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De la misma manada
+ México nació parlamentario
+ Presidencialismo se impuso
México, DF. 16 de noviembre de 2012 (Quadratín).-Con bastante desdén, aún en los círculos de constitucionalistas, México asistirá a la conmemoración del bicentenario de la Constitución de Cádiz, pero sin recocerla como el venero del constitucionalismo mexicano y del sistema de representación política parlamentaria.
La presencia del presidente Felipe Calderón este fin de semana en las ceremonias de celebración de la Constitución de Cádiz de 1812 parece ser meramente formal, sin que haya habido en México alguna discusión sobre el significado de ese documento, otra oportunidad perdida por el PAN en la revisión de la historia oficial priista mexicana.
El México de 1808 a 1812 se movió entre las tres grandes aportaciones legales de Cádiz: el sistema parlamentario ante el secuestro de Carlos IV y Fernando VII por Napoleón para imponer como rey de España a su primo José Napoleón, la instalación para siempre del sistema parlamentario como institución política de gobierno y la definición del pueblo como el titular de la soberanía por encima de la tradición de que los reyes eran absolutistas.
El efecto en México fue sólido, sobre todo por la asistencia a Cádiz del diputado mexicano Miguel Ramos Arizpe, uno de los fundadores del federalismo posterior a la Independencia en la Constitución de 1824. Por cierto, Ramos Arizpe hizo un exhorto en enero de 1812 a las Cortes de Cádiz para presionar al Virreinato de la Nueva España a decretar y aplicar el decreto sobre la Libertad Política de la Imprenta que se había escondido, a pesar de haber sido suscrito oficialmente en noviembre de 1810. En su proposición, Ramos Arizpe exigió que los habitantes de la Nueva España gocen de este beneficio como contrapeso del poder de los funcionarios públicos, (como) medio de ilustración general y (como) único camino para llegar al conocimiento de la verdadera opinión pública. El decreto se publicó en México hasta 1815.
La otra gran aportación de la Constitución de Cádiz fue la fundación del sistema político como modelo parlamentario. La Constitución reconoció que el jefe político era nombrado por el rey pero estableció el primer mecanismo de representación política popular: las diputaciones provinciales. De hecho, esta figura era una extrapolación de las propias Cortes de Cádiz que se instalaron para impedir el reinado de José Napoleón.
Así, México nació como sistema parlamentario. Y aunque las diputaciones provinciales dependían del jefe superior, se constituyeron en el primer mecanismo de elección popular de un órgano de gobierno y de vigilancia de los fondos públicos. De acuerdo con la Constitución de Cádiz, las diputaciones provinciales tenían funciones de representación del pueblo y sus miembros eran electos por el pueblo (artículos 324-337).
Las diez atribuciones de las diputaciones provinciales acotaron el poder del rey de España, del virrey y de los jefes superiores, sometiendo a su aprobación decisiones que antes estaban en el virrey o en los jefes superiores: entre otras, velar por la buena inversión de los fondos públicos, aprobar obras nuevas, promover la educación, denunciar abusos en la administración de las rentas públicas y vigilar la adecuada aplicación de la Constitución.
Asimismo, la Constitución de Cádiz fundó la ciudadanía al reconocer como españoles a los habitantes de ambos continentes y usar esa ciudadanía para el ejercicio del voto. En su artículo 2 acotó el poder endiosado del rey y creó la propiedad nacional al establecer que la nación no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia o persona, limitando con ello el criterio de que los reyes eran propietarios del territorio por designio divino.
Y en su artículo 3, la Constitución de Cádiz aprovechó la prisión de Fernando VII y su padre Carlos IV para darle un duro golpe a la monarquía al establecer que la soberanía reside esencialmente en la nación. Ahí nació el sistema parlamentario hispano y el modelo de monarquía constitucional que rige en España hasta la fecha. Tan fue revolucionaria la Constitución, que una vez liberado en 1813 Fernando VII decretó la anulación de la carta magna e instauró el absolutismo de 1814 a 1820, pero un golpe de Estado lo obligó a restaurarla durante el llamado trienio liberal, aunque al final volvió al poder autoritario sin leyes hasta su muerte en 1833.
La Constitución de Apatzingán de 1814, promulgada por Morelos y con intervención del oaxaqueño Carlos María de Bustamante, aterrizó con mayor precisión el concepto de soberanía que Cádiz le otorgaba a la nación y señaló que la titularidad de la soberanía le correspondía al pueblo vía la representación popular electa, tomando como ejemplo las diputaciones provinciales. De hecho, las diputaciones provinciales fueron los primeros gobiernos en territorios de la Nueva España.
La Constitución de 1824 creó ya la figura moderna de cámara de diputados. Asimismo, inventó la figura de jefe de supremo poder ejecutivo de la federación y de presidente de la república, pero su designación se hacía en base a dos propuestas de cada diputación local para impedir el dominio de alguna corriente territorial y dándole el mismo peso a cada provincia. La Constitución de 1857 abrió la elección a la vía indirecta a través de electores votados por ciudadanos para que esos electores designaran presidente. Y la Constitución de 1917 aprobó la elección directa del presidente de la república.
Sin embargo, el constitucionalismo mexicano que vino de Cádiz nació parlamentario y se fue pervirtiendo por el dominio creciente del poder ejecutivo. Aun así, el sistema presidencialista podría acotarse y hasta disminuirse el día en que los legisladores asuman con decisión sus facultades.
Ahí radica la importancia de la Constitución de Cádiz que en México pasó prácticamente de noche y que se recordará en estos días en Cádiz como mero acto protocolario.
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