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Entre Layín y Haces
+ Agenda EU: ni Obama ni Romney
+ Liderar al mundo o dejarlo hundirse
Washington, D.C., Oax. 07 de noviembre de 2012 (Quadratín).-Si algo dejó en claro la campaña presidencial de los EU, sin duda fue la certeza de que ya no existe el imperio: el país más poderoso del mundo reveló la carencia de ideas y de fuerzas para salir de su crisis, y menos la existencia de propuestas para reordenar el mundo.
Y lo peor de todo: que su clase política, incluyendo a los candidatos republicano Mitt Romney y demócrata Barack Obama, no entendieron el momento político de los EU ni tampoco pudieron ofrecer un proyecto de salida de la crisis. De ahí que con quien gane las elecciones, a los EU le esperan otros cuatro años de crisis general.
La gran decepción fue Barack Obama, cuya estrella había deslumbrado en 2008. Su propuesta de esperanza y cambio se hundió en el pantano de la ineficacia al enfrentar la crisis económica del capitalismo, en la incomprensión de la crisis de liderazgo en el mundo, dos de los temas centrales que han conformado el poder imperial de los Estados Unidos y en la falta de respuestas concretas para atender el aumento de la pobreza familiar.
Lo que vienen para los EU son otros cuatro años de políticas menores a la dimensión de las crisis. El tamaño de la crisis estadunidense ha rebasado a líderes y partidos:
1.- La crisis económica estallada por la especulación codiciosa de las corporaciones llevó a una recesión que colocó el desempleo en niveles de 9%, un exceso de gasto que puso el déficit en cifras de dos dígitos, una desaceleración económica que raya en una depresión y sobre todo un aumento sin precedente en la deuda nacional para ubicarla en 16.2 trillones de dólares (billones en la contabilidad mexicana): 16,221,685,381,838.08. El dato más negativo radica en el hecho de que en sólo cuatro años Obama aumentó la deuda en 5.6 trillones de dólares,
De acuerdo con cálculos circulados aquí, el peso de la deuda nacional gravita en la población: cada joven menor de 18 años debe 218 mil 676 dólares, cifra superior, por ejemplo, a los 130 mil 5000 dólares que cuesta una carrera universitaria. Y lo que los economistas se niegan a reconocer es que el endeudamiento es consecuencia de una política anticrisis fallida: aumento del gasto público vía impresión de billetes para estimular la oferta, pero sin resultados. Lo malo es que economistas como Paul Krugman, premio nobel de economía y neokeynesiano frustrado, sugiere aumentar aún más el gasto público aunque crezca la deuda, con la esperanza de que la economía aumente su ritmo.
2.- El discurso pacifista de Obama sentó las bases de un alejamiento de los EU de las áreas sensibles para la seguridad nacional del imperio. Si bien se trató de una decisión exigida por los demás países, en realidad la Casa Blanca llevó al punto de desentenderse de la geopolítica y de la ruptura de equilibrios. Obama decidió mirar sólo al interior de su país, pero ajeno al hecho de que los EU son un eje geopolítico y geoestratégico.
El repliegue de la política exterior afectó la diplomacia económica. Obama le dio la espalda a la crisis de Europa y los reacomodos llevaron a nuevos polos de poder, pero también generando inestabilidad para el crecimiento estadunidense. El mapa de la crisis económica de Europa ha ido cambiando el mapa de la geopolítica del viejo continente. Los datos del FMI han revelado la inexistencia de indicios que señalen la recuperación del ritmo de crecimiento; y la crisis en Europa ha resquebrajado la viabilidad de la Unión Europea. En estos años de crisis, Obama ha sido ajeno a su papel en la estabilidad económica.
3.- La crisis económica ha provocado un efecto doble al interior de los EU: el aumento de la pobreza y una movilización social exigiendo al gobierno la construcción de un Estado de bienestar sustentado en el papel social del Estado. Sólo que ambas consecuencias de la crisis atentan contra la esencia del capitalismo estadunidense, entorpecen el funcionamiento del mercado y aumentan el costo económico en las finanzas públicas porque el gasto social es de suyo improductivo y sin efecto en el mercado.
Si bien la crisis económica le estalló a George W. Bush pero contribuyó a ella la desregulación de las corporaciones que decidió Bill Clinton como una medida para dinamizar el funcionamiento de la economía, a Obama le correspondió la administración de la crisis para reactivar el crecimiento y careció de horizonte de mediano plazo: aumentó el gasto público pero sin reactivar el producto nacional bruto; de ahí que los EU arrastren una recesión sin salida en el corto plazo y de paso un endeudamiento nacional que pronto va a hundir las previsiones.
En el fondo, Obama careció de una comprensión de estas tres grandes crisis nacionales de los EU –económica, geopolítica y de pobreza– y por tanto no supo diseñar políticas anticrisis. Y si en cuanto a la gestión de una salida de la crisis Obama no supo por dónde, menos supo prever los efectos geopolíticos, de cohesión nacional y de ánimo popular. Peor aún, Obama estimuló la protesta de grupos como Occupy Wall Street y sus ataques a los ricos, cuando la esencia del capitalismo es justamente la riqueza de los ricos como factor de emulación; con sus reacciones, Obama creó ya un sector que va a depender de políticas sociales del Estado.
El escenario del próximo presidente de los EU quedó acotado por los errores estratégicos de Obama. El próximo presidente necesita liderar una salida a la crisis y una reorganización del sistema económico y financiero internacional o los Estados Unidos seguirán hundiéndose en el deterioro social.
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