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México no se arrodilla ante EU, ya está postrado ante el narco
Oaxaca, Oax. 27 de agosto 2012 (Quadratín).-Calificada la elección para renovar el congreso federal y cubiertos los trámites administrativos, hoy lunes 27 se comenzará a debatir en el grupo parlamentario del PRI la agenda legislativa para impulsar la modernización del país, con el impulso y el procesamiento de las reformas estructurales pendientes. Oaxaca es parte esencial de este momento de definiciones para la nación, pues es en el sur empobrecido donde se encuentran los mayores rezagos sociales.
No se trata sólo de proyectar un presupuesto satisfactorio para nuestro estado a fin de atender los imperativos y urgencias del presente, un esfuerzo loable pero insuficiente, sino de sentar las bases de un nuevo federalismo que dé contenido a los necesarios equilibrios en las entidades del pacto que implica esta figura constitucional hoy severamente acotada en la realidad concreta.
La agenda de modernización del país tiene que pasar por una revisión profunda de las asimetrías regionales y concretamente evaluar por qué el mapa de la pobreza, de la que Oaxaca forma parte, se mantiene incólume, pese a que los presupuestos para la política social crecen.
Sea cual fuere la conclusión, el hecho es que las políticas clientelares han fracasado y hoy es preciso impulsar reformas que combatan de raíz la pobreza dando facilidades a la inversión productiva, combatiendo los monopolios y favoreciendo la competitividad de la planta productiva en un mundo cada vez más globalizado.
Este es el sentido profundo de las reformas estructurales largamente postergadas y que ahora una nueva correlación de fuerzas en el congreso federal tendrá que impulsar y aprobar. Varias de las reformas, como la energética y la laboral, implican reformas constitucionales por lo que precisarán de una enorme capacidad de construcción de consensos entre los partidos representados en ambas cámaras legislativas.
Democracia no es unanimidad, por lo que el esfuerzo tiene que apuntar hacia consensos firmes entre las fuerzas proclives a la modernidad y el desarrollo sustentable, respetando el criterio de quienes todavía creen en las capacidades rectoras y operativas del Estado con los instrumentos precarios con que ahora cuenta.
Promovemos la modernidad, la competitividad y la justicia o nos quedamos a contemplar el paso de los triunfadores parece ser la disyuntiva para el país hoy, al comenzar el debate al interior de las bancadas de esta LXII Legislatura.
Por lo pronto, en el corto plazo los legisladores del PRI tendremos que impulsar y seguramente así lo haremos, un presupuesto responsable que en la realidad inyecte los recursos que le urgen al campo, a la educación de calidad, a la salud integral, a la infraestructura carretera y de agua potable para las ciudades. Es una agenda que beneficiará especialmente a entidades rezagadas como Oaxaca.
El PRI promoverá una agenda legislativa para el primer periodo ordinario de esta Legislatura que pondrá al ciudadano en el centro del debate político; esto se traducirá en iniciativas concretas para cambiar los diferentes rostros de marginación y desesperanza que aqueja a muchas regiones del país en materia de seguridad, seguridad social, calidad de vida, empleo y certeza jurídica.
El bienestar de la población mexicana, y en particular de los oaxaqueños, será lo que distinga al trabajo legislativo del grupo parlamentario del PRI con resultados concretos para regresar a las regiones con la satisfacción de cumplir con los compromisos, de generar más y mejores condiciones a lo largo y ancho de nuestro país y de nuestro estado.
Oaxaca, en particular, está llamada a rescatar la grandeza que le confiere su historia, su gente, la riqueza cultural de sus tradiciones, la fórmula de enfocar el trabajo hacia una meta compartida entre la visión de la próxima administración presidencial que encabezará Enrique Peña Nieto y la voluntad colegiada del PRI en el Congreso de la Unión para construir acuerdos que cambien la realidad que hoy nos duele.
Acuerdos que sienten las bases de un desarrollo compartido y de una paz social que haga innecesario el gasto exorbitante en seguridad pública, en una política equivocada que ha consumido las energías de la nación combatiendo consecuencias y desatendiendo causas.
La paz que la gente exige empieza con la creación de empleos bien remunerados, con la posibilidad de ver cristalizado el esfuerzo y dedicación que una familia hace para salir adelante en el día a día; con una educación de calidad que cuente con mayores recursos para que el más valioso capital que tiene Oaxaca en la niñez y juventud reciba una formación que le permita transformar la realidad de sus respectivas regiones.
La paz empieza en un campo fuerte, capaz de recuperar el dinamismo histórico que lo caracterizó durante décadas, capacidad que debe restablecer para volver a garantizar la sustentabilidad alimentaria de México y de Oaxaca. Canales solventes de comercialización que aseguren a los pequeños productores un precio justo y competitivo del esfuerzo que plasman en sus tierras.
En la zona del Istmo de Tehuantepec y en todo Oaxaca, hay que rescatar el orgullo de sus ocho regiones. Potencializar el desarrollo del puerto de Salina Cruz para hacer realidad un desarrollo sustentable y no sólo generar paliativos para la pobreza, como ya lo expresó en su visita como candidato presidencial Enrique Peña Nieto y como lo expresamos en el Desafío de Oaxaca, reflexiones para el 2012.
El reto es modernizar a México e insertar, ahora sí, a Oaxaca en la ruta del cambio estructural y la justicia social.