
Reforma de maíz transgénico: ¿camino a soberanía alimentaria de México?
Oaxaca, Oax. 09 de julio 2012 (Quadratín).- Las elecciones quedaron atrás y con ello nuevamente quedó al desnudo nuestra imperfecta democracia. En medio de intervencionismo, parcialidad y desinformación transcurrieron los comicios más concurridos de la historia. Ello fue agravado por los sucios métodos que nuestras vulneradas instituciones electorales hoy convalidan; la descarada intromisión de los poderes fácticos que son vistos como aliados más que como obstáculos; y peor aún, por la irresponsabilidad con la que actúa nuestra élite política.
La estabilidad nacional esta en riesgo hoy mas que nunca. Los elementos que ya no se pueden corregir viciaron de origen la equidad de la elección. Por un lado, nuestra autoridad y normatividad electoral que se hallan en el menoscabo pues no gozan de credibilidad. Y por el otro, la indecente intromisión de las televisoras en la vida política nacional mediante encuestas fallidas y el sesgo informativo con el que se condujeron. Constreñirse hoy al simple resultado numérico-electoral sin asumir responsabilidades, ni transparentar para sancionar los abusos cometidos y repulsar la prudencia, se estaría incrementando la zozobra en la que vivimos.
Respiramos incertidumbre porque los resultados electorales profundizaron nuestras heridas sociales y terminaron por no convencer al segmento poblacional que se mantiene activo. Bastaba con la pobreza, el desempleo y el debilitamiento del Estado mexicano para actuar con responsabilidad. Sin embargo, en esta elección se ahondó en la impunidad y la corrupción como mecanismo de avance electoral. El disimulado argumento de haber usado dinero del erario para favorecerse del resultado no le es propio de un solo partido, sostener esta mentira es mirar la paja en el ojo ajeno sin observar la viga en el propio. En Oaxaca los candidatos del gobernador se apoyaron en el aparato del gobierno para hacer sus campañas como el PRI lo hacía cuando gobernaba. ¿Cuál es el cambio?
DESORIENTADOS
PRIMERO. El resultado electoral obliga a la prudencia. Las fiestas y las declaraciones airadas de victoria no caben en un México irritado en el que grandes segmentos de la población hicieron de su voto una lucha personal intestina contra el virtual vencedor (Peña Nieto). Si bien, López Obrador ya no es el fenómeno del 2006, el candidato del Movimiento Progresista superó sus registros de la elección presidencial anterior. La razón estriba en haberse favorecido del voto útil que muchos ciudadanos aplicaron a favor del más cercano seguidor del candidato puntero Peña Nieto-, al que no querían ver de presidente, acrecentado desde la visita a la Universidad Iberoamericana del viernes 19 de mayo. Peña Nieto debe dejar la casaca de candidato y pensarse como candidato electo. Ello lo llevaría a recapacitar en los mensajes que debe enviar y a quien se los debe dirigir. Desestimar que nunca un candidato presidencial había generado tanto rechazo, que más del 50% de los electores que acudieron a votar no lo hicieron por él, y que muchos de ellos fueron evitando su arribo al ejecutivo federal exige cavilar en los motivos que causaron esta cólera para corregir. La experiencia que define a los priistas se mide en estos momentos de adversidad, Peña debe arrebatarle las banderas e inspiraciones a sus adversarios.
Llego la hora de enviar mensajes de certeza: de cero tolerancia a la impunidad y llevar a cuentas a algún exgobernador de su propio partido, de terminar con la ingénita relación con las televisoras que le han dañado su credibilidad y que requiere un alto a sus prácticas monopólicas, y de actuar con humildad e integrar a valiosos elementos de la izquierda y que impacte en la próxima agenda de gobierno. Lo anterior, por el bienestar de México que merece reivindicar los fracasados últimos gobiernos priistas y los doce decadentes del PAN que han seguido el mismo modelo.
SEGUNDO DESORIENTADO. La inoportuna y protagónica declaración de nuestro gobernador Gabino Cué- la noche de la jornada electoral ejemplifica el estilo de los nuevos gobernadores que piensan más en su carrera política, en vez de actuar con cautela ante el mandato ciudadano. El no asumir que en Oaxaca fue ampliamente respaldado el candidato de las izquierdas -Andrés Manuel López Obrador- (incluso superando los números del 2006) y que éste, arrastró a todos los candidatos(as) al Congreso de la Unión es tanto como ponerse un balazo en el pie. La responsabilidad de un gobernante serio es actuar con mesura y articular sus planteamientos apoyado en el humor social y realidad de su entidad. A Gabino le sobran motivos para serlo, no solo por la gratitud que le debe a López Obrador por haberle legado legitimidad social, sino por razones de conveniencia y sensatez política puesto que gobierna un estado con tendencia a la izquierda, además de que su administración será acompañada con una mayoría de diputados federales de extracción perredista. El mandatario estatal fue presa de la imprudencia, pareciera que actúo pensando en la nota periodística y en el guiño político que creyó debía otorgar al virtual ganador presidencial, en lugar de otorgarle la lectura política adecuada a la elección. La liviandad le ha salido muy costosa a Oaxaca.
No se puede pensar en futuro sin atender el presente. Al margen del desahogo de las impugnaciones en curso, López Obrador deberá pensar en lo mucho que ha ganado y lo vital que resulta su movimiento para la gobernabilidad del país. En el otro frente, Peña Nieto debe ser el más interesado en transparentar el proceso electoral. Dejar que el olor a trampa lo acompañe durante su mandato es resucitar la peor imagen del PRI, además de incitar al caos político que nos amenaza permanentemente.
[email protected]
Twitter: @juandiazcarr
Maestro en economía, licenciado en derecho y maestrante en periodismo.
Foto:Ambientación