo de trabajo resistirá los embates internos y externos que se avecinan?. Sinceramente no lo sé, lo que si distingo es que las designaciones quedaron marcadas por dos elementos: cercanía y excesos de confianza.
Cercanía. Evidentemente un presidente de la república debe rodearse de gente de su confianza, pero la lealtad no riñe con la eficacia y el tamaño de algunos personajes. Máxime cuando resulta plausible la inclusión al gabinete del experimentado Mondragón y Kalb en las tareas de seguridad pública, propuesto a ocupar ese cargo si su contrincante electoral -López Obrador- hubiera ganado. Esta correcta designación propició un ejercicio de comparación con los perfiles anunciados por la izquierda, una de ellas es PEMEX que es ocupada por el joven Emilio Lozoya y que se contrasta con el ing. Cuauhtémoc Cárdenas; o el consejero jurídico de la presidencia -Humberto Castillejos- comparado con el ex ministro Genaro Góngora Pimentel; o Emilio Chuayffet en la SEP cotejado con el ex rector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente. Este rápido careo evidencia el bajo perfil y la carente idoneidad de algunos funcionarios, circunstancia que podría presentar cambios en el equipo de gobierno en el corto plazo.
Excesos de confianza. De manera innecesaria se cometió un gesto de altivez al manchar la solemnidad constitucional en una artimaña política, dejando un penoso precedente. Se atendieron la mayoría de las formalidades que se acostumbran en los relevos presidenciales (hasta las minucias), pero permitieron que Jesús Murillo Karam siguiera al frente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados y en consecuencia fuera investido en representar al Poder legislativo para entregar la banda presidencial al otro poder del Estado mexicano. En unos días más, Murillo solicitará licencia como diputado para ocupar la Procuraduría General de la República (si el Senado lo ratifica) nombramiento que lo convertirá en un funcionario de la administración federal, lo conveniente hubiese sido que otro diputado -incluso priista- consumara la formalidad constitucional y no quien a la postre será un colaborador más del ejecutivo.
BUENAS SEÑALES. Montados sobre la urgencia de tomar estrictas decisiones de control, la nueva administración eligió como mecanismo de despegue la celebración del Pacto por México. Un acuerdo nacional que emana del reducido margen de maniobra que poseen para gobernar, un pacto que promete aspectos de gran calado y que en sus clausulados admite (implícitamente) el intrincado escenario que enfrenta esta administración y los grilletes que debe quitarse. En él se cifran rupturas con los poderes fácticos que abonaron a la victoria electoral priista léase Elba Esther Gordillo, televisoras y el sistema financiero- suscrito por los tres principales partidos políticos (PRI, PAN y PRD) y el titular del ejecutivo federal bajo el compromiso de incluirlo en las respectivas agendas parlamentarias. Sin demeritar el enorme avance que ello representa, la medida es incompleta sino viene aparejada de la voluntad presidencial de desterrar la impunidad, beneficio de la clase política. Mientras los corruptos y los responsables criminales continúen intocados todo esfuerzo político resultará inútil.
AUGURIO. Aún es aventurado aproximarse a valorar los efectos de las primeras iniciativas de esta administración. Pero el contexto nos exhorta a ocupar nuestra trinchera, los periodistas debemos dejar atrás la especulación que fabrica noticias, las medias verdades que desinforman tendiendo cortinas de humo, y declinar las razones de lucro en el ejercicio de la profesión. Hacer de la denuncia pública el eje del control político por excelencia. Y los ciudadanos deben construir más sociedad; apoderarse de las calles con argumentos y no con fervor anarquista, con mayor sensibilidad y sentido corresponsabilidad que impute en razón de asumir sus quehaceres cotidianos.
De instalarnos en esa sintonía, las engañosas crestas del poder no distraerán al funcionario público porque encontrarán un freno en el frente que seamos capaces de constituir. Es responsabilidad de todos contener una regresión.
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Twitter: @juandiazcarr
Abogado, economista y periodista.