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Respuestas
México, DF. 25 de octubre de 2012 (Quadratín).-Sería mucho pedir a senadores y diputados que tuvieran una perspectiva de largo plazo o profundidad en sus razonamientos, cuando la gran mayoría está habituado a la superficialidad o al pragmatismo de la negociación partidista.
Aunque muchos de ellos están formados en la mal denominada cultura del esfuerzo, es decir que, de pobres han pasado a clasemedieros y solo unos cuantos a ricos, aunque su perfil se ubica más bien en permanentes aspirantes a burgueses, con lo que pierden piso y flotan. No hacen tierra.
Ni siquiera en la forma, los legisladores son capaces de crear la percepción de que en su trabajo tienen en cuenta la visión, misión y valores, tan de moda en algunas profesiones. Sería garbanzo de a libra encontrar algún diputado o senador capaz de explicar los orígenes, filosofía y luchas del movimiento obrero nacional, mucho menos del factor trabajo en la cadena de producción y, mucho menos, cómo facilitar la felicidad de los mexicanos.
La discusión de las reformas laborales se centra en distorsiones y deformaciones de líderes y sindicatos que, por comisión u omisión (vil corrupción, pues) desviaron el camino desde hace mucho tiempo.
Debiera estar fuera de discusión el terminar con cacicazgos y corrupción, para resaltar las verdaderas causas de los trabajadores: capacitación, salario remunerador, así como crecimiento individual y colectivo.
Se teme hoy que, por no incomodar a los caciques sindicales de izquierda o de derecha, priistas, panistas o perredistas o de cualquier marca, se congelen las reformas, cuando propios y extraños saben que el alcance y calado de la propuesta son guiños a la clase empresarial o muestras claras de sometimiento (le dicen disciplina) a los mandatos internacionales para alejar el fantasma del socialismo y el comunismo, con su paraíso del libre mercado.
Pocos hoy tienen en cuenta que, la clase obrera en su fase embrionaria, surge en el período de la conquista con la minería, los obrajes y talleres artesanales, aun cuando su condición corresponde en realidad a la de los esclavos o encomendados. Es en el México independiente, con los textiles y los ferrocarriles, en el que se perfila ya su carácter de clase social, distinta a la que forman los peones agrícolas y los aprendices de los talleres artesanales, sujetos todos al régimen de la servidumbre.
La clase obrera inició su organización política a sangre y fuego. En 1905, estalla la huelga de los obreros de la fábrica de hilados y tejidos de Bellavista, Nayarit y en 1906, se produce la histórica huelga de Cananea y surge el programa del Partido Liberal Mexicano creado por Ricardo y Enrique Flores Magón, que va a influir poderosamente en el Constituyente de 1917 para dejar de considerar servidumbre o esclavos a los trabajadores. Con las aportaciones de la clase obrera y de los campesinos, se aprobó en 1917, una Constitución que modificaba en gran parte los principios liberales y propiciaba la intervención del Estado en la destrucción de los latifundios y el reparto de la tierra entre los campesinos; en el reconocimiento de los derechos de la clase obrera; y en la promoción del desarrollo independiente del país.
Hoy en día, existen movimientos sociales que se transforman en movimientos insurgentes, enfrentados al sistema y a la política de corte neoliberal; movimientos verdaderamente revolucionarios, anti-parlamentarios, que no se conforman con remendar al capitalismo.
Los muertos de Pasta de Conchos o los despedidos arbitrarios e injustificados que ocurren a diario serían motivo suficiente para ver de lejos y profundizar. Pero es más cómodo, más fácil y rápido quedar bien con el Ejecutivo y seguir parchando y remendando al país que da la impresión, más bien, de estarse deshaciendo a jirones.
La papa caliente la tienen ahora los diputados, que también pueden flotar.
Foto:Ambientación