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TCL-aranceles con narco: CSP la toma o la derrama
Oaxaca, Oax. 25 de noviembre de 2012 (Quadratín).- No se gobernar en contra del pueblo, la política es siempre la de ganarse al pueblo. El pueblo es una categoría política, de ninguna manera una categoría sociológica, jurídica o antropológica. El pueblo sólo se constituye actuando en un marco de relación de fuerzas. El pueblo es la expresión de una lucha entre dos fuerzas: las fuerzas que pugnan por el deseo de dominio y las fuerzas que se resisten a este dominio. En esta relación de poder, el pueblo enarbola, por tanto, el deseo de libertad y el gobernante el deseo de dominio. Sin la conciencia de la libertad no puede haber pueblo alguno.
Para Maquiavelo, la constitución del pueblo se manifiesta como símbolo político, en cuanto expresión de relación de poder en lo interno del Estado y como cuerpo político, en relación a los otros Estados. El mismo Maquiavelo nos señalará que en todo régimen político habrá dos humores: el del pueblo y el de los gobernantes. Aceptar la existencia del pueblo, en cuanto categoría política, es tener una forma particular de entender un ámbito de la acción política, es decir, esta es una virtud del gobernante. El pueblo impone una dinámica a los gobiernos, define la naturaleza de los propios gobiernos, por ejemplo, cuando se gobierna a los amplios intereses del pueblo, se definirá como gobierno popular etcétera.
El pueblo tiene sus propias leyes de desarrollo: como masa, como multitud, como movimiento, etcétera, por eso, a partir de Maquiavelo y de la reflexión de José Sánchez-Parga, se puede sostener que el pueblo tiene las siguientes formas y tópicos: a).- Constituyente de una relación de dominio; b).- Depositario de la defensa de la libertad; c).- Agente de cambio; d).- Protagonista de la historia; e).- Sujeto del cuerpo político del Estado; f).- Factor de institucionalización política de la sociedad al provocar la creación de leyes y ordenes y g).- Como agente de participación en el gobierno.
Hay una estrategia que nunca se debe olvidar al pueblo hay que gobernarlo más no buscar dominarlo en su afán de evitar el dominio, el pueblo es capaz de sublevarse y producir revoluciones que acaban con cualquier régimen político y gobiernos. Los pueblos débiles son más fáciles de dominar y no de gobernar, porque gobernar significa conducir, guiar hacia un fin determinado, en cambio dominar en su sentido más primario, significa, sojuzgar. Se gobiernan a los pueblos fuertes y bien constituidos, porque estos pueblos son difíciles de dominar por esa razón, solamente es permitido gobernarlos. Este último hecho, este mismo gobierno fortalece a los buenos gobernantes. Luego entonces, existe una dialéctica de la lucha de las libertades a partir de la categoría pueblo. La ampliación y lucha de las libertades positivas (libertad para), de los gobernantes trae su contra partida, la lucha por la defensa de mayores libertades negativas (libertad de) por el pueblo. Un buen gobierno es aquel que equilibra ambas tendencias.
La capacidad de todo pueblo se mide por su capacidad de resistir al deseo de dominio de los gobernantes. La resistencia del pueblo también se mide por su capacidad de participación en el gobierno. Para Maquiavelo no hay peor defecto y error, ni principal causa de peores desórdenes que la falta de participación del pueblo en el Estado y en el gobierno de la República. Sobra decir que el mejor gobierno que permite la participación del pueblo en él, es para Maquiavelo, la República.
Para el caso oaxaqueño, es indudable que existen dos pueblos muy identificados y de distinta naturaleza: el pueblo indio y el pueblo mestizo. El pueblo indio, por su condición de dominado como ya lo sostuvimos, es mucho más difícil su dominio y se hace nugatoria su gobierno; los movimientos indígenas en el Estado son prueba de ello. El gobernante establece con ellos una relación política que se traduce en una relación de dominio entre el gobernador y el pueblo indio. La lucha de estos pueblos por su liberación es una condición necesaria para alcanzar un gobierno plenamente republicano y democrático. Por tanto, para Oaxaca, el pueblo indio será y es agente de cambio mucho más profundo que el pueblo mestizo.
La dialéctica de la historia entre gobernantes y pueblos gobernados es la lucha por la dominación y la lucha por la libertad, es decir, la lucha por no ser dominado, de esta dialéctica de la historia de los pueblos, Maquiavelo extrae una conclusión, que nos parece pertinente presentar: y los deseos de los pueblos, raras veces son perniciosos para la libertad, porque ellos nacen, ya sea de la opresión o bien de la sospecha de que habrán de ser oprimidos. Y cuando estas opiniones fuesen falsas, existe el remedio de que surja algún hombre de bien, quien, con las sobras, les demuestre que se engañan; y los pueblos, como dice Tulio, aunque sean ignorantes, tienen capacidad para la verdad y ceden fácilmente cuando esa verdad les sea sugerida por un hombre digno de fe (Maquiavelo: 2005, p.182).
El pueblo como categoría política y descrita a partir de una relación, siempre estará pendiente de cosas nuevas, es un gran movilizador de cambios. El sentido original de la democracia no nace de los gobiernos, nace de los pueblos. Sus diversidades y diferencias e incluso contradicciones requieren de órdenes políticos plurales y formas de gobernar intereses contrapuestos, de aquí la gran contribución de Maquiavelo a la teoría política. La calidad de los gobiernos no refleja más que la consistencia y fortaleza de los pueblos, por eso, es difícil gobernar Oaxaca. Mientras que otros Estados de la República son más fáciles para gobernar, los pueblos de Oaxaca requieren de conocimientos y habilidades para alcanzar medianamente gobiernos estables.
Lo que define a un pueblo es su capacidad de organización y de conducción hacia objetivos políticos, en caso contrario, sería una multitud o una masa. La racionalidad puede definir a los pueblos, la irracionalidad a las multitudes. En su caracterización de la multitud, Maquiavelo es muy certero al describir las cualidades de la multitud tales como: su audacia, debilidad, su capacidad de obediencia y de sus miedos. Lo que debe quedar claro sobre este tema es que todo gobernante debe ser cuidadoso en el tratamiento de las multitudes; para enfrentarla se requiere mucho más habilidades y destrezas que de lo común. Las constantes manifestaciones de las multitudes en Oaxaca son adiciones al arte de gobernar que no todos los gobernadores han sido capaces de enfrentar con éxito. Lo que podría definir a la multitud, son las propias palabras de Maquiavelo: cuando la plebe forma una multitud se vuelve audaz, pero por sí mismo es débil
juntos son audaces, y cuando después cada uno comienza a pensar en el propio peligro se vuelven viles y débiles (Sánchez-Parga, José: 2005 p.413).